A principios de 2026, la rotación global ya estaba en marcha. Los inversionistas expandían sus apuestas más allá de las gigantes tecnológicas de Estados Unidos, canalizando recursos hacia acciones internacionales, de Value y mercados emergentes. Las acciones fuera de EU superaban al S&P 500 por 15% en los primeros dos meses del año.
Pero todo cambió de golpe en marzo, cuando el conflicto en Oriente Medio dañó infraestructuras energéticas y efectivamente cerró el estrecho de Ormuz. El precio del Brent se disparó 90% en el mes, el mayor salto en cuatro décadas. Acciones y bonos globales cayeron juntos, con el mercado enfocado en riesgos de inflación y expectativas de tasas más altas. Las tendencias populares preconflicto se revirtieron. El oro y los emergentes retrocedieron, mientras el dólar se fortaleció como refugio. La dispersión regional fue marcada. Economías dependientes de energía en Europa y Asia sufrieron caídas de 10% y 13%, respectivamente. Estados Unidos, como exportador neto de energía, mostró resiliencia, pues el S&P 500 retrocedió solo 5%. Al final de marzo, el resto del mundo superaba al índice estadounidense por apenas 4%. Estos movimientos extremos plantean la pregunta: ¿estará amenazada la rotación global?
En el corto plazo, el panorama depende de cómo evolucione el conflicto en Medio Oriente. El rumbo sigue incierto, pero ambos lados tienen incentivos claros para buscar una desescalada, y EU enfrenta crecientes costos políticos internos. Conforme avancen las negociaciones, los inversionistas estarán atentos a la cuestión central. Es decir, si se reanudará el flujo de petróleo y carga por el estrecho de Ormuz. Hasta entonces, la volatilidad puede persistir, especialmente en activos de riesgo como acciones expuestas al alza de costos energéticos y a interrupciones en cadenas de suministro en Europa y Asia.
A largo plazo, la diversificación más allá de posiciones concentradas en EU mantiene fundamentos sólidos. La inversión en IA crece a nivel global, las reformas de gobernanza corporativa en Asia cobran fuerza, y las acciones de Value siguen superando a las de Growth, incluso en medio de la turbulencia. La rotación global puede estar en pausa, pero el argumento a favor de la diversificación se ha fortalecido.
Estados Unidos representa el 63% del índice MSCI ACWI, un máximo histórico. En el S&P 500, la concentración sigue elevada, considerando que los 10 mayores nombres pesan 38% del índice. Y aunque las valuaciones de las acciones estadounidenses han bajado desde principios de año, siguen 29% más caras que el resto del mundo, por encima del premio promedio de 19% de los últimos 20 años. Ampliar el enfoque hacia mercados desarrollados fuera de EU y emergentes permite capturar valuaciones más atractivas y potencial de crecimiento robusto en utilidades. A pesar de la turbulencia, el mercado proyecta un crecimiento de utilidades de 33% para emergentes este año, 15% para Europa y 8% para Japón.
El factor decisivo, sin embargo, son las tendencias estructurales detrás de ese crecimiento. Dos destacan en 2026. Primero, las reformas corporativas en Asia. Los programas de recompra de acciones en Japón alcanzan niveles récord, y Corea se suma a la ola de eficiencia de capital con su propio programa Value-up. Segundo, el superciclo de IA impulsa la demanda por chips, beneficiando a países como Corea, que controla más del 60% del mercado global de chips de memoria, y Taiwán, responsable del 90% de la fabricación de chips avanzados. Además, otros vientos estructurales favorables se forman, como el aumento del gasto fiscal y de defensa en Europa y Japón, y el alza de commodities, que favorece a empresas de mercados emergentes, especialmente en América Latina.
Además de diversificar globalmente, los inversionistas deben ampliar la asignación dentro de EU, más allá de las Siete Magníficas, hacia otras empresas involucradas en la construcción de IA, así como sectores financiero, industrial y salud. Es importante subrayar que diversificar no significa abandonar el mayor mercado de acciones del mundo. EU está en el epicentro del desarrollo de modelos de IA y de infraestructura, con las mayores empresas de calidad global, muchas de las cuales se han abaratado desde el inicio del conflicto.
Con valuaciones más atractivas, un cese al fuego duradero y la reapertura del estrecho de Ormuz podrían desatar un “rally de todo”, similar a la recuperación táctica tras el Día de la Liberación en 2025, impulsando tanto acciones estadounidenses como internacionales. Pero el inversionista debe resistir la tentación de reaccionar a cada titular y pensar en el largo plazo. Cuando la turbulencia pase, las tendencias estructurales que definieron el escenario previo al conflicto volverán a ser los motores principales de los retornos, y la rotación global estará bien posicionada para reactivarse.