
SANÁ, YEMEN- “¿Por qué no podemos simplemente irnos?”, se pregunta desde el otro lado del teléfono con la voz quebrada Suaad al Qubati mientras intenta tranquilizar a sus cuatro hijos cuando las explosiones sacuden las paredes de su casa en Taiz, la tercera ciudad más grande del Yemen cercada por los rebeldes hutíes esta semana.
Como el alrededor de un millón de residentes de esta localidad suroccidental disputada entre los insurgentes y el Gobierno internacionalmente reconocido desde 2015, esta profesora yemení asegura que ella y su marido no hacen más que pensar en encontrar una ruta de escape mientras sus reservas de comida se agotan.