Por alguna razón propia de mi ranchera sensibilidad reconozco que cada que un presidente de México realizaba alguna gira internacional me brotaba un vaho de orgullo nacionalista, era como ver a tu selección de fútbol, sabiendo que no llegaríamos al 5º partido, pero al menos, esquivando el síndrome del Jamaicón.
Ver a los entonces presidentes bajar de las escaleras del avión Presidente Juárez TP01 y que fuesen recibidos por los dignatarios de las naciones o sus representantes diplomáticos me alborotaban el orgullo, pero también debo señalar que me llegué a guardar algunas dudas sobre el papel que harían nuestros tlatoanis; ¿recuerda los excesos de doña Carmen Romano de López Portillo en Francia? Dele una investigada y cuide su presión arterial, pues tanto la familia del “perro de la colina” como la parentela de Luis Echeverría fueron dignos ejemplos de la frase de pena ajena.
Ya en tiempos modernos le pedía al cielo que Calderón no se pusiera mala copa mientras se paseaba por Inglaterra en compañía de la realeza o que a Fox no se le ocurriera querer besar y abrazar a las primeras damas o a la reina Isabel II (¡cómo olvidar aquel saludo del guanajuatense a doña Isa: ¿Cómo está, mi Reyna?) o que a Peña no se le ocurriera contar chistes —muy clásico de él—, ¡ja, ja, ja! De López Obrador no me angustié, pues su repulsa a viajar y conocer otros países nos ahorró varios sustos… ¿Zedillo? Solo recuerdo que fue presidente por el hecho de que asesinaron a Colosio, solo eso.
Pero lo que hemos visto y leído acerca del viaje de la Presidenta Claudia Sheinbaum a Barcelona, España, es de verdad notable, no solo porque se trata del descongelamiento técnico entre México y España, sino porque la doctora, con todo lo que representa como Jefa del Estado Mexicano (así es, mis derechairos, también a ustedes les toca), pudo —pudimos— constatar que es bien vista, aceptada y reconocida por sus pares, mandatarios que conforman la línea ideológica que lucha en contra del hombre naranja del imperio.
Esta cumbre no solo es valiente por lo que significa asomar el cuello en tiempos en donde Donald Trump está buscando quién se la pague, sino que alimenta los músculos de una izquierda en el mundo que ha sido brutalmente atacada por los choznos del nacionalsocialismo, representado por el de los EUA, y que ha sido el propio Trump el incitador de ataques en contra del propio presidente de España, Pedro Sánchez, y de todas y todos los que en Barcelona se dieron cita.
Sheinbaum, Lula, Petro tienen agallas, pero también hay que subrayarlo, nuestra líder y los demás mandatarios olieron la sangre en el mar y el diagnóstico no les ha fallado, pues ven a un Trump disminuido, ahogándose en albercas de excremento y soportando la lápida del desprestigio en su partido y el repudio de la mayoría de sus paisanos.
La cumbre en Barcelona es ya un anuncio serio del haberle perdido el miedo al tirano, y aunque Trump haya montado en cólera y esté muy molesto con México y su presidenta (Loret se proyectó al advertir que Trump se enojaría si Sheinbaum acudiese a Barcelona, convirtiéndose en vocero de la Casa Blanca); le digo, a pesar de todas las advertencias, las naciones consideradas progresistas dieron una muestra de verdadera libertad y coraje, nada cercano a la abyecta conducta del club llamado escudo de las Américas, con presidentes sudorosos y babeantes como Milei o Bukele, esperando poder ser acariciados por las manos del socio de Epstein, quien, ¿en paz descanse?
La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ya está de regreso y podría utilizar la frase muy sobada de que fue todo un éxito, pero esto tiene que ver más allá de la cosecha de simpatías o que haya robado reflectores durante su alocución; en esta visita se ha instaurado una manera diferente de encabezar la diplomacia, una mucho más planificada, con la sutileza de una mujer que lidera y convence, cuyo imán de personalidad provoca que los Jefes de Estado de las otras naciones la cataloguen como la figura en el mundo que pinta con dignidad a su país frente a la brutalidad trumpiana.
No hubo estridencia, no se asomaron los tradicionales brochazos de populismo ni se montó la cumbre para insultar a otros pueblos. Lo que ahí ocurrió es el sello de corrientes políticas (cargadas de imperfecciones, pero mucho más humanas comparadas con otras ofertas), corrientes de lucha que han puesto en el centro de sus políticas sociales a los más pobres (y ponerlos en la agenda pública ya es un paso relevante en sí mismo), a los que fueron y han sido abandonados por ese fracaso llamado liberalismo económico.
De verdad lo digo, tenía mucho que no sentía inflar el pecho de orgullo por una visita presidencial en otro país… con el significado de que haya sido en la Española, misma que no hace mucho, columnistas críticos de hoy (y complacientes con el ayer) lanzaban gritos de plañideras exigiendo respetar a la península ibérica.
Ya solo nos faltaría, y lo digo muy en serio, que en un par de años la Presidenta Sheinbaum llegue a Washington y la reciban en hombros y con música de mariachi en la calle Pensilvania, ahí, en la entrada de la Casa Blanca, una muestra de la resistencia mexicana ante la brutalidad de Trump. Ya me vi y sí, será como llegar al 5º partido.
Por cierto, el próximo año, las naciones progresistas del mundo se reunirán en México.
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