La tierra podría convertirse en una de las materias primas de una nueva generación de viviendas en México. A través de impresoras 3D, arquitectos e investigadores experimentan con técnicas que permiten levantar estructuras mediante capas de materiales naturales, recuperando conocimientos constructivos tradicionales y combinándolos con tecnologías contemporáneas.
La propuesta surge en un momento en que la industria enfrenta una presión creciente para reducir su impacto ambiental. Según el Global Status Report for Buildings and Construction 2025–2026, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), los edificios y la construcción representan alrededor de 37% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO₂) y casi la mitad de la extracción mundial de materiales.
Ante este panorama, recuperar la tierra, el bambú y las fibras naturales para construir deja de ser únicamente una mirada al pasado. La investigación busca aprovechar sus propiedades y desarrollar sistemas que puedan responder a las necesidades actuales de vivienda, sin depender exclusivamente de materiales altamente industrializados.
Proyecto TEMIS | Source : Kristina Olianiouk / Cortesía Cuando la tierra se encuentra con una impresora 3D
En México, una de estas iniciativas es SEED Collective, laboratorio de investigación aplicada que desarrolla materiales y sistemas constructivos basados en tierra.
Karina Schwartzman, directora de Diseño Arquitectónico Bioclimático y cofundadora del colectivo y de Tecorral Estudio, explicó en entrevista con Publimetro México que el objetivo no consiste simplemente en sustituir un material por otro, sino en replantear cómo se construyen los espacios que habitamos.
Una de sus principales líneas de investigación consiste en formular mezclas de tierra que puedan utilizarse mediante impresión 3D. El procedimiento deposita el material capa por capa, siguiendo un diseño elaborado previamente en computadora.
Con ello, se exploran geometrías y estructuras difíciles de ejecutar mediante algunos procesos convencionales, además de la posibilidad de aprovechar recursos disponibles en el propio territorio.
La innovación está en combinar uno de los materiales constructivos más antiguos de la humanidad con herramientas de fabricación contemporáneas.
“La innovación solamente tiene sentido si podemos garantizar que las soluciones que desarrollamos son seguras, duraderas y apropiadas para las personas que las van a habitar”.
Karina Schwartzman, cofundadora de SEED Collective, en entrevista con Publimetro México
El laboratorio ya desarrolló TEMIS, un pabellón experimental autoportante construido en Ciudad de México mediante impresión 3D con tierra. Según la documentación publicada por SEED, su mezcla incorporó suelo local, arenas y fibras, sin añadir cemento en la formulación final.
El colectivo reporta que las muestras alcanzaron una resistencia a compresión de 31 kilogramos por centímetro cuadrado en ensayos de laboratorio y que se realizaron simulaciones sísmicas.
De imprimir muros a construir una vivienda
El siguiente desafío es llevar la investigación a una escala habitacional. SEED prepara un prototipo de aproximadamente 75 metros cuadrados para evaluar cómo integrar los muros impresos con otros elementos indispensables de una casa.
La diferencia es importante: una impresora puede fabricar determinados componentes, pero una vivienda también necesita cimentación, cubierta, instalaciones hidráulicas y eléctricas, conexiones estructurales y acabados.
Proyecto TEMIS | Source : Kristina Olianiouk / Cortesía Por ello, Schwartzman reconoció que todavía sería prematuro afirmar que este sistema resulta más económico que una construcción convencional. La comparación tendrá que considerar todos esos elementos, además de la maquinaria, la mano de obra, el transporte y el mantenimiento.
Tampoco basta con que la tierra tenga buenas propiedades térmicas. Aunque puede contribuir a moderar las variaciones de temperatura en determinados espacios, su desempeño depende del clima, de la mezcla utilizada y del diseño arquitectónico.
¿Resistirían estas construcciones un sismo?
La seguridad es uno de los mayores retos para trasladar esta tecnología a viviendas habitadas.
Schwartzman explicó que los investigadores necesitan evaluar la resistencia a compresión, la unión entre las capas impresas, la respuesta ante movimientos laterales, la absorción de agua y el deterioro provocado por las condiciones ambientales.
Esto resulta especialmente importante en México, donde las características del terreno y las condiciones climáticas varían considerablemente entre regiones.
En estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas, el comportamiento sísmico es una preocupación central. Mientras tanto, en zonas de elevada humedad, como algunas regiones de Tabasco y Veracruz, resulta indispensable proteger las estructuras del contacto prolongado con el agua.
A ello se suma la regulación. En Ciudad de México, el Reglamento de Construcciones contempla procedimientos de evaluación para sistemas no incluidos en sus normas técnicas habituales, mediante evidencia analítica y experimental.
En consecuencia, demostrar que una mezcla puede imprimirse no es suficiente: también se debe acreditar que el sistema constructivo completo cumple con los requisitos de seguridad correspondientes.
¿Una alternativa para el problema de vivienda en México?
La discusión adquiere otra dimensión frente al rezago habitacional del país.
De acuerdo con la actualización de Sedatu y Conavi publicada en septiembre de 2026, México tiene 8.33 millones de viviendas en rezago, donde habitan aproximadamente 29.7 millones de personas.
Sin embargo, el problema no consiste exclusivamente en construir casas nuevas: cerca de tres de cada cuatro viviendas en esa condición requieren mejoramientos. Por lo tanto, la impresión 3D con tierra tendría que demostrar en qué necesidades puede ser útil, sin presentarse como una solución para todo el déficit.
Mientras avanzan las investigaciones, el Segundo Encuentro Global de Suelo Fértil, Biomateriales y Proyectos Regenerativos, programado para el 17 y 18 de octubre en Azcapotzalco, reúne propuestas relacionadas con construcción natural, bambú, prefabricados de tierra y fabricación digital.
Para Schwartzman, el potencial de estas tecnologías también radica en combinar conocimientos tradicionales con nuevas herramientas, en lugar de reemplazar indiscriminadamente los sistemas existentes.
El siguiente paso será demostrar que esas posibilidades pueden traducirse en viviendas seguras, accesibles y adecuadas para sus habitantes.
3 preguntas a
Karina Schwartzman, directora de Diseño Arquitectónico Bioclimático, cofundadora de SEED Collective y Tecorral Estudio
Karina Schwartzman, directora de Diseño Arquitectónico Bioclimático, cofundadora de SEED Collective y Tecorral Estudio. | Source : Alejandro Carballo / CortesíaMéxico tiene 8.3 millones de viviendas en rezago habitacional. ¿Qué necesidades concretas podría atender esta tecnología?
- El rezago habitacional en México es un problema complejo que no se resuelve únicamente construyendo más viviendas. También tenemos que preguntarnos qué tipo de viviendas estamos construyendo, con qué materiales, a qué costo ambiental y qué tan adecuadas son para las condiciones climáticas y culturales de cada región.
La impresión 3D con tierra tiene potencial para atender algunas de estas necesidades, particularmente mediante el aprovechamiento de materias primas locales, la reducción del transporte de materiales y la posibilidad de desarrollar sistemas constructivos adaptados a diferentes contextos.
La tierra, cuando está correctamente formulada y se utiliza en un sistema constructivo adecuado, puede aportar propiedades interesantes de inercia térmica, contribuyendo al confort interior. Sin embargo, su desempeño depende del clima, el diseño y las características específicas de la mezcla.
También estamos explorando cómo la fabricación digital puede optimizar el uso de materiales y determinados procesos de construcción, con el potencial de disminuir desperdicios y necesidades de mano de obra en algunas etapas.
Pero hay algo que para nosotros es fundamental: no queremos sustituir un modelo de construcción industrializado por otro que reproduzca los mismos problemas.
Queremos investigar cómo esta tecnología puede integrarse con recursos locales, conocimientos constructivos tradicionales y participación comunitaria, generando soluciones que respondan a las necesidades reales de las personas y sus territorios.
Preparan un prototipo de 75 m². ¿Por qué eligieron esa superficie? ¿Cuánto costaría una vivienda terminada de 60 m² frente a una convencional?
- El prototipo de 75 metros cuadrados representa una oportunidad para llevar nuestra investigación a una escala arquitectónica habitable y evaluar la integración de los distintos componentes que conforman una vivienda.
Más allá de imprimir muros, necesitamos estudiar cómo se resuelven los encuentros constructivos, las instalaciones, la cubierta, los sistemas estructurales y las condiciones de habitabilidad.
Es importante entender que la impresión 3D no construye automáticamente una vivienda terminada. Es una tecnología que interviene principalmente en determinadas etapas del proceso constructivo y que debe integrarse con otros sistemas.
Respecto al costo, todavía estamos en una etapa de investigación y desarrollo, por lo que sería prematuro establecer un precio definitivo por metro cuadrado o afirmar que esta tecnología ya resulta más económica que la construcción convencional.
Para realizar una comparación responsable debemos considerar el costo integral de una vivienda: cimentación, estructura, muros, cubierta, instalaciones, acabados, mano de obra, transporte, equipamiento y mantenimiento.
Además, actualmente estamos trabajando con tecnología experimental, por lo que los costos de investigación y desarrollo no necesariamente representan los costos que podría alcanzar el sistema al escalarse.
Nuestro objetivo no es solamente reducir el costo inicial de construcción, sino investigar cómo podemos generar viviendas con menor impacto ambiental, mayor confort y un mejor desempeño a lo largo de su vida útil.
¿Qué pruebas independientes de resistencia y durabilidad se han realizado y cuáles faltan para garantizar la seguridad de las viviendas?
- La seguridad estructural es uno de los aspectos más importantes de nuestra investigación. Estamos trabajando con un material que tiene miles de años de historia constructiva, pero al incorporarlo a un proceso de impresión 3D necesitamos estudiar su comportamiento bajo nuevas condiciones.
Es fundamental distinguir entre la construcción tradicional con tierra, sobre la que existe una amplia experiencia, y los sistemas de tierra impresos en 3D, que requieren procesos específicos de caracterización, ensayos y validación.
Entre los aspectos que deben evaluarse están la resistencia a compresión, la adherencia entre capas, el comportamiento ante esfuerzos laterales, la respuesta sísmica, la absorción de agua, la erosión y la durabilidad frente a diferentes condiciones ambientales.
También es importante estudiar los sistemas constructivos de manera integral. La seguridad de una vivienda no depende exclusivamente de la resistencia del material de sus muros, sino de su relación con la cimentación, la cubierta, las conexiones estructurales y el diseño arquitectónico.
En México, donde tenemos una gran diversidad de condiciones sísmicas y climáticas, estos estudios son indispensables.
Nuestro compromiso es avanzar hacia sistemas que puedan validarse mediante ensayos de laboratorio, pruebas estructurales y evaluaciones independientes, de acuerdo con las exigencias normativas correspondientes.
La innovación solamente tiene sentido si podemos garantizar que las soluciones que desarrollamos son seguras, duraderas y apropiadas para las personas que las van a habitar.