En política el fondo es forma y la forma es fondo, decía Jesús Reyes. Los políticos de hoy tendrían que regresar a la máxima citada para recordar que la forma de hacer política refleja la causa e intención de fondo.
En México, la característica personalista de nuestro sistema político facilita que cada gobernante desarrolle el “síndrome del legado”, es decir, cada gobernante siente la necesidad de realizar una o varias obras que marquen un antes y un después en la historia de la ciudad o estado que gobiernan. En Puebla hay muchos ejemplos, pero mencionaremos sólo algunos en la historia reciente: el distribuidor Juárez- Serdán, el puente elevado 475, la célula, el mercado de sabores, la estrella de Puebla, entre otros. Todas esas obras tienen una misión, grabar el nombre del gobernante quien las hizo y que esto sea un fenómeno mediático para justificar y legitimar su paso por el poder.
Probablemente ya estamos acostumbrados a eso, ese es el fondo, un capricho que lleve un nombre, pero la forma sí ha cambiado. Desde la adopción de las políticas públicas y la transición a la democracia en nuestro país a nuestros días, la participación ciudadana es la forma que ningún gobernante debe pasar por alto.
Desde la perspectiva pluralista de las políticas públicas, no se pueden apellidar “públicas” si no incluyen en el proceso las expresiones de los distintos actores involucrados, el diálogo es enmarcado por un contexto democrático de libertad de expresión y de igualdad de condiciones entre los actores protegidos por el Estado de derecho. El camino hacia la construcción del consenso no es fácil, democracia implica conflicto y disenso, pero sobre todo implica que cada actor deba moverse de su postura individual para acercarse a la postura comunitaria. Los gobernantes demócratas, no temen abrir el espacio a la participación ciudadana porque después del golpeteo, la política pública sale fortalecida y el gobierno legitimado.
Sobre el cablebús en Puebla, sabemos que es fondo pero lo que se cuestiona es la forma. El gobierno del Estado debió presentar su intención de implementar este sistema de transporte y explicar cuál o cuáles problemas públicos se atienden con esta propuesta, cuáles son los estudios técnicos que sostienen la propuesta y porqué es diferente a otras alternativas que se hayan considerado para atender el problema.
Luego de presentar el proyecto, abrir mesas de diálogo para adecuarlo a las necesidades de los actores involucrados, no como una pantalla de democracia sino como un verdadero ejercicio de gobernanza, el proceso es presentar proyecto, escuchar voces, adecuar proyecto, presentar de nuevo, escuchar de nuevo y así las veces necesarias hasta lograr por lo menos la aceptación de la mayoría. Es un ejercicio de ensayo y error.
Aquí no evaluamos si es o no técnicamente viable, aquí evaluamos el proceso de implementación de una política pública que costará millones y que tendrá externalidades positivas y negativas y la ciudadanía tenemos derecho a conocerlas.
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