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Mundiario 15 Oct, 2026 11:21 (2 min de lectura)
Riesgo / Alerta

La mala educación

Por Ignacio Vasallo En Politica España
La mala educación
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Los insultos al presidente y la agresividad en actos públicos deterioran la convivencia democrática.
• Se normaliza la brutalidad social manteniendo el escándalo por detalles superficiales.
• La oposición tolera conductas de fuerza mientras la extrema derecha califica delincuente al jefe ejecutivo.

Es inevitable acordarse de Georges Brassens y de su canción La mala reputación, adaptada al español por Paco Ibáñez, una crítica del fanatismo. Dice en una de sus estrofas: «Haga lo que haga da igual, ¡a la horca, no hay piedad!». Eugène Ionesco ya había señalado ese mismo problema en su obra El rinoceronte, publicada en 1959. En esa historia, los habitantes de un pueblo se transforman paulatinamente en rinocerontes y se comportan como tales. Era una metáfora sobre cómo la tragedia colectiva comienza cuando la sociedad normaliza la brutalidad, pero mantiene el escándalo por cuestiones superficiales.

Ante este tipo de situaciones se recurre también al ensayo de Thomas de Quincey, Del asesinato considerado como una de las bellas artes. El autor británico advertía con ironía de una degradación gradual: del asesinato se pasa al robo, luego a la impuntualidad y se termina descuidando los modales en la mesa.

Los abucheadores del presidente del Gobierno están recorriendo ese camino rápidamente. Han asumido la dialéctica de los puños y las pistolas que recomendaba José Antonio Primo de Rivera. Se pudo comprobar al terminar el desfile militar, cuando grupos de manifestantes se dirigieron a la Puerta del Sol para agredir, con sus banderas y al grito de «¡Arriba España!», a las personas acampadas.

El principal partido de la oposición tolera estas conductas en nombre de la libertad de expresión o incluso las incentiva con sus propias declaraciones. La extrema derecha va más lejos y califica abiertamente de delincuente al jefe del Ejecutivo. Ambos sectores asumen que, tras alcanzar el poder, la agresividad desaparecerá por sí sola. Ignoran que, una vez abierta esa puerta, es muy difícil cerrarla.

Una sociedad que asume como normal la falta de respeto hacia el presidente del Gobierno elegido en las urnas afronta un problema grave. Es probable que muchos de los padres que proferían insultos groseros durante el desfile regresaran después a sus casas y pidieran a sus hijos guardar las formas y retirar los codos de la mesa.

Por el camino actual, la pérdida de las formas básicas terminará siendo irreversible y ya nadie se preocupará por guardar los modales en la mesa. @mundiario