En el Madrid de los Austrias, los mentideros eran los corrillos donde la villa se enteraba de todo: de lo cierto, de lo inventado y de lo que convenía creer. Cuando Borja Anabitarte y Lara Alonso del Cid tomaron prestado el nombre para su primer restaurante, en 1999, tenían 23 y 20 años y andaban preparando su boda. Lara lo ha explicado alguna vez con mucha gracia: la comida corre de su cuenta; las verdades y las mentiras, de la de los comensales.
Veintisiete años después, aquel pequeño local de la calle Santo Tomé es el Grupo Mentidero: El Mentidero de la Villa en Almagro, La Sal, Las Brasas, La Borda, un catering que nació casi a la vez que su matrimonio y, ya frente al Cantábrico, La Casería de la Mar, en Comillas. Todo ello levantado en pareja y con una familia de seis hijos.
Lo que me interesa hoy, sin embargo, no es lo que sirven, sino lo que reparten.
El 20 de noviembre, La Borda del Mentidero acoge Porque Sí 5.0, la quinta edición de su fiesta benéfica. El nombre es una declaración de intenciones: no hay aniversario, ni campaña, ni excusa. Se celebra porque sí. Y en una ciudad donde las galas solidarias se parecen demasiado entre sí —photocall, discurso, cheque gigante—, esta tiene una mecánica que merece contarse.
Cada asistente paga 150 euros y, al comprar su entrada, propone la ONG que quiere apoyar. El Mentidero contacta con cada entidad, que debe aceptar participar. Y a mitad de la noche, delante de todos, un sorteo con bolas numeradas decide cuál se lleva la recaudación. Las organizaciones ya premiadas en ediciones anteriores —Bocatas, Prodis, Fundación Lukas u Olvidados, entre otras— quedan fuera, para que el dinero siga llegando a manos nuevas. Quien no pueda ir tiene su fila cero.
Hay algo muy sano en esa idea. La causa no la elige el anfitrión, sino los invitados. Obliga a cada asistente a pensar a quién quiere ayudar antes de pensar qué se va a poner (smoking o traje largo, por cierto). Y añade una tensión real a una noche que, de otro modo, sería solo —que no es poco— una gran fiesta.
Porque lo es: ostras Gillardeau, champán rosado, anchoas del Cantábrico, barra libre y DJ hasta que el cuerpo aguante. Borja y Lara llevan más de un cuarto de siglo dando de comer a Madrid, y saben que la mejor manera de que la gente abra la cartera es abrirle antes la puerta de casa.
Se puede ser cínico con las fiestas benéficas. Yo prefiero pensar que, en un año en el que casi todo exige justificación, hay cosas que no deberían necesitarla. Ayudar, por ejemplo. Porque sí. @mundiario