HUB
Mundiario 14 Oct, 2026 23:01 (8 min de lectura)
Observatorio Neutral

Checo Pérez encontró en Marko y Verstappen dos aliados inesperados en Red Bull

Por Yoknell León En Deportes México
Checo Pérez encontró en Marko y Verstappen dos aliados inesperados en Red Bull
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• La autobiografía de Christian Horner revela que Alonso, Leclerc y Sainz fueron candidatos para sustituir a Pérez.
• Helmut Marko y Max Verstappen frenaron movimientos del equipo contra el mexicano pese al deterioro de rendimiento.

La historia de Sergio Pérez en Red Bull vuelve a abrir un debate que va mucho más allá de los resultados: quién tenía realmente el poder para decidir el futuro de un piloto dentro de una de las estructuras más influyentes de la Fórmula 1. La autobiografía de Christian Horner, que llegará a las librerías el 22 de octubre, promete arrojar luz sobre las deliberaciones que rodearon la continuidad del mexicano y las alternativas que el entonces jefe del equipo llegó a considerar. Entre ellas aparecen tres nombres de enorme peso: Fernando Alonso, Charles Leclerc y Carlos Sainz. Pero el detalle más llamativo no es la lista de candidatos, sino la influencia que, según los extractos difundidos, ejercieron Helmut Marko y Max Verstappen para frenar determinados movimientos.

La situación de Pérez se había deteriorado por una caída de rendimiento que contrastaba con sus temporadas anteriores. En una escudería acostumbrada a medir sus decisiones con una exigencia extraordinaria, la diferencia entre el piloto que suma puntos para el campeonato de constructores y el que puede aspirar a ganar carreras se convierte rápidamente en un asunto político. Red Bull no solo necesitaba evaluar los resultados del mexicano, sino determinar si el problema respondía a su adaptación al coche, a la evolución técnica del monoplaza o a una combinación de factores que condicionaban su rendimiento. La búsqueda de alternativas era, desde esa perspectiva, una consecuencia lógica de la presión competitiva.

La revelación de Horner adquiere especial relevancia porque los posibles sustitutos no eran nombres secundarios ni apuestas sin experiencia. Alonso aportaba una trayectoria excepcional, capacidad técnica y una personalidad capaz de influir en el desarrollo de un equipo; Leclerc representaba una opción de presente y futuro, con velocidad demostrada y una posición consolidada en Ferrari; Sainz, por su parte, reunía experiencia, regularidad y conocimiento directo de la estructura de Red Bull, donde había comenzado su camino en la Fórmula 1. Cada alternativa habría planteado un escenario diferente, tanto en el rendimiento inmediato como en la convivencia con Verstappen. La elección de un compañero para el neerlandés nunca podía ser una decisión exclusivamente deportiva.

Según MARCA, el libro de Horner recoge que el rendimiento de Pérez resultaba irreconocible en comparación con el de temporadas anteriores y que el directivo decidió explorar un posible sustituto. El testimonio apunta a una etapa en la que la continuidad del mexicano dejó de parecer una cuestión resuelta. Sin embargo, conviene distinguir entre la existencia de conversaciones o candidatos considerados y una negociación avanzada con alguno de ellos. Los nombres que aparecen en el relato ayudan a reconstruir las opciones que manejaba la dirección, pero no significan necesariamente que los tres estuvieran cerca de firmar ni que cualquiera de esas operaciones hubiera podido materializarse en las mismas condiciones.

El papel de Marko es uno de los elementos más inesperados de esta historia. Durante años, el asesor de Red Bull fue identificado como una de las voces más críticas con Pérez, especialmente cuando sus resultados quedaban lejos de las expectativas del equipo. Que ahora aparezca como una figura que contribuyó a frenar determinadas alternativas introduce un matiz importante en esa relación. En una estructura compleja, las discrepancias públicas no siempre reflejan todas las posiciones internas. Marko podía cuestionar el rendimiento del mexicano y, al mismo tiempo, considerar que sustituirlo por otro piloto no garantizaba una mejora suficiente o podía generar nuevos problemas en la organización.

La política interna también decide quién ocupa un asiento

La influencia de Verstappen añade otra capa a la historia. El neerlandés era el centro deportivo del proyecto y su opinión tenía un peso evidente en cualquier decisión relacionada con el equilibrio del equipo. Un compañero no solo debe ser rápido: también debe encajar en una estructura construida alrededor de las aspiraciones de un piloto que lucha por títulos mundiales. Incorporar a una figura como Alonso o Leclerc habría podido elevar el nivel competitivo, pero también habría exigido gestionar expectativas, jerarquías y posibles tensiones. La cuestión no era únicamente quién podía conducir más rápido, sino qué combinación de pilotos ofrecía a Red Bull la mejor relación entre rendimiento, estabilidad y objetivos colectivos.

La hipótesis de Alonso resulta especialmente atractiva por lo que habría significado para la Fórmula 1. El español habría llegado con una experiencia inmensa y una capacidad reconocida para extraer rendimiento de situaciones difíciles. Un eventual duelo con Verstappen habría sido un acontecimiento deportivo de primer nivel, pero también un desafío para la convivencia interna. Alonso nunca ha sido un piloto dispuesto a aceptar un papel secundario sin competir por sus propias aspiraciones, mientras que Red Bull había construido su proyecto alrededor de la capacidad del neerlandés para liderar el campeonato. Que una posibilidad tan potente se quedara en una consideración interna ilustra cómo la lógica deportiva puede chocar con la necesidad de preservar una estructura de poder.

Leclerc habría ofrecido una lectura diferente. Su velocidad a una vuelta y su potencial competitivo lo situaban entre los pilotos más cotizados de su generación, pero su llegada también habría obligado a revisar la relación entre Red Bull y Ferrari, además de plantear interrogantes sobre el reparto de liderazgo. Sainz, en cambio, conocía el entorno de la escudería y había compartido equipo con Verstappen en los inicios de ambos en la categoría. Su candidatura habría tenido una dimensión particular: demostrar que la experiencia acumulada fuera de Red Bull podía convertirlo en una alternativa sólida para una estructura que ya conocía. Los tres perfiles eran atractivos, pero ninguno estaba libre de costes deportivos y políticos.

El caso Pérez también revela una contradicción habitual en la Fórmula 1: los equipos buscan un segundo piloto capaz de aportar puntos, pero pueden desconfiar cuando su competitividad amenaza con alterar el orden interno. Al mismo tiempo, necesitan que ese compañero sea suficientemente rápido para contribuir al campeonato de constructores y responder cuando el líder no puede hacerlo. El equilibrio es delicado y cambia según el momento de la temporada, el rendimiento del coche y la distancia entre los dos pilotos. En ese contexto, la continuidad de Pérez no puede explicarse solo mediante sus resultados, del mismo modo que su eventual sustitución tampoco habría garantizado que Red Bull resolviera todos sus problemas.

La publicación de Drive puede aportar nuevos detalles sobre cómo Horner interpretaba aquellas decisiones y hasta qué punto coincidía con otros centros de poder de la escudería. Una autobiografía permite conocer la versión de uno de sus protagonistas, pero no sustituye por sí sola todas las voces implicadas ni convierte cada intención en un hecho consumado. Lo relevante será comprobar qué decisiones se discutieron, cuáles llegaron a materializarse en contactos y qué argumentos inclinaron finalmente la balanza. En una organización donde convivían la dirección deportiva, el entorno de Verstappen y la influencia de Marko, las decisiones sobre los pilotos eran también una expresión de la distribución del poder.

La historia de Checo Pérez en Red Bull demuestra que un asiento nunca depende únicamente de una hoja de tiempos. También pesan las alianzas, la confianza de los dirigentes, el equilibrio del garaje y la convicción de que un cambio resolverá más problemas de los que puede crear. Marko y Verstappen podían cuestionar al mexicano en determinados momentos y, aun así, no considerar conveniente abrir la puerta a cualquiera de sus posibles sustitutos. Esa es la paradoja de una escudería dominada por la ambición de ganar: la decisión aparentemente más evidente no siempre es la más eficaz. El relato de Horner invita a mirar detrás de los resultados y entender que, en la Fórmula 1, el poder también se disputa lejos del circuito. @mundiario