Esta semana, el presidente del Gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, llegó a Pekín con la intención de proyectar a España como el puente pragmático de Europa hacia China. Sin embargo, el viaje se vio ensombrecido por un revés judicial en su país: un juez de Madrid ordenó el enjuiciamiento de su esposa, Begoña Gómez, por presunto tráfico de influencias, malversación de fondos, corrupción empresarial y apropiación indebida vinculadas a su trabajo en la Universidad Complutense. Gómez, su asistente Cristina Álvarez y el empresario Juan Carlos Barrabés niegan los cargos.
La sentencia, tras una investigación de dos años iniciada en abril de 2024, llega en un momento delicado para el mandatario español. Sánchez ha descrito el caso como una ofensiva política impulsada por la derecha y la ultraderecha, señalando que se originó con una denuncia de Manos Limpias, un grupo de activistas anticorrupción con vínculos opositores. Desde Pekín, su respuesta fue concisa: “Lo que pido a la justicia es que haga justicia”.
Este mensaje compitió con una estrategia de política exterior cuidadosamente orquestada. Junto al presidente Xi Jinping, Sánchez anunció 19 acuerdos con China, lanzó un nuevo “diálogo estratégico”, defendió el acercamiento entre la UE y China y respaldó un mayor protagonismo chino en la diplomacia de Oriente Medio. Hace unos días, llamó a crear un “ejército común europeo” para reducir su dependencia de la OTAN y, por tanto, de EU. Xi, por su parte, presentó a España como un valioso canal entre Pekín y Bruselas e instó a la cooperación contra la “ley de la selva”.
En España, Sánchez también impulsó una de las medidas sociales más trascendentales de su mandato: un plan de regularización masiva para unos 500 mil inmigrantes indocumentados, cuyas solicitudes se abrieron el 16 de abril y se extenderán hasta junio.
Lo calificó de “acto de justicia”, mientras que el Partido Popular, de centroderecha, lo denunció como un imán para la migración irregular.
El problema para Sánchez es la acumulación de conflictos. Su hermano David comparecerá ante los tribunales el próximo mes en un caso aparte de tráfico de influencias, y su exministro de Transportes, José Luis Ábalos, ya está siendo juzgado por presuntos sobornos. Incluso cuando Sánchez marca la pauta en el ámbito internacional, los escándalos internos la siguen reescribiendo.
@AlonsoTamez