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Radar Inteligente
Quadratin 13 Apr, 2026 07:00

¿Y si dejamos de leer?

Vivimos saturados de información y sumergidos en una vertiginosa aparición de un dato tras otro. La era de la información ha devenido en un torrente caótico que desborda por completo nuestra capacidad de asimilación.

En lo que va de este año he tenido la sensación de que el mundo ha vivido a mayor velocidad. La vertiginosidad habitual ha cobrado un dinamismo inusitado, errático y desconcertante. Nos hemos instalado en momentos de creciente incertidumbre.

De modo especial esta impresión se ha exacerbado con la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. Se pasa de amenazas de destrucción completa al anuncio de un cese al fuego, que en pocas horas se rompe por un ataque y vuelve a ponerse sobre la mesa la posibilidad de la paz. Con tanto cambio, aparentemente caótico y sin sentido, uno se pregunta si no será más sano no enterarse que tratar de descifrar un rompecabezas, que no son capaces de dilucidar sus propios creadores.

La guerra en Oriente Medio tiene otras muchas aristas. Los mercados han tenido una inestabilidad muy grande, con subidas y bajadas de precios, según se van recibiendo los diversos anuncios. Las bolsas se mueven al ritmo de los cambios y pronunciamientos que van haciendo figuras públicas, que no tiemblan por cambiar sus discursos como si se pudiera seguirse lógicamente un anuncio del otro sin una explicación más honda.

¿Cuándo las noticias cambian tanto seguirlas permite que estemos informados? ¿No será más sano tomar distancia para evitar tanta zozobra y atender los hechos más que las declaraciones? ¿Sigue teniendo valor la palabra cuando se muda de una proposición a su contraria en unas cuantas horas?

Ante este desgaste de la palabra y esta erosión del criterio, se hace urgente recuperar una disciplina de la mente que la tradición ha sabido distinguir: la diferencia entre la curiosidad y la estudiosidad.

Hace tiempo  —confío que esta aparente digresión termine por arrojar claridad— se distinguía entre la curiosidad y la estudiosidad. La primera tiene que ver con el deseo ansioso de saber aquello que no es relevante, la segunda con la inversión consciente y la capacidad de desentrañar lo que es importante saber. Pienso que esta diferencia puede ser una brújula para saber qué leer y qué pasar de largo. No vale la pena invertir tiempo en recolectar información que pronto caducará y dejará de ser relevante, es más interesante y más fructífero dedicarse a acrecentar el conocimiento que permite comprender con más profundidad los diversos fenómenos. E, indudablemente, habrá que elegir en cuáles de ellos nos especializaremos, pues es tan abundante la información disponible que es importante elegir algunos temas para conocerlos en profundidad.

Tal vez por eso no es extraño encontrarse con personas que prefieren ya no leer los medios de comunicación. Entre las razones que esgrimen está la negatividad de las noticias, lo cambiante de los datos y la imposibilidad de sentirse capaz de hacer algo al respecto. Leer, desde esta perspectiva, alimenta el pesimismo, aumenta la incertidumbre y genera frustración sobre realidades que no podemos controlar.

Frente a esto, ¿Cómo leer de manera que nos enriquezca y no sea causa de puro desánimo? Quizá se pueda intentar alguna fórmula. Se me ocurren unas cuantas ideas:

— Elegir los temas a seguir, no pretender informarse de todo.

— Leer con cierto orden, de modo que también demos tiempo al reposo necesario para asimilar la información.

— Si un tema nos interesa tratar de acudir a varias fuentes para formarnos una idea más completa y cabal.

— Dar seguimiento a las noticias que permanecen vivas por un tiempo.

— Adquirir criterio para reconocer lo que es relevante de lo que es simplemente circunstancial.

Leer es una actividad que alimenta nuestro espíritu. Es importante no dejar de hacerlo, pero al mismo tiempo hay que evitar comer de todo sin dar espacio suficiente para digerirlo. La verdadera sabiduría no pende de la cantidad de información acumulada, tiene más que ver con la capacidad de forjar un criterio propio.

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