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Quadratin 20 Apr, 2026 07:00

De política y de futbol: el arte de jugar bonito

Alguna vez habrán escuchado la aseveración, atribuida a Sacchi o Valdano, “el futbol es la cosa más importante de las menos importantes”. Ahora que se aproxima el mundial y que estamos cerca de la conclusión de la Champions podríamos extrapolar algunas circunstancias deportivas al acontecer político.

Para que un juego de futbol funcione se requiere de dos equipos y un cuerpo arbitral. Durante el desarrollo del partido es importante la competencia entre los equipos, cada uno busca vencer: meter goles e impedir que el contrario lo consiga.  Desde esta perspectiva encontramos intereses opuestos. Cada uno pretende conseguir el gol y evitar el del adversario. No hay medias tintas.

No obstante, para que haya juego es indispensable respetar unas reglas.  No es válido impedir el gol del otro a cualquier coste. Hace falta jugar y dejar que el otro juegue, desde esta óptica los equipos buscan intereses complementarios, aun cuando su táctica y estrategia de juego sean diferentes. Tener enfrente un buen rival respetuoso de las reglas hace que se juegue un mejor futbol.

Un ingrediente relevante es el arbitraje. La calidad de un árbitro depende de su imparcialidad, integridad y profundo conocimiento de las reglas. Un buen árbitro no puede ser parte, ni siquiera de corazón, de uno de los equipos. Está ahí para que se respeten las reglas y para garantizar que nadie sea perjudicado injustamente. El mejor árbitro es el que se nota poco, pero logra que cada equipo se dedique a desplegar un buen juego. En política, la analogía se mantiene. En una democracia son necesarios diversos actores que buscan el poder con el propósito de impulsar un proyecto específico. Esas propuestas serán distintas y, en muchos puntos, contrarias a las de otros grupos. Aquí también encontramos intereses opuestos que no pueden prevalecer simultáneamente. Para que la democracia funcione se requiere de intereses complementarios.

El aspecto más complejo de la democracia radica en comprender que, a diferencia de otros modelos políticos como la tiranía, importa que cada una de las diferentes propuestas tengan presencia en la arena democrática y contribuyan a la necesaria discusión, con el propósito de lograr acuerdos y gestionar proyectos, donde convivan las diferencias, al tiempo que abrazan objetivos complementarios.

Un encuentro futbolístico sin goles no suele ser el mejor espectáculo, ni el desarrollo más pleno de las capacidades deportivas de todos los participantes. Una democracia inmóvil donde no hay capacidad de lograr avances, termina haciéndose insostenible. Algo similar puede decirse de un partido donde un equipo es derrotado por una abultada diferencia de goles. Las victorias aplastantes no suelen ser muestra del mejor desempeño de todos los jugadores.

En una democracia, cuando la mayoría de las decisiones solamente cuentan con el apoyo de unos grupos políticos y el rechazo de otros, termina pareciéndose más un gobierno que no requiere de la oposición para alcanzar sus objetivos. Logra sus metas, pero en el fondo la que pierde es la democracia.

En política es esencial el acuerdo y el disenso; otro tipo de arreglos no pertenecen a este orden. Las mayorías que gobiernan una nación se engrandecen cuando saben escuchar las propuestas razonables de las minorías. Cada vez que escuchamos al otro y reconocemos su capacidad de aportar ensalzamos la democracia, en sentido contrario cuando solamente nos desoímos mutuamente, puede ser que se alcance una meta, pero también se ensancha una grieta. En definitiva, la esencia de la democracia no se limita al voto e implica un intercambio permanente de pareceres.

La mejor estampa deportiva es cuando un rival es capaz de reconocer e incluso aplaudir el buen juego del otro. Cada vez que nos damos cuenta de que es más importante jugar bien que simplemente ganar, aunque tengamos claro que en cada ocasión saltamos a la cancha buscando la victoria.

Muchas veces se ha dicho que lo importante de un viaje es el viaje mismo. Lo mismo le pasa a la democracia, lo relevante es vivirla, conservarla, fortalecerla y no simplemente lograr una victoria pasajera. El verdadero triunfo de la democracia es preservar un sistema donde todos sigamos teniendo voz y podamos libremente contribuir a la generación de un mejor futuro. También en política, si el contrario desaparece, el juego se acaba.

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