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Mundiario 14 Oct, 2026 09:26 (6 min de lectura)
Observatorio Neutral

Uribe reivindica la seguridad y la inversión como motores de Colombia

Por Cristina Murgas En Politica Colombia
Uribe reivindica la seguridad y la inversión como motores de Colombia
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Uribe defiende la seguridad y la inversión privada como motores del crecimiento en Colombia.
• Respalda al gobierno de Abelardo Espriella frente a protestas y paros nacionales.
• El debate sobre justicia colombiana resuena en España con el caso de la amnistía.

Colombia vuelve a poner a prueba la seguridad democrática. El presidente Abelardo de la Espriella, afronta hoy las primeras movilizaciones contra su Gobierno, una prueba de fuego para un ejecutivo que ha situado la recuperación de la seguridad y la autoridad del Estado entre sus prioridades. En este escenario, Álvaro Uribe, expresidente y referente político de la derecha colombiana de visita en España, respalda la necesidad de garantizar el orden público frente a las protestas y los paros, sin tolerar la violencia y respetando los valores democráticos.

La coyuntura devuelve al primer plano cuestiones centrales del mandato de Uribe: combatir la inseguridad, recuperar la confianza ciudadana y crear condiciones para el crecimiento. Para él, sin seguridad no hay inversión sostenible y sin crecimiento resulta más difícil combatir la pobreza. Aunque reivindica la estabilidad macroeconómica de su gestión, Colombia sigue arrastrando desigualdades y territorios marcados por la violencia.  A su juicio, “El desafío no es solo crecer, sino lograr que los beneficios alcancen a más ciudadanos y se traduzcan en bienestar”.

Seguridad democrática: la asignatura que vuelve al primer plano

Frente a las protestas anunciadas para hoy en Colombia, Uribe apoya que el Gobierno plantee gestionar las movilizaciones sin confundir el derecho a la protesta con la impunidad ante la violencia. Esta no es solo una cuestión policial o militar: exige instituciones fiables, diálogo ciudadano y autoridad democrática.

El debate alcanza también a la Ley de Sometimiento a la justicia del nuevo Gobierno colombiano, que contempla rebajas de condena hasta el 50% para quienes se entreguen y cumplan determinadas condiciones. El reto es desarticular estructuras criminales sin debilitar la justicia ni desproteger a las víctimas. La eficacia dependerá de las garantías judiciales, la proporcionalidad de las penas y resultados verificables.

España mira a Colombia y reabre su debate sobre la justicia. La discusión colombiana encuentra eco en España, donde la amnistía vinculada al procés sigue generando controversia política y jurídica. El Tribunal de Cuentas ha aplicado la ley en el procedimiento relativo a los gastos del procés, en una resolución relacionada con cantidades superiores a cuatro millones de euros.

Aunque las realidades y los procedimientos son distintos, ambos debates plantean cómo buscar estabilidad sin erosionar la confianza institucional. En Colombia deben precisarse las condiciones del sometimiento a la justicia; en España, la amnistía ha reabierto la discusión sobre el alcance de una medida excepcional. La transparencia y la seguridad jurídica son esenciales.

La confianza inversora, el gran reto de Colombia ante España

Uribe defiende la iniciativa privada como motor de crecimiento y empleo, y cuestiona los cambios de orientación económica que, a su juicio, perjudican la confianza empresarial. En particular, ha criticado el rumbo del gobierno de Gustavo Petro y su apuesta por una intervención social que considera alejada del papel que debe desempeñar la inversión privada.

Su planteamiento no niega las políticas sociales: sostiene que la cohesión necesita una economía capaz de financiar servicios públicos y oportunidades. El reto es combinar crecimiento y bienestar, sin enfrentar la actividad empresarial con las necesidades de los sectores vulnerables.

“No hay derecha ni izquierda, creo en la economía privada, en la cohesión social buscando equilibrios democráticos”, sostiene Uribe. Su apuesta es trascender las etiquetas ideológicas y combinar creación de riqueza, reducción de desigualdades y estabilidad institucional.

Para los inversores españoles, la confianza exige reglas estables, seguridad e instituciones previsibles. La relación económica entre ambos países convierte la confianza inversora en una cuestión estratégica.

Alvaro Uribe y Cristina Murgas. / Mundiario Alvaro Uribe y Cristina Murgas. / Mundiario

"No dejé el país perfecto, pero algo avancé"

Al repasar su presidencia, desde 2002 al 2010, Uribe reivindicó la estabilidad macroeconómica, la confianza inversora y el diálogo permanente con la ciudadanía, que destacó como una de las claves de su manera de gobernar. “No dejé el país perfecto, pero algo avancé”, reconoció, sin ocultar que la pobreza y la violencia siguieron siendo problemas de enorme magnitud. Su balance fue el de un país que mejoró en determinados ámbitos, pero no resolvió todas sus dificultades.

Durante su mandato, la economía colombiana llegó a crecer cerca del 7 % en 2007. En materia social, el expresidente reconoció que no alcanzó la meta que se había fijado de reducir la pobreza al 30%, y situó el resultado en torno al 37%. En la actualidad, el PIB colombiano creció un 2,6 % en 2025 y la pobreza monetaria se situó en el 28 %.

Uribe ha abordado estos asuntos en un encuentro con alumnos de la Universidad Villanueva titulado El reto de ser presidente de Colombia. Allí se mostró como un firme defensor de la educación tecnológica y los ciclos formativos cortos como vías para conectar la preparación académica con las necesidades del mercado laboral. “Los jóvenes necesitan adquirir competencias prácticas, incorporarse a sectores productivos y encontrar oportunidades reales de empleo y movilidad social”.

Asimismo, quiso dejar una gran lección política señalando los personalismos como uno de los obstáculos para consolidar políticas eficaces. A su juicio “la vanidad es el enemigo de la continuidad. Deshacer lo realizado por los antecesores, incluso cuando existen resultados positivos, puede convertir cada alternancia en una ruptura y privar al país de avances que necesitan tiempo para asentarse”.

Respalda a De la Espriella, deberá convertir sus promesas en resultados, gestionar las protestas y preservar las garantías democráticas, distinguiendo entre discrepancia legítima y violencia. No obstante, en el horizonte 2030 deja entrever que le preocupa cómo garantizar la seguridad, sostener el crecimiento y mantener políticas eficaces más allá de los ciclos electorales.

Su reflexión apunta a una dificultad recurrente: anteponer el interés de un país a las ambiciones personales. “Da mucha lidia en el ejercicio político vencer la vanidad, afirma el expresidente. @mundiario

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