Algo tan sencillo y factible como realizar a diario pequeños actos bondadosos puede reducir significativamente la soledad y ayudar a salir de la situación de aislamiento, lo cual es particularmente beneficioso para las personas socialmente ansiosas o más retraídas
En la novela “Theo de Golden”, del estadounidense Allen Levi (https://www.allenlevi.com), una obra autopublicada que se convirtió en un fenómeno editorial gracias a los comentarios de los lectores, un recién llegado a la ciudad comienza a transformar la vida de quienes lo rodean, al realizar pequeños actos de bondad y acercamiento a los demás.
La novela comienza cuando, un día de primavera, un hombre mayor, que nadie sabe de dónde viene ni por qué está allí, llega a la pequeña localidad de Golden. Ese hombre, llamado Theo, dejará huella en la vida del pueblo y alterará, para bien, la rutina de una comunidad aparentemente apacible.
Una mañana, Theo visita una cafetería local en la que hay colgados en la pared 92 retratos de la gente de Golden, hechos por un artista local. Conmovido, decide comprarlos todos y entregarlos a quienes corresponden. Con cada encuentro, Theo va tejiendo amistades y su generoso gesto llena la comunidad de luz y resalta el poder de las relaciones.
El poder y la belleza de los pequeños actos
Una reciente investigación universitaria revela que adoptar la filosofía de Theo y realizar gestos sencillos y bondadosos, dando sin esperar nada a cambio y ayudando al prójimo, no solo puede cambiar el mundo, como sostiene Allen Levi, sino que además puede ser uno de los mejores remedios para la soledad no deseada, de acuerdo con una investigación reciente.
Investigadores del área de Psicología de la Universidad de Columbia Británica (UBC), en Vancouver (Canadá), han descubierto un alivio tan inesperado como sencillo que puede reducir significativamente la soledad: realizar pequeños actos bondadosos o amables dirigidos a las personas de nuestro entorno.
Este “remedio” resulta particularmente positivo para aquellas personas más retraídas (poco comunicativas, tímidas o introvertidas, que prefieren aislarse del trato social) o con ansiedad social (temen las situaciones en las que otros pueden estar analizándolas, evaluándolas o juzgándolas, como hablar en público o con un desconocido, o conocer gente nueva).
Los investigadores de la UBC (www.ubc.ca) reclutaron en la provincia canadiense de Columbia Británica a más de 200 adultos que experimentaban soledad al menos en parte de su tiempo diario, y les pidieron a estos participantes, el denominado “grupo amable o bondadoso” que, durante dos semanas, realizaran cada día un acto de amabilidad extra a su elección.
Pequeños actos con un gran impacto
Por otra parte, se pidió a otros participantes, el “grupo de control”, que, en vez de realizar actos cotidianos de bondad, se tomaran un descanso diario para dedicarlo a su autocuidado, por ejemplo, tomando una taza de té de manera relajada o dando un paseo corto por un parque.
Los integrantes del grupo amable realizaron actos como enviar un mensaje de ánimo a un amigo, ofrecer un asiento en el autobús o ayudar a un vecino con la compra, según la UBC.
“Los actos bondadosos fueron muy variados, ya que los participantes podían elegir el que mejor les funcionara”, explica a EFE la doctora Yeeun Archer Lee, profesora adjunta de psicología en la universidad canadiense Trinity Western (www.twu.ca), quien efectuó la investigación como estudiante de doctorado de la UBC.
Los gestos bondadosos también variaron en función del grado de cercanía que los participantes en el estudio tuvieran con el destinatario de su acto: allegados más cercanos; personas con las que tenían lazos débiles o individuos desconocidos, apunta.
Por ejemplo, a un amigo le escribieron tarjetas con mensajes de aliento, lo invitaron a cenar, le enviaron un video divertido o tierno, le dijeron cuánto lo apreciaban o lo acompañaron durante una semana especialmente difícil; a un cónyuge le prepararon una taza de té por la mañana, y a un familiar lo ayudaron a mudarse o a realizar una tarea escolar, reporta Archer Lee.
¿Se siente solo? ¡Ayude a otras personas!
Por otra parte, a un vecino lo ayudaron con su jardín o lo felicitaron por su atuendo, y al hijo de un vecino le dieron una barra de chocolate en su primer día de regreso a la escuela. También ayudaron a preparar la comida en un centro para personas mayores o les llevaron bocadillos a sus compañeros de trabajo, informa esta profesora de Psicología.
Asimismo le sostuvieron la puerta abierta a un desconocido, le compraron un café a la persona que estaba detrás suyo en la fila de un Starbucks o iniciaron una conversación agradable con una persona con la que jamás habían hablado.
También le hicieron compañía a un bebé cuando sus padres parecían abrumados o donaron artículos para el hogar a quienes los necesitaban, puntualiza esta experta.
“Los pequeños actos de bondad, dirigidos a personas que no son las más cercanas, pero siguen formando parte del círculo social, ayudaron a reducir la soledad en mayor medida que los descansos de autocuidado, especialmente en las personas con mayores niveles de soledad o ansiedad social, que podrían pasar mayores dificultades debido a su soledad”, destaca.
Los actos amables o bondadosos ayudan a desviar la atención del propio sufrimiento social hacia las necesidades de los demás, suelen generar reacciones positivas que crean oportunidades para interactuar de manera significativa con otras personas y contribuyen a reconectar socialmente, según Archer Lee.
Señala: “Se trata de algo sencillo y factible, una acción práctica y accesible que puede tener un impacto positivo no solo en las vidas de los demás, sino también en las nuestras”.
Si te sientes solo, “vale la pena que te acerques a personas que están más allá de tu círculo cercano o con las que mantienes lazos débiles. Eso puede marcar la diferencia”, concluye.
El poder transformador del amor y la bondad
“Todos los seres humanos tenemos en común el anhelo de sentirnos amados, en toda la expresión de la palabra”, señala María González, psicóloga y especialista en reducción del estrés mediante el método MBSR, en Instituto Centta (www.centta.es).
“De hecho, nuestro cerebro necesita de un vínculo con otro ser humano para poder terminar de desarrollar sus funciones cognitivas y algunas fisiológicas”, enfatiza.
González explica que “gracias a nuestras ‘neuronas espejo’ (células cerebrales que se activan cuando realizamos una acción u observamos a otra persona realizarla) podemos generar esa conexión con el otro y, sobre todo, lo que llamamos más comúnmente en psicología la empatía (capacidad de identificarnos con alguien y compartir sus sentimientos)”.
“Si algo describe a la especie humana es esa capacidad de análisis y de conectar con el otro, lo que nos ha llevado a generar un sistema social y político donde intentamos salvaguardar la seguridad física y psicológica de todos los miembros de la sociedad”, apunta.
En ese sentido “practicar la ayuda desinteresada a otras personas siempre nos va a generar sentimientos positivos”, dice.
“Actuar con bondad y amabilidad estimula nuestra mente y las funciones cognitivas de nuestro cerebro para idear y planificar posibles soluciones a la problemática de la persona que queremos ayudar, y también potencia nuestra sensación de autoeficacia y valía personal al sentir que nuestros actos o palabras tienen un propósito y una consecuencia positiva en el otro”, enfatiza.
“Nunca está de más, aunque la persona ya lo sepa, recordarle a un familiar o ser querido lo importante que es para nosotros y lo mucho que aporta en nuestra vida; transmitirle nuestro orgullo ante sus éxitos; tener un gesto espontáneo de cariño e interés en algún aspecto de su vida”, recomienda.
La psicóloga de Centta también sugiere: “Agradecerle de corazón a un compañero de trabajo las tareas que realizamos juntos; ayudarle cuando se sienta agobiado con el trabajo y reconocer sus méritos; así como detenernos unos minutos para preguntar a nuestro vecino cómo está y no evitar su mirada en el ascensor”.