
La cumbre celebrada el fin de semana en Miami dejó una señal que conviene analizar con cuidado. Doce presidentes latinoamericanos acompañaron a Trump en el anuncio de una coalición militar anti cárteles. Sin embargo, en la fotografía faltaron tres actores: México, Colombia y Brasil. Su ausencia no es menor; de hecho, sugiere que el encuentro no buscaba necesariamente representar al conjunto del hemisferio, sino articular un grupo de gobiernos alineados con la estrategia planteada por Washington.
Ese contexto obliga a leer a la coalición en términos que hoy ocupan un lugar central en el debate público estadounidense y, que se han convertido en ejes recurrentes de la narrativa preelectoral de Trump. Bajo esa lógica, la construcción de un Escudo hemisférico no sólo responde a una agenda de seguridad regional, apunta a un cambio más profundo, a saber, a una redefinición de cómo EE.UU está haciendo uso de los instrumentos que está dispuesto a utilizar para enfrentar las amenazas.
Hoy los cárteles dejan de presentarse únicamente como organizaciones de narcotráfico y pasan a describirse como estructuras que controlan territorios, penetran sistemas político-judiciales u operan economías criminales transnacionales. Es precisamente a partir de ello que Washington anuncia la creación del Escudo de las Américas, una iniciativa que contempla cooperación militar, entrenamiento de fuerzas armadas, operaciones coordinadas, acciones para bloquear las fuentes de financiamiento de las organizaciones criminales, así como la contención de la influencia de actores externos que EU considera hostiles.
Sin duda, se trata de un episodio que añade –dentro de una coyuntura global por demás inestable– un nuevo foco de incertidumbre; pues el combate a los cárteles deja de plantearse exclusivamente como un problema policial o judicial para pasar a ser tratados como actores con implicaciones geopolíticas y militares. Es decir, estamos presenciando una nueva doctrina de seguridad en el hemisferio.
Este giro no ocurre en el vacío. De hecho, forma parte de un cambio más amplio en la forma en que distintos actores internacionales están leyendo el momento global. Y aunque si bien, han habido pronunciamientos respecto a la exclusión de países como México; no debemos olvidar que, desde que inició su gestión, Trump ha demostrado ser poco predecible y su participación en esquemas globales tiende responder más a coyunturas e intereses internos que a compromisos de largo plazo.
En ese contexto, lo verdaderamente relevante no es sólo la creación de una coalición militar. Lo importante es que el marco en el que se discute el problema ha cambiado. Y cuando cambia el marco estratégico de una región, los países que forman parte de ella tienen que redefinir su posición. México no es la excepción. El mundo está cambiando, el hemisferio está revisando sus prioridades y, frente a ese proceso de transición, nuestro país tendrá que decidir cómo quiere ubicarse dentro de este nuevo escenario.
- Consultor y profesor universitario
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