PUEBLA, Pue., 17 de marzo de 2026.- El paro estudiantil que sacudió a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) entre febrero y marzo de 2025 cumple casi un año. Lo que comenzó como una protesta localizada en la Facultad de Medicina terminó por convertirse en uno de los movimientos universitarios más amplios de la última década, con decenas de facultades y preparatorias involucradas, pliegos petitorios múltiples y una negociación directa con la rectoría encabezada por Lilia Cedillo Ramírez.
A continuación, un recuento de los hechos, las motivaciones del movimiento y las demandas que aún permanecen pendientes.
El origen: inconformidad en Medicina
El 24 de febrero de 2025 estudiantes de la Facultad de Medicina bloquearon la avenida 31 Poniente en Puebla para denunciar problemas relacionados con el servicio social, las prácticas clínicas y el internado médico. A través de pancartas exigieron mejores condiciones académicas, mayor disponibilidad de plazas y claridad en las modificaciones al plan de estudios que fusionaban materias, eliminaban asignaturas e incorporaban otras nuevas.
Ante la falta de respuesta inmediata de las autoridades universitarias, los estudiantes declararon un paro que pronto fue respaldado por otras facultades y preparatorias de la BUAP.
26 y 27 de febrero: el movimiento se expande
La noche del 26 de febrero cientos de estudiantes se reunieron en Ciudad Universitaria y realizaron un cierre simbólico del campus, permitiendo el acceso únicamente a integrantes de la comunidad universitaria.
Para el 27 de febrero el paro ya había alcanzado facultades de Humanidades en el Centro Histórico y las escuelas de Arte ubicadas en el Complejo Cultural Universitario. Ese mismo día la universidad anunció que las clases se impartirían en modalidad virtual debido a los bloqueos en los accesos a Ciudad Universitaria.
La rectora publicó un video reconociendo las demandas estudiantiles, pero los alumnos exigieron un diálogo presencial para presentar directamente sus inconformidades.
Marzo: escalamiento y organización del paro
Durante las primeras semanas de marzo el movimiento se consolidó con la creación de la Asamblea General de Estudiantes de la BUAP. Desde la Torre de Rectoría, estudiantes leyeron un comunicado en el que rechazaron que el movimiento estuviera vinculado con organizaciones externas como Antorcha Campesina, versión que había sido mencionada por el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier.
El 6 de marzo el Consejo Universitario reconoció las demandas estudiantiles como legítimas.
El 19 de marzo de 2025 los estudiantes entregaron finalmente un pliego petitorio general a la rectora en Ciudad Universitaria, tras varios intentos fallidos.
Sin embargo, el paro continuó en algunas facultades, entre ellas Arquitectura y Físico Matemáticas.
Renuncias y primeros acuerdos
Uno de los primeros acuerdos alcanzados en medio del conflicto fue la renuncia de Luis Guillermo Vázquez, entonces director de la Facultad de Medicina.
Mientras tanto, el paro seguía escalando. El 26 de marzo la universidad envió a los estudiantes a clases a distancia sin explicación formal, lo que derivó en asambleas en una veintena de facultades para decidir la toma de instalaciones que permanecían vacías.
Estudiantes organizaron guardias en las puertas de acceso a Ciudad Universitaria para resguardar los edificios.
Fin del paro
El 31 de marzo de 2025 el movimiento concluyó oficialmente tras la firma de acuerdos entre estudiantes y la rectoría. Ese día los universitarios entregaron las instalaciones a representantes de la institución encabezados por Sergio Díaz Carranza, presidente de la Comisión de Honor y Justicia.
Antes de retirarse, los estudiantes exigieron suspender las clases en línea hasta el 2 de abril para permitir el regreso de alumnos foráneos.
Las demandas: ejes centrales
El pliego petitorio general surgido del paro incluyó los siguientes ejes principales:
- Seguridad y transporte: más luminarias, refuerzo de seguridad y mejoras al transporte universitario.
- Comedores universitarios: implementación de menús de bajo costo, propuestos en cinco pesos.
- Democratización universitaria: elección de directores con mayor participación estudiantil y transparencia en la gestión.
- Justicia de género: protocolos efectivos contra acoso y hostigamiento sexual.
- Infraestructura y salud: mejoras físicas en facultades, equipamiento de enfermerías y acceso al Hospital Universitario.
- Academia: incremento en pago por hora-clase, becas y actualización de plataformas virtuales.
Además del pliego general, se presentaron más de 30 pliegos específicos de facultades, colegios y preparatorias.
Un año después: avances y pendientes
Como parte de los acuerdos, la BUAP instaló mesas de trabajo para discutir temas de democracia universitaria, deporte, cultura física, infraestructura, transparencia y violencia de género.
Sin embargo, como Quadratín Puebla informó en enero de 2026, desde la perspectiva estudiantil los avances han sido desiguales. Algunas mesas lograron acuerdos concretos, mientras que otras registraron poco progreso.
Entre los pendientes señalados por los estudiantes destacan la incorporación formal de los acuerdos al Estatuto Orgánico de la universidad para garantizar su cumplimiento y la continuidad de mecanismos de acompañamiento para denuncias de acoso contra docentes.
En este último punto, señalaron que, aunque inicialmente se ofrecieron capacitaciones para presentar quejas formales, el acompañamiento se suspendió en semestres posteriores.
Este movimiento masivo de estudiantil fue el ejemplo para que se siguieran manifestando, pues en noviembre de 2025 el alumnado de la preparatoria Alfonso Calderón Moreno realizó otro paro estudiantil para impedir la reelección de la directora Concepción Meneses, así como presuntas irregularidades.
Más adelante, el Complejo Regional del Sur se manifestó e inició un breve paro en febrero de 2026 para exigir equipo en buenas condiciones y funcional para la licenciatura de estomatología; material que fue reparado y que se acordó entregar nuevo próximamente.
A casi un año del paro estudiantil, el movimiento que comenzó con un bloqueo en Medicina dejó una huella en la universidad poblana: abrió el debate sobre la democratización interna, visibilizó problemas estructurales en la vida académica y dejó una agenda de compromisos que aún está en proceso de cumplirse.
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