Gianni Infantino acaba de recibir uno de los golpes simbólicos más incómodos desde que llegó a la presidencia de la FIFA en 2016. La Asociación Suiza de Fútbol ha retirado oficialmente el apoyo que había concedido en junio a su candidatura para continuar al frente del organismo en 2027. No se trata únicamente de otra federación europea que se distancia del mandatario: Infantino nació en Suiza y es precisamente la federación de su propio país la que ahora considera que ya no puede respaldarlo.
La decisión se tomó el 25 de septiembre después de una «reevaluación exhaustiva» de los acontecimientos de los últimos meses. La federación helvética puso sobre la mesa cuestiones especialmente graves para cualquier presidente de un organismo internacional: liderazgo, gobernanza, transparencia, rendición de cuentas y procesos de toma de decisiones. En junio existía confianza; tres meses después, la propia Suiza considera que las condiciones para mantenerla ya no se cumplen.
Dos asuntos aparecen en el centro del desencuentro. Por un lado, el denominado caso Balogun, que abrió dudas sobre la claridad reglamentaria y la integridad de las competiciones. Por otro, FIFA Forward Enterprise, el proyecto impulsado para crear una estructura comercial vinculada a los derechos de los grandes torneos de la FIFA y permitir la entrada de capital privado. La iniciativa terminó retirada en julio después de generar una oposición considerable dentro del fútbol internacional.
Este último episodio abrió una grieta especialmente profunda. El proyecto contemplaba que inversores externos pudieran adquirir hasta un 20% de la nueva estructura que gestionaría derechos comerciales de competiciones de la FIFA. Sus críticos cuestionaron tanto el modelo como el procedimiento utilizado para desarrollarlo y denunciaron una falta de participación de los órganos y confederaciones afectados. FIFA ha defendido que el proyecto estaba destinado a generar más recursos para el desarrollo del fútbol y posteriormente anunció una revisión de sus procedimientos internos.
Pero el problema para Infantino ya trasciende aquel proyecto. Inglaterra, Gales, Francia y Serbia figuran entre las federaciones europeas que también han retirado su respaldo, mientras que dirigentes de Alemania, Países Bajos, Suecia y otros países han reclamado cambios más profundos en la gobernanza de la FIFA. Incluso Premier League, Bundesliga, Serie A y La Liga reclamaron conjuntamente reformas estructurales y mayor participación de los diferentes actores del fútbol en las grandes decisiones.
La relación con la UEFA tampoco atraviesa precisamente su mejor momento. Aleksander Ceferin ha elevado públicamente el tono contra la gestión de Infantino y la organización europea ha cuestionado la forma en la que se desarrolló FIFA Forward Enterprise. La FIFA, por su parte, acusa a la UEFA de impulsar una campaña contra su presidente ante las próximas elecciones. La batalla ha dejado de ser únicamente económica para convertirse en una disputa sobre quién toma las decisiones y cómo se gobierna el fútbol internacional.
Ahí adquiere otra dimensión el movimiento de Suiza. La FIFA tiene su sede en Zúrich, la UEFA está instalada en Nyon y el propio Infantino nació en Brig, en el cantón del Valais. La federación suiza subrayó incluso su «especial responsabilidad» como asociación del país que alberga las sedes de los dos grandes organismos. Que sea precisamente ella la que retire el respaldo convierte una crisis internacional en algo mucho más cercano para el presidente.
Eso no significa que Infantino haya perdido la presidencia ni que su reelección esté comprometida de forma automática. Las elecciones se celebrarán el 18 de marzo de 2027 en Rabat y, por ahora, el actual presidente continúa siendo el único candidato confirmado. La FIFA está formada por 211 federaciones y el respaldo europeo representa solo una parte del mapa electoral. A día de hoy tampoco hay confirmado oficialmente un rival que vaya a enfrentarse a él.
Pero las elecciones son una cosa y la autoridad política dentro del fútbol, otra. Infantino puede conservar apoyos suficientes fuera de Europa y, al mismo tiempo, comprobar cómo federaciones que hace apenas unos meses estaban detrás de él empiezan a apartarse. Que una de ellas sea la de su propio país no decide unas elecciones, pero sí deja una imagen difícil de ignorar: cuando hasta Suiza considera que no puede seguir avalando la forma en la que se dirige la FIFA, el problema ya no puede presentarse simplemente como una pelea entre Infantino y la UEFA. @mundiario