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Mundiario 17 Oct, 2026 00:14 (8 min de lectura)
Observatorio Neutral

Señalar a Mbappé por los males del Madrid: ¿justicia o crítica desmedida?

Por Rafael Adolfo Vásquez En Deportes España, Comunidad de Madrid
Señalar a Mbappé por los males del Madrid: ¿justicia o crítica desmedida?
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Mbappé lidera al Real Madrid con dos Pichichi consecutivos y goles decisivos.
• Jérôme Rothen critica su ego y falta de automatismos tácticos como delantero centro.

 

Si no ostenta la corona absoluta, Kylian Mbappé habita con sobrados méritos en el podio más exclusivo del fútbol mundial. En Chamartín se ha erigido en la figura hegemónica del proyecto blanco, y no únicamente por un ascendiente que algunos observadores tildan de casi autoritario, sino por la rotundidad incontestable de sus cifras individuales desde que pisó por primera vez el Santiago Bernabéu.

El impacto realizador del astro galo escapa a cualquier debate estadístico. Convertido en el auténtico estandarte ofensivo del equipo, encadena dos trofeos Pichichi consecutivos y ha actuado como salvavidas indispensable en los pasajes más tormentosos de un par de cursos particularmente arduos para la entidad. Cuando el colectivo se atascaba en el fango, su instinto de depredador aparecía para maquillar carencias y rescatar marcadores al límite.

Sin embargo, ni el torrente de goles ha logrado sofocar una corriente crítica cada vez más ruidosa que cuestiona su convivencia dentro del vestuario. Son muchas las voces autorizadas que observan con recelo su figura, llegando a señalarlo como la raíz primaria del declive competitivo que arrastra el cuadro merengue. Entre sus detractores más virulentos sobresale Jérôme Rothen, quien jamás ha rebajado el tono a la hora de desmenuzar las consecuencias de su desembarco en la capital española.

Para el exfutbolista galo, el principal veneno que inocula Mbappé reside en la fractura psicológica y jerárquica del grupo, provocada por una gestión desmedida de su propio ego. Rothen no dudó en catalogarlo abiertamente en 2024 como el principal responsable "de este mal Real Madrid", insistiendo en que la convivencia con un perfil tan absorbente termina por dinamitar los códigos colectivos indispensables para reinar en Europa.

Esa censura trasciende lo anímico para adentrarse de lleno en la pizarra. En el plano estrictamente deportivo, el exjugador francés llegó a asegurar que su desempeño como delantero centro es terrible, subrayando que realiza maniobras "que son todo lo contrario de lo que requiere el juego". Así, mientras sus registros individuales brillan intactos, el debate sobre si Mbappé es el gran remedio o la auténtica dolencia del Real Madrid sigue sin encontrar tregua.

¿Tiene razón Rothen?

Aquellas declaraciones del exfutbolista llegaron en 2024 y hoy, dos años después, retumban con fuerza. El mejor ejemplo se vio en una de las acciones protagonizadas por Endrick durante la milagrosa remontada blanca frente a la Roma en Champions. En el segundo tiempo, el joven brasileño arrancó pegado a la banda derecha y firmó un eslalom imponente llevándose a dos rivales; sin embargo, a lo largo de toda la cabalgada, Mbappé jamás apareció en la foto como referencia de área. El exjugador del Palmeiras se vio obligado a resolver la jugada en solitario con una exhibición de potencia y zancada hasta la línea de fondo, sin que el atacante galo se ofreciera en ningún momento como línea de pase.

Situaciones como esta son las que alimentan la sospecha de que Mbappé desconoce los automatismos elementales del nueve puro, movimientos que se inculcan desde categorías formativas. Una carencia posicional que da argumentos de sobra a críticos como Jérôme Rothen, implacable a la hora de retratar al astro parisino como un delantero incapaz de interpretar las exigencias del rol que ostenta en el once titular.

Baja eficiencia goleadora

Un conocido creador de contenido en TikTok, Luis de Freitas, tampoco se ha mordido la lengua a la hora de colocar el rendimiento de Kylian Mbappé por los suelos. Para este comunicador, tanto Carlos Espí como Endrick son "mejores delanteros que Mbappé", ya que asegura que los "números no engañan".

"Hablemos de números. Esta temporada, Carlos Espí: 6 tiros, 3 goles; efectividad del 50 %. Endrick: 3 tiros, un gol; efectividad del 33 %. Kylian Mbappé: 52 tiros, 9 goles; efectividad del 17 %. Es decir, Mbappé necesita seis para meter una y se supone que lo mejor que tiene es la definición", ironizó.

Además, añade sin contemplaciones: "Todo esto sin decir que Carlos Espí y Endrick sí saben presionar, sí saben asociarse, sí saben rematar de cabeza, sí saben qué es cargar el área. ¡Saben lo que tiene que hacer un delantero!".

La asociación es otra de las tareas pendientes de Kylian

En la misma línea expuesta por Luis de Freitas, otros creadores y analistas coinciden en señalar el juego asociativo como el gran talón de Aquiles del atacante galo. Lejos de ser una apreciación aislada, la desconexión posicional de Kylian Mbappé con el resto de sus compañeros en tres cuartos de campo se ha convertido en un debate recurrente en las redes y tertulias deportivas.

Una de las voces que se sumó a este diagnóstico fue Brenda Cuba, responsable de la cuenta de TikTok @brendadefut, tras analizar la agónica victoria blanca por 3-4 en el Olímpico de Roma. La comunicadora fue tajante al matizar el impacto real del delantero en el marcador: "Sí, es verdad que Mbappé ha marcado un gol, pero eso no borra todo lo demás. Es muy bueno definiendo, pero cómo le cuesta asociarse con el equipo".

Valdano y Dugarry salen en defensa de Mbappé

La intención de este trabajo informativo tampoco es echar por tierra todo lo que ha logrado Kylian Mbappé a lo largo de los años. El campeón del mundo en 2018 se ha ganado su estatus a pulso gracias a su innegable talento individual y a una descomunal capacidad goleadora. Su rendimiento tanto con Francia como con el PSG y el propio Real Madrid despierta también elogios y convoca a defensores en un momento en el que arrecia un gran número de críticas.

Expertos y exfutbolistas como Jorge Valdano y Christophe Dugarry no dudan en salir en su defensa. El hispanoargentino, por ejemplo, aseguró en su momento que resulta injusto el maltrato mediático que recibe el atacante, calificando de "tóxico" el ambiente que le rodea y presentándolo como víctima de las derrotas colectivas y de análisis simplistas, hasta el punto de sentenciar: "El francés se ha convertido en responsable de las derrotas del Madrid (por estar) y de los triunfos del PSG (por no estar)".

Por su parte, el campeón del mundo en 1998 y exjugador del Milan y del Barça, entre otros, no duda en afirmar en RMC Sport que es "inadmisible" culpar exclusivamente a Mbappé de los males estructurales o de la falta de juego del Real Madrid.

¿Culpable o inocente? 

Ahora es mi turno y lo diré sin titubear. Antes de su fichaje por el Real Madrid, el PSG —sin importar quién estuviera en el banquillo, incluyendo a Luis Enrique— era un mero escaparate de cromos sin rumbo colectivo. Paradójicamente, tan pronto como Kylian cruzó las puertas del Parque de los Príncipes rumbo al Santiago Bernabéu, todo cambió en París. Ahora es el conjunto blanco el que se asemeja a una constelación de individualidades desconectadas: un equipo sin brújula en la Champions League e incapaz de imponer su jerarquía en competiciones domésticas como LaLiga y la Copa del Rey.

Para colmo, desde su desembarco en la capital de España, el anárquico ecosistema táctico que arrastra Mbappé —sin que ningún técnico se atreva a ponerle freno— ha terminado por dinamitar al mejor Vinicius. El brasileño asiste impotente a la invasión sistemática de ese carril zurdo que antes le pertenecía por derecho exclusivo, viendo cómo sus cifras goleadoras y su capacidad de desequilibrio se desploman. Ambos chocan una y otra vez sobre el césped porque el astro parisino sigue sin asumir una verdad elemental: en este Real Madrid su obligación es actuar como un nueve de referencia, no como un extremo con carta blanca para invadir el terreno ajeno.

Ni Carlo Ancelotti, ni Xabi Alonso ni Álvaro Arbeloa encontraron la firmeza ni el respaldo institucional —es decir, de Florentino Pérez— necesarios para ponerle los pies en la tierra a su estrella. Ciertamente, se trata de una tarea titánica; pero si alguien tiene el carácter para acometerla, ese es José Mourinho, especialmente tras el pobre papel del francés ante la Roma.

Es verdad que ante los italianos no lo sustituyó —como sí hizo, y con justicia, con Vinícius—, pero el técnico portugués cuenta con recursos de sobra en figuras como Carlos Espí, Endrick, Yan Diomande o hasta Brahim para enviarle un mensaje directo y sin anestesia: o se acopla a la disciplina colectiva o su sitio estará en el banquillo. De lo contrario, este Real Madrid seguirá condenado a penar en el campeonato doméstico y a firmar un nuevo fracaso en Europa. @mundiario

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