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El Financiero 19 Apr, 2026 07:45

De un aislamiento guerrillero, a rival de la Coca: Así surgió Big Cola en pleno conflicto armado en Perú

Pásele, amigo. ¿Se le antoja un refreso para este calor primaveral? Le ofrecemos la historia de cómo Pepsi fue creada en una farmacia. También tenemos el relato de cómo Coca-Cola llegó ‘de ilegal’ a México, o, si prefiere, le servimos la historia de Big Cola, bebida que nació en medio de un conflicto armado en Perú.

Mientras hay bebidas que surgieron como experimentos domésticos, como los refrescos Chaparritas, la historia de Big Cola se sitúa en Ayacucho a finales de los años 80, cuando varias regiones sufrieron aislamiento territorial provocado por la irrupción de un grupo guerrillero, que, tiempo después, fue contenido por el gobierno del expresidente Alberto Fujimori.

En medio de esa crisis, la familia Añaños vio una oportunidad de un negocio que creció como burbujas, ante la falta de marcas dispuestas a llevar bebidas refrescantes a las comunidades alejadas de la capital peruana.

¿Cuál es la historia de Big Cola y por qué nació en medio del conflicto armado en Perú?

Para entender la historia de Big Cola, hay que contar el conflicto armado de Perú a inicios de 1980, con la irrupción de Sendero Luminoso en zonas rurales del país andino.

Sendero Luminoso fue una organización armada de ideología maoísta que surgió en Ayacucho, bajo el liderazgo de Abimael Guzmán y con el objetivo de derrocar al Estado y establecer un nuevo orden político en Perú.

La irrupción de Sendero Luminoso derivó en una ola de violencia que afectó principalmente a comunidades campesinas. La región de Ayacucho se convirtió en el epicentro de la violencia, con constantes enfrentamientos, ataques a civiles y destrucción de infraestructura.

Las consecuencias no se limitaron a la seguridad; también afectaron directamente la economía regional.

El líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, falleció en 2021 en una cárcel de máxima seguridad en Perú.  [Fotografía. EFE]

Las carreteras se volvieron rutas de alto riesgo. Los denominados “paros armados” frenaban el tránsito de mercancías y obligaban a suspender actividades comerciales.

El transporte de productos desde Lima o desde otras ciudades dejó de ser constante, lo que interrumpió la distribución de bienes de consumo, incluidos refrescos como Coca-Cola y Pepsi.

A esto se sumó el deterioro de servicios básicos. Los ataques a líneas eléctricas provocaban apagones frecuentes, lo que complicaba cualquier actividad productiva.

En ese contexto, las empresas con operaciones nacionales no contaban con condiciones para mantener sus redes de distribución en zonas de conflicto armado.

El resultado fue una desconexión de amplias regiones peruanas. Las tiendas locales operaban con inventarios limitados y esa situación abrió espacio para productores locales capaces de operar sin depender de rutas externas.

La irrupción de Sendero Luminoso afectó principalmente a las comunidades campesinas de Perú. [Fotografía. AP]

Kola Real, el antepasado de la Big Cola que la familia Añaños sacó al mercado

En este contexto, la familia Añaños —integrada por Eduardo Añaños, Mirta Jerí y sus seis hijos— se vio obligada a abandonar sus actividades como agricultores y desplazarse a Huamanga para evitar la ola de violencia en Perú.

Una vez en Huamanga, la familia se dedicó a pequeñas actividades comerciales. Con la experiencia que tenían en la distribución de productos, entendieron qué consumía la gente y qué hacía falta en el mercado. Fue así cómo detectaron que, aunque la demanda de refrescos seguía presente, la oferta era irregular.

A partir de esa observación, la familia Añaños decidió elaborar su propia bebida gasificada y producirla en su propia casa. Para lograrlo, hipotecaron su casa por 30 mil dólares para comprar el equipo básico.

Las primeras producciones eran artesanales: preparaban el jarabe de forma manual, mezclaban los ingredientes con equipos básicos y embotellaban la bebida en envases reciclados, principalmente de cerveza.

Este recurso redujo costos iniciales y permitió operar sin depender de proveedores de envases. Limpiaban las botellas, etiquetaban a mano y salían a venderlas directamente en tiendas y barrios cercanos.

Así surgió Kola Real, proyecto en el que cada integrante de la familia participó, al asumir funciones en la producción, compra, distribución y ventas de refrescos.

Debido a su rápido crecimiento, Kola Real llegó hasta la ciudad de Lima en 1997. [Fotografía. AJE Group]

¿Cómo fue la transición hacia Big Cola?

El crecimiento de Kola Real se apoyó en una política de precios bajos y mayor volumen por envase. La empresa introdujo al mercado presentaciones más grandes que las de sus competidores.

Su enfoque en mercados populares resultó determinante. En lugar de competir en segmentos urbanos, dominados por grandes marcas, el negocio se posicionó en zonas periféricas y ciudades intermedias donde la competencia era limitada.

La distribución directa permitió mantener precios bajos y garantizar el abastecimiento. A medida que la demanda crecía, el modelo se replicó en ciudades como Huancayo, Bagua y Sullana, hasta llegar a Lima en 1997. La expansión fue progresiva, con la apertura de nuevas plantas conforme se consolidaba el mercado local.

La transición hacia Big Cola se dio a finales de los años 90 como parte de la estrategia de internacionalización. En ese proceso se consolidó la creación de AJE Group, empresa que agruparía todas las operaciones y marcaría el paso de un negocio familiar a una estructura corporativa.

La marca Big Cola surgió como la necesidad de expandir el refresco a otros países de Latinoamérica. [Fotografía. Big Cola]

¿Cómo fue el crecimiento internacional de Big Cola?

El cambio de nombre respondió a la necesidad de posicionar una marca con mayor alcance fuera de Perú. A partir de ese momento, la empresa inició una expansión acelerada en mercados internacionales.

El primer reto internacional fue Venezuela, seguido de Colombia, Ecuador y México. Este último representó uno de los mercados más difíciles de conquistar, debido a la fuerte presencia de competidores como Coca-Cola Femsa, actualmente dirigida por Ian Craig García, con una estructura consolidada en distribución y posicionamiento.

Posteriormente, comenzó la expansión de Big Cola a Asia con la instalación de una planta en Chon Buri, Tailandia, con una inversión inicial cercana a 15 millones de dólares, que funcionó como centro de operaciones para distribuir sus productos en países como Laos, Vietnam, Camboya e Indonesia. Más adelante, replicó el modelo en India con la instalación de la planta en Patalaganga.

Para 2015, se estimó que más de 100 millones de personas eran consumidores de Big Cola de forma regular, mientras que en India la empresa alcanzó una participación cercana al 8 por ciento del mercado de refrescos.

A nivel financiero, el crecimiento se reflejó de forma clara en sus ingresos. Para 2009, AJE Group alcanzó mil 110 millones de dólares en ventas globales, mientras que al año siguiente la cifra se elevó a alrededor de mil 300 millones de dólares, lo que representó un incremento superior al 15 por ciento anual.

Uno de los momentos cumbre de la marca llegó en 2010, cuando Big Cola concretó un patrocinio con el FC Barcelona. Esta alianza con uno de los equipos de futbol más reconocidos del mundo, con jugadores como Lionel Messi, Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Carles Puyol, amplificó su visibilidad en mercados clave.

El patrocinio de Big Cola con el FC Barcelona duró alrededor de 6 años. [Fotografia. Big Cola]

¿Quién es dueño de Big Cola actualmente?

Actualmente, Big Cola se mantiene bajo el control del Grupo AJE, con operaciones en más de 20 países. A pesar de su crecimiento, conserva elementos de su estructura original, con participación de la familia Añaños en la toma de decisiones y en la conducción estratégica.

La historia de Big Cola muestra cómo, en medio de una crisis de inseguridad, un análisis preciso puede convertirse en una oportunidad de negocio familiar capaz de expandirse y tener éxito a nivel internacional.

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