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El Financiero 17 Apr, 2026 11:22

La guerra de Irán y la revisión del TMEC

La negligencia hacia nuestro país era la postura que por default tomaba el gobierno de Estados Unidos cuando experimentaba una crisis internacional durante la llamada Guerra Fría. Es decir, entre 1945 y 1989, en que Washington se confrontó sórdidamente con la ex Unión Soviética, siempre que había tensiones entre ambos polos, México pasaba a un segundo o tercer plano para Washington.

Como ejemplos están la guerra con Corea (1950-1953) y la invasión soviética a Afganistán a finales de los años 1970. Durante estos episodios, las tensiones entre Washington y Moscú crecieron exponencialmente, de manera que la relación con México se manejaba en “piloto automático.” Es decir, la burocracia del departamento de Estado, otras dependencias y la embajada en Paseo de la Reforma conducían la relación con nuestro país. Algunos analistas veían estas distracciones con buenos ojos y se referían a esta circunstancia como negligencia benigna.

¿Qué tanta negligencia ha habido por parte de Washington hacia México en las últimas siete semanas de guerra con Irán, incluso en la última de tregua frágil?

Sin duda, la mente y la energía de Trump y sus principales colaboradores, como Marco Rubio, el secretario de Estado, y Pete Hegseth, el secretario de Guerra, están puestas en medio oriente.

Sin embargo, la “negligencia benigna” clásica de la Guerra Fría se atenúa por tres motivos.

Primero, México es ahora más importante para Estados Unidos que durante la Guerra Fría. Segundo, nunca se puede desechar un “descontón” del ejecutivo de Estados Unidos, pues su estrategia de gobierno es ser hiperactivo. Finalmente, en noviembre próximo es la elección de medio término y la oficina oval hará todo cuanto pueda para lograr que el partido Republicano continúe con mayorías en ambos recintos legislativos.

Como resultado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994-2020) y del T-MEC (2020-2036), la integración económica entre ambos países se ha profundizado. Hoy nuestro país tiene más relevancia para Washington. México es el primer socio comercial. El país que más le exporta y más importa, representando cerca del 16% del comercio exterior total de Estados Unidos. Para sectores como el automotriz y la industria aeronáutica (incluyendo aviones militares), las cadenas de valor establecidas con México son esenciales, con un comercio automotriz bilateral que supera los $150–200 mil millones de dólares anuales y más de 300 empresas aeroespaciales en México.

La secretaría de Economía se ha valido de esta mayor integración para divulgar una postura “optimista” de la revisión. Marcelo Ebrard, una y otra vez ha afirmado que “tenemos poder de negociación” por ser el principal país exportador de Estados Unidos (El Financiero).

El optimismo del equipo negociador mexicano debe matizarse por los puntos dos y tres, hiperactividad de la administración y la próxima elección.

En palabras de uno de los más importantes ideólogos de MAGA (Haz América grande otra vez, movimiento político encabezado por Donald Trump), Steve Bannon, se trata de “atascar la zona de mierda”. Es decir, producir tantas iniciativas que ni los demócratas, ni la prensa y tampoco los países extranjeros sepan por dónde les llega el golpe.

No hay tema que le dé mayores dolores de cabeza al presidente Trump que las encuestas sobre la elección del próximo 3 de noviembre. La guerra está hundiendo al partido en el poder. Los precios de la gasolina y por tanto la inflación se han disparado. Los demócratas llevan una ventaja en ese momento de 5 puntos porcentuales y la guerra claramente es impopular. El 59% desaprueba las hostilidades (CNN) y sólo el 24% las aprueba (Ipsos).

El proteccionismo comercial, en especial los aranceles y la política anti-migratoria, son las dos herramientas electorales más cerca del corazón del ejecutivo y de MAGA. Desde luego, México está en la primera línea de ambos instrumentos.

Experimentamos tiempos muy difíciles en la relación con el vecino. Irán ayuda, pero no del todo.

En lo que no podemos fallar es en lo que está en nuestras manos. Es la prueba de fuego para el nuevo Canciller Roberto Velasco: ayudar a la presidenta Claudia Sheinbaum a convocar a todos los sectores mexicanos con intereses y palancas en Estados Unidos y desarrollar una amplia estrategia de cabildeo activando a todos los aliados de nuestro país a lo largo y ancho de Estados Unidos.

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