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Mundiario 30 Sep, 2026 14:59 (7 min de lectura)
Soberania / Oportunidad

Fernando González Laxe, la economía como servicio público

Por Editorial En elite España, Galicia
Fernando González Laxe, la economía como servicio público
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Fernando González Laxe recibe la Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía.
• Reconocimiento a su trayectoria uniendo academia, política y análisis económico por medio siglo.

Hay reconocimientos que distinguen una etapa concreta de una carrera y otros que adquieren sentido precisamente porque permiten contemplarla en su conjunto. La Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía concedida a Fernando González Laxe pertenece a esta segunda categoría. No premia únicamente al catedrático, al expresidente de la Xunta, al antiguo presidente de Puertos del Estado o al analista económico. Reconoce una trayectoria en la que esas facetas se han sucedido y, sobre todo, se han complementado.

El Consejo General de Economistas de España acordó concederle su máxima distinción a propuesta del Colegio de Economistas de A Coruña. La candidatura fue aprobada por unanimidad tanto en la Comisión Permanente como posteriormente en el pleno del Consejo General. El reconocimiento adquiere además una dimensión especial para Galicia: González Laxe pertenece al Colegio coruñés desde 1976 y fue distinguido por esta institución como Economista del Año en 2009. Es también un destacado colaborador de MUNDIARIO.

Laxe ha combinado durante cinco décadas conocimiento académico y responsabilidad institucional. La máxima distinción de los economistas españoles reconoce una concepción de la economía vinculada al servicio público

La Gran Cruz tiene un significado preciso. El propio Consejo General la define como su máxima distinción y la reserva para economistas, personalidades o instituciones que se hayan destacado por su servicio a la economía en la sociedad. La nómina histórica permite comprender su relevancia: en ella figuran economistas como José Luis Sampedro, Ramón Tamames, Juan Velarde, Pedro Schwartz, Antón Costas o Matilde Mas, entre otros. 

En el caso de Laxe, el reconocimiento permite reivindicar además una figura que representa una manera de entender la profesión económica menos encerrada en los modelos y las estadísticas y más vinculada con las consecuencias territoriales y sociales de las decisiones. La economía como disciplina académica, desde luego, pero también como instrumento para interpretar un país, administrar sus recursos y diseñar sus posibilidades de desarrollo.

Su trayectoria política constituye inevitablemente una parte de esa historia. Fue presidente de la Xunta de Galicia y, años después, presidente de Puertos del Estado. Son responsabilidades sometidas, como corresponde en democracia, al juicio político y al debate sobre los aciertos y errores de cada gestión. Una distinción profesional no debería convertir retrospectivamente ninguna trayectoria pública en territorio exento de crítica. Pero tampoco sería razonable reducir una carrera de medio siglo a su pertenencia política o a los cargos que ocupó.

La particularidad de González Laxe está precisamente en lo que ocurrió antes, durante y después de la política: la continuidad del economista. La universidad no fue para él una estación previa al poder ni el análisis económico una ocupación sobrevenida después de abandonarlo. Su condición de catedrático de Economía Aplicada y su trabajo sobre desarrollo territorial, economía marítima, infraestructuras y competitividad han mantenido una línea reconocible durante décadas.

Esa mirada tiene especial importancia en Galicia. Pocas comunidades españolas permiten comprender tan bien hasta qué punto la geografía condiciona la economía. Una posición periférica respecto de los grandes centros europeos, una estructura territorial dispersa, una fuerte vinculación histórica con el mar, la importancia de los puertos, una demografía adversa y una economía necesitada de mejorar permanentemente sus conexiones exteriores convierten la política económica gallega en algo más complejo que trasladar recetas generales a una comunidad autónoma.

Laxe ha dedicado una parte sustancial de su actividad académica y pública a estudiar precisamente esas singularidades. En su pensamiento económico aparece de manera recurrente una preocupación: cómo transformar las ventajas potenciales de Galicia –su posición atlántica, sus puertos, sus recursos, sus empresas y su capital humano– en capacidad efectiva para competir. Es una discusión que, lejos de haber quedado atrás, resulta particularmente actual en una Europa que vuelve a hablar de autonomía estratégica, industria, energía, logística y grandes corredores comerciales.

También explica que su paso por Puertos del Estado tenga un significado que trasciende el cargo. El transporte marítimo es uno de esos territorios donde confluyen prácticamente todas las grandes transformaciones económicas contemporáneas: globalización, comercio internacional, energía, cadenas de suministro, competencia entre continentes y, ahora, descarbonización y digitalización. Para Galicia, con cinco autoridades portuarias de interés general y una economía históricamente orientada hacia el Atlántico, esa dimensión adquiere todavía mayor importancia.

Pero existe otro elemento en su trayectoria que merece atención: la voluntad de participar en el debate público una vez abandonadas las primeras responsabilidades institucionales. En una época en la que la conversación económica tiende a oscilar entre el lenguaje inaccesible de los especialistas y la simplificación de las redes sociales, resulta particularmente útil que quienes acumulan experiencia académica e institucional continúen interviniendo en la discusión colectiva. Eso no significa convertir al experto en una autoridad incontestable. La economía está llena de controversias legítimas, escuelas diferentes y previsiones que la realidad termina desmintiendo. Precisamente por ello resulta valiosa una cultura pública en la que los argumentos económicos puedan confrontarse con datos y perspectivas distintas. La experiencia importa, pero no sustituye al debate.

La Gran Cruz que recibe González Laxe debe entenderse en ese contexto. El Consejo General de Economistas ha utilizado históricamente esta distinción para reconocer la contribución a la economía, la profesión y la sociedad. En anteriores ediciones ha premiado perfiles muy diferentes, desde académicos hasta responsables institucionales y divulgadores, lo que refleja una idea amplia del servicio de los economistas a la sociedad. En Fernando González Laxe concurren varias de esas dimensiones. Profesor y político, investigador y gestor, economista gallego y participante durante décadas en instituciones de ámbito estatal. Esa combinación permite comprender mejor la unanimidad con la que fue respaldada su candidatura y el significado de que la iniciativa partiese precisamente del Colegio de Economistas de A Coruña.

Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía

El acto de entrega de la Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía, previsto para este 1 de octubre en Madrid, tendrá inevitablemente algo de balance biográfico. Pero sería insuficiente contemplarlo solo como la culminación de una carrera. La aportación más interesante de trayectorias como la suya quizá sea otra: recordar que el conocimiento económico alcanza su mayor utilidad cuando abandona el despacho, se contrasta con la realidad y ayuda a entender los problemas colectivos.

En tiempos dominados por la inmediatez, cuando el debate económico puede quedar reducido a la cifra del PIB del trimestre, la inflación del mes o la reacción diaria de los mercados, cincuenta años dedicados a estudiar las transformaciones de una economía proporcionan algo difícil de improvisar: perspectiva.

La Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía reconoce precisamente esa continuidad. Y al hacerlo distingue también una forma de ejercer la profesión en la que universidad, instituciones y sociedad no son compartimentos estancos. En el caso de Fernando González Laxe, esa forma de entender la economía ha tenido durante medio siglo un punto de referencia constante: Galicia. @mundiario