Durante años, en nuestra ciudad la desigualdad se ha podido ver a través del acceso a los diversos servicios. Se termina midiendo en tiempo. En horas de traslado que, para muchos, continúan definiendo su día de manera muy importante.
El transporte está en el centro de este punto. Hay familias que apenas coinciden, pero no por falta de interés, sino porque su dinámica interna está organizada en torno a trayectos largos, agobiantes, agotadores, inevitables. Salir antes del amanecer y regresar cuando se reduce el espacio para la convivencia impone una normalidad avasalladora. Y esa dinámica hace que se vaya perdiendo algo más profundo: la posibilidad de convivir.
Justamente por eso, cuando se habla de movilidad vale la pena ampliar la mirada y variar el ángulo. No solo es debatir sobre un tema de transporte, ya que es, en el fondo, una discusión sobre cómo se puede distribuir mejor el tiempo entre quienes viven en la misma ciudad.
La entonces Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, lo planteó en su momento con una idea que sigue teniendo plena vigencia: no se trata únicamente de mover personas, sino de acercar derechos. Y uno de esos derechos, aunque pocas veces se nombre así, es el uso del tiempo para fines distintos al empleo o la educación. El abrazo del padre o la madre, el apego de los hijos y esos momentos de convivencia, junto con la conversación que intercambia y actualiza cómo va la vida en lo individual, conforman los recuerdos más entrañables que todos conservamos y que han formado nuestra personalidad.
La óptica del actual gobierno, encabezado por Clara Brugada, trabaja todos los días para ampliar los ámbitos de la convivencia. No es solo un tema que se refiera a eso: el mejoramiento y la ampliación del transporte son, en el fondo, una discusión sobre cómo se distribuye el tiempo entre quienes viven en la misma ciudad.
Aproximar los trayectos y mejorar los medios no solo hace más eficiente el traslado. Reordena la vida cotidiana. Cuando una persona comienza a invertir menos horas en llegar a su trabajo, no solo gana minutos: recupera espacios que antes no existían. Puede estar en su casa, puede convivir, puede acompañar a quienes le son y le serán más próximos: su familia.
Ahí es donde la movilidad deja de ser técnica y se vuelve social. Porque ese tiempo recuperado no se queda en lo individual. Tiene efectos en la forma en la que se sostienen las familias, en la posibilidad de compartir, de construir rutinas comunes, de generar presencia.
La cohesión social no se construye únicamente desde el discurso. Se construye desde condiciones concretas. Y una de ellas es el tiempo disponible para estar con otros.
En esa lógica, lo que hoy se está consolidando en la ciudad tiene una lectura más amplia. La Jefa de Gobierno ha insistido en que el acceso a la ciudad debe ser equitativo. Y eso implica algo muy claro: que el lugar donde vives no determine cuánto tiempo pierdes todos los días en trasladarte.
Porque cuando se perfecciona la movilidad, ya sea por el mejoramiento del transporte o de las vías urbanas, no solo se acortan las distancias, sino que se reduce una brecha que durante mucho tiempo ha separado realidades dentro de la misma ciudad.
Agilizar los traslados, propósito en el que se trabaja todos los días desde las instancias gubernamentales, tiene un efecto directo: permite que la gente esté más tiempo donde importa. En su casa, con su familia, en su comunidad. Y ese cambio, aunque no se mida fácilmente, tiene implicaciones profundas.
Trabajos de fondo, como las encuestas y censos de la agencia estadística del Estado, el INEGI, o estudios específicos que se realizan a distintos niveles, dejan ver el efecto multiplicador que en el ámbito familiar tienen estas responsabilidades de gobierno.
Una ciudad más conectada o mejor vinculada no es solo una ciudad que se mueve mejor. Es un conglomerado urbano donde las personas pueden sostener vínculos, hacer más íntimos y sólidos los familiares, donde la vida cotidiana cada vez está menos influida por el transporte, donde el tiempo deja de ser un privilegio.
Al final, de eso se trata.
De socializar que la movilidad no solo acerca puntos en el mapa. También acerca personas. Y, en una ciudad como esta, eso es una forma concreta de justicia por la que se trabaja todos los días.
César Cravioto es Secretario de Gobierno de la Ciudad de México