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Mundiario 17 Oct, 2026 14:21 (7 min de lectura)
Soberania / Oportunidad

Dicen que las casas no tienen voz...

Por Pilar Medina Rayo En Estilo de Vida España, Andalucía
Dicen que las casas no tienen voz...
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Berdigón 14 es una antigua casa marinera de casi 600 años en Huelva.
• Conserva muros originales con testigos del pasado pesquero y arquitectura precolombina.

Recuerdo cuando veía la marisma desde mi ventana y mi piel encalada olía a brea y mar…

Dicen que las casas no tienen voz, pero es porque no saben escuchar el idioma de los nudos de mis vigas —donde el crujido de la madera se vuelve más suave, casi como un suspiro—, el murmullo de los ladrillos de adobe o el lamento de los clavos oxidados cuando el viento frío del invierno los aprieta. No fui construida para el silencio; nací del abrazo entre la tierra firme y la locura del océano. Mis paredes huelen a sal y a redes secadas al sol.

Por mis ventanas han entrado mil tormentas y he visto ojos desgastarse de tanto mirar al horizonte, en busca de una vela que les devolviera a los familiares que salieron a faenar y que el oleaje ya se había tragado. Guardé sus lágrimas entre las grietas del suelo; por eso, si caminas descalzo por mi salón, todavía puedes sentir el frío de la ausencia.

Pero también he guardado el calor de unos besos apresurados antes del alba, las manos ásperas que limpiaban el pescado sobre la mesa de la cocina o las risas de los niños que jugaban a ser capitanes en mis escaleras. Fui su refugio, su faro en la noche, el único lugar del mundo donde el mar no podía tocarlos. No soy solo una casa; soy un barco encallado, un navío que decidió echar raíces para ser habitado por los que quedaban en tierra.

Pero aquellos tiempos son ya lejanos; todo a mi alrededor fue cambiando. Ya no veo el mar desde mi ventana ni mis paredes huelen a mar y brea. Ahora, entre risas y copas, escucho historias sobre mí y así me enteré de que soy la casa más antigua de la ciudad de Huelva. La única superviviente de otra época, como una extraña reliquia que logró burlar el tiempo y mantenerse en pie.

Dicen que las casas no tienen voz, pero hoy, con mi voz cansada pero firme, al igual que la de un viejo guerrero, contaré mi historia. Es hora de presentarme: soy Berdigón 14.

Tengo una antigüedad de casi 600 años y aún conservo mis muros originales. Si miras con atención, descubrirás en ellos alguna que otra pequeña concha, testigo mudo de mi pasado marinero. El tiempo también ha respetado mis puertas, techos y suelos de ladrillos rojizos, además de una escalera interior cuyos peldaños desgastados conducen a un doblado —con un pequeño ventanuco— que servía para almacenar grano, embutidos o pescado seco.

Fui vivienda de marineros y mariscadores que levantaron su hogar en el corazón de la ciudad, en lo que por aquel entonces era la primera línea de la marisma. Me construyeron en torno a 1450, por lo que soy una casa marinera precolombina. Entre mis paredes escuché y fui testigo de la construcción de la emblemática Iglesia de la Concepción. También pude oír las charlas sobre un marinero genovés al que los Reyes Católicos brindaron su apoyo y que, con ello, trajo grandes noticias al descubrir nuevas tierras, tan lejanas a mi querida Huelva.

Dicen que las casas no tienen voz.... / Autora. Dicen que las casas no tienen voz.... / Autora.

Tanto oí hablar sobre aquel Nuevo Mundo, que hacía soñar a todos, que hasta yo misma me imaginaba siendo un gran navío que ponía rumbo hacia aquellos lares que prometían grandes riquezas.

Mientras tanto, entre todas aquellas historias, mis habitantes se hacían cada día a la mar con los berdigones, que no eran otra cosa que pequeños berberechos que servían de cebo para pescar la mojarra o el sargo, que más tarde venderían en el mercado de abastos. Aún conservo, en la parte posterior, el suelo de cantos rodados que los marineros utilizaban para subir los botes desde los caños de agua.

Pero la rueda del tiempo continuó girando y, con ella, las marismas se retiraron poco a poco. Por la rampa de piedras ya no bajaban las barcas a la ría, el mar se alejó de mí y yo dejé de verlo desde mi ventana.

Este nuevo cambio permitió ampliar mi espacio. De los dos primeros salones con los que contaba originariamente —y en los que se desarrollaba la vida de mis habitantes—, pasé en el siglo XVII a tener un patio interior donde se construyeron dos nuevas estancias y, por primera vez, ¡tuve una cocina!

La vida continuó y seguí siendo testigo mudo de infinidad de cambios que fueron transformando Huelva.

Los vecinos dejaron de sacar sus sillas "al fresco", las faldas de las mujeres se acortaron, al igual que sus cabellos, y los niños dejaron de jugar a ser capitanes de barco para soñar con viajar a las estrellas. Con el desarrollo industrial, los carros tirados por mulas fueron desplazados por ruidosos coches, y el olor de la marisma fue sustituido por el del asfalto moderno. Y yo… me convertí en un inmueble viejo que no acabó de entender todos estos cambios.

Observé con tristeza cómo desaparecían las casas de mi época para ser reemplazadas por otras "más modernas". Pacientemente, en soledad y con la añoranza de tiempos pasados, esperé con resignación mi propio final. Se borró el blanco de mis paredes mientras la pintura se descascaraba, perdiendo parte de mi encalado.

Sin embargo, se obró el milagro y fui salvada por una iniciativa privada. La familia de Helena Suárez me compró en 2003 con el propósito de restaurarme, protegerme y evitar mi desaparición frente al urbanismo moderno. Ella fue capaz de ver mi vieja alma y amarla. Me dio nuevos aires mientras respetaba mi espíritu, creando una perfecta simbiosis entre mi época y la suya, logrando una bonita armonía entre mis elementos originales y su toque moderno.

Tras ser restaurada por los hermanos Francisco Suárez Vázquez y José Antonio Suárez Vázquez, quienes me aportaron un toque más actual y conservaron el 90% de mis elementos originales, comencé mi andadura como bar de copas en 2009. En 2015, Helena fue un paso más allá y me convirtió en todo un referente cultural, abriendo mis espacios a exposiciones sin ánimo de lucro, conciertos, tertulias literarias o diversos eventos culturales. Así me convertí en un rincón mágico orientado al servicio de bebidas espirituosas y coctelería creativa que respeta, cuida y expone el patrimonio vivo de Huelva.

Dicen que las casas no tienen voz.... / Autora. Dicen que las casas no tienen voz.... / Autora.

Ahora podrás tomar una copa en mi cocina, junto a los mismos fogones que me pusieron en el siglo XVII, o ir al fondo, mi último habitáculo, al que han bautizado con el nombre de «La biblioteca», para relajarte y entretenerte entre libros, juegos de mesa y obras de arte mientras disfrutas de tu combinado o cóctel favorito.

Por mi rampa de piedras, protegida tras un cristal, ya no suben las barcas ni en mi patio se cuelgan redes de pesca. Ahora, sobre mis paredes blancas, crecen un precioso jazmín chino, campanillas y geranios que en primavera me perfuman con su olor. @mundiario

Solo quedo yo, una casa marinera en el corazón de la ciudad. Soy Berdigón 14…

 

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