Hay hombres que construyen empresas, y hay hombres que forman generaciones… mi padre fue uno de esos.
Casi nunca escribo sobre él, pero hablar de lo que soy inevitablemente me lleva a hablar de Jesús Manuel Salayandía Reyes, nacido el 19 de junio de 1952 en Santa Bárbara, Chihuahua.
Su universidad no tuvo aulas. Fue el campo agrícola en Estados Unidos, donde trabajó siendo muy joven. Fueron los jardines que arreglaba en El Paso, fueron los talleres de torno donde aprendió los primeros oficios con las manos llenas de grasa y la mente llena de curiosidad; más tarde se fue a la Ciudad de México a abrirse camino.
Trabajaba todo el día en lo que fuera necesario, aquellos años lo formaron en algo que hoy parece escaso: la dignidad del trabajo y la visión del que aprende haciendo.
Cuando regresó a Ciudad Juárez a visitar a mis abuelos, la industria maquiladora apenas comenzaba a instalarse en la frontera, había oportunidades y decidió quedarse. Trabajó en Allen Bradley, en el Parque Bermúdez, y más tarde en Packard Electric, que con el tiempo se convertiría en Delphi y hoy es Aptiv.
Durante más de una década la maquila fue su escuela, ahí aprendió de procesos, de ingeniería, de liderazgo y de organización industrial. Terminó la preparatoria mientras trabajaba y comenzó a estudiar ingeniería en el Tecnológico de Juárez. Pero lo más importante que dejó ahí no fue un puesto, fue una generación de técnicos e ingenieros que después ocuparían puestos directivos en distintas maquiladoras.
A mediados de los años ochenta tomó una decisión que pocos se atrevían a tomar, se independizó. Mientras muchos veían la maquila como un destino, él la veía como una escuela para construir algo propio. Abrió su primer taller de maquinados, en aquellos años fue pionero en fabricar insumos para la industria maquiladora.
De ese taller salieron muchos chavos sabiendo manejar una rectificadora, una fresadora y muchos otros salieron a poner su taller. Con el tiempo los talleres fueron evolucionando y en una segunda etapa los talleres le entraron a la automatización impulsados por jóvenes que, como el, habían aprendido dentro de la maquila y querían construir algo más.
Durante años Ciudad Juárez llegó a ser la ciudad con más talleres de maquinados en todo el país, así se movía la economía de la frontera. Pero su mente nunca se quedó en un solo proyecto, también abrió una fábrica de costura donde se fabricaban uniformes deportivos, escolares y batas industriales, y trajo algo que en aquel momento parecía futurista: la primera máquina bordadora industrial del norte del país.
Recuerdo haber ido con él a Colorado a ver aquella máquina Melco de una sola cabeza que cambiaría la forma de hacer uniformes. Antes los logotipos se imprimían, con esa máquina comenzaron a bordarse. Ese era su estilo: ver antes que los demás lo que venía después.
Pero la lección más grande no fue sobre negocios. Un día le pregunté: Papá, ¿por qué no hiciste mucho dinero? Me miró y me respondió con una tranquilidad que solo tienen quienes entienden la vida. "Un buen empresario tiene más proyectos que dinero", luego agregó: "Si mi objetivo hubiera sido hacer dinero, hoy estarías en Nueva York, en el corporativo de mis empresas. Pero mi objetivo de vida es ser feliz y tener la mente en paz."
Y entonces me hizo una pregunta que sigo tratando de responder todos los días ¿Cuál es tu propósito de vida?
Esa fue mi escuela, eso aprendí. No hablar de Jesus Manuel Salayandía Reyes en el crecimiento y desarrollo industrial de Juárez seria hablar a medias. Participó en rotarios, en FECHAC, en organizaciones sociales y en espacios de formación filosófica. Siempre creyó que el empresario no solo debía construir empresas, sino construir comunidad. Desde que partió en septiembre de 2018 lo extraño profundamente, fue un hombre visionario, disruptivo, líder y profundamente humano.
De él, de ahí nació el nombre Thor. Hoy seguimos replicando esa escuela, la escuela de aprender, de emprender, de compartir conocimiento y de participar activamente en nuestra comunidad.
Porque un empresario verdadero no solo genera riqueza, genera oportunidades, genera talento, genera futuro.
Por eso hablamos, por eso participamos, por eso insistimos, no estamos improvisando: Estamos entrenados.
Y para quienes hoy dudan si emprender, si arriesgar, si construir algo propio….¿Estás dispuesto a entrenarte para cambiar tu entorno… o solo a adaptarte a él?