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Mundiario 01 Oct, 2026 09:41 (5 min de lectura)
Riesgo / Alerta

Cristiano Ronaldo y una pataleta que vuelve a manchar su despedida

Cristiano Ronaldo y una pataleta que vuelve a manchar su despedida
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Cristiano Ronaldo abandona la concentración tras no ser titular ante Noruega.
• El entrenador Jorge Jesus prioriza el resultado sobre los compromisos de minutos del delantero.
• La reacción demuestra problemas para aceptar que el fútbol ya no gira a su alrededor.

Cristiano Ronaldo tiene 41 años y parece seguir sin entender algo básico: un entrenador no puede prometer cómo va a desarrollarse un partido. Jorge Jesus le comunicó que no sería titular ante Noruega y que podría disponer de minutos en la segunda mitad, pero Portugal terminó defendiendo una ventaja y el contexto pedía otra cosa. Si tienes que proteger un resultado, difícilmente vas a recurrir a un delantero de 41 años que ya no puede ofrecer la presión, el repliegue y el esfuerzo defensivo de otros compañeros. El entrenador está para leer el partido, no para cumplir compromisos de minutos adquiridos en un vestuario.

Por eso sorprende tanto parte del debate generado alrededor de Jorge Jesus. ¿Qué debía hacer? ¿Sacar a Cristiano porque había calentado? ¿Cambiar el plan de partido para evitar que se enfadara? Gonçalo Ramos había marcado y Portugal necesitaba sostenerse. La obligación del seleccionador era ganar, no gestionar las estadísticas ni el ego de ningún futbolista, por importante que haya sido.

La reacción posterior es lo verdaderamente difícil de justificar. Cristiano abandonó la concentración portuguesa después de conocer que tampoco partiría como titular en el siguiente compromiso. Una pataleta impropia de su edad, de su trayectoria y, sobre todo, de alguien que durante tantos años representó a Portugal con el brazalete de capitán.

Gestión del adiós

Y tampoco sería la primera vez que Cristiano convierte una situación incómoda en una salida poco elegante. Su marcha del Real Madrid en 2018 fue institucionalmente correcta y terminó con un traspaso acordado con la Juventus, pero escogió un momento especialmente inoportuno para abrir públicamente la puerta de salida. Apenas terminada la final de Kiev que dio al Madrid su tercera Champions consecutiva, Cristiano soltó aquel «fue muy bonito estar en el Real Madrid» mientras el club todavía celebraba el título. El foco pasó inmediatamente de la Copa de Europa a su futuro.

En la Juventus la ruptura fue más abrupta. En agosto de 2021, con la temporada ya comenzada y el mercado a punto de cerrarse, comunicó a Massimiliano Allegri que no quería continuar. Dejó de entrenar con el grupo, quedó fuera de convocatoria y precipitó una salida hacia Manchester cuando el club italiano apenas disponía de margen para reaccionar.

Y en el Manchester United llegó probablemente el episodio más grave. En octubre de 2022 se negó a entrar como suplente ante el Tottenham y abandonó Old Trafford antes de que terminase el partido. Erik ten Hag lo apartó temporalmente. Semanas más tarde concedió la entrevista a Piers Morgan en la que aseguró sentirse traicionado por el club y afirmó que no respetaba al entrenador. Poco después, United y Cristiano rescindieron su contrato.

Portugal tampoco es territorio desconocido para este tipo de conflictos. En el Mundial de Qatar 2022, Fernando Santos sustituyó a Cristiano contra Corea del Sur y posteriormente reconoció que no le había gustado su reacción. En el siguiente encuentro, ante Suiza, lo dejó en el banquillo. Portugal ganó 6-1 y Gonçalo Ramos marcó tres goles. La familia del delantero cargó después contra Santos y aquella decisión técnica terminó convertida en otro conflicto alrededor de Cristiano.

Cuatro años después, la cuestión vuelve a ser prácticamente la misma: aceptar que ya no es imprescindible. Cristiano continúa persiguiendo los 1.000 goles y sigue queriendo competir al máximo nivel posible, algo legítimo. Lo que no puede exigir es que Portugal adapte sus partidos a ese objetivo. Una selección no existe para aumentar estadísticas individuales y Jorge Jesus no puede gestionar cada cambio pensando en qué necesita Cristiano para acercarse a una cifra personal.

Ojo a las sanciones

Además, esta vez la pataleta podría tener consecuencias reglamentarias. El Reglamento Disciplinario de la Federación Portuguesa de Fútbol contempla sanciones para un jugador regularmente convocado que abandone de manera injustificada una actividad de la selección. La normativa prevé entre uno y seis meses de suspensión y, para futbolistas profesionales, una sanción económica de entre cinco y diez unidades de cuenta.

Eso no significa que Cristiano esté sancionado. La Federación Portuguesa tendría que determinar primero si su salida fue injustificada y decidir si abre un procedimiento disciplinario.

Y ahí aparecerá otro debate delicado. Cristiano Ronaldo ha sido probablemente el futbolista más importante de la historia de Portugal, pero precisamente por eso cualquier decisión federativa tendrá una enorme exposición. Si existe una norma aplicable, su condición de leyenda no debería convertirlo en una excepción.

Cristiano merece una despedida a la altura de Cristiano. Pocos futbolistas han dado tanto a una selección y ninguno ha marcado tantos goles con una absoluta masculina. Pero una carrera gigantesca no concede derecho de propiedad sobre un once, sobre unos minutos ni sobre las decisiones de un entrenador.

A los 41 años, quizá la última gran batalla de Cristiano Ronaldo no sea alcanzar los 1.000 goles, sino aceptar algo mucho más sencillo y mucho más difícil para alguien que pasó dos décadas siendo imprescindible: que los tiempos del fútbol los marca el partido y que Portugal ya no siempre lo necesita. La manera en la que ha reaccionado vuelve a ensuciar una trayectoria demasiado grande como para necesitar este tipo de finales. @mundiario

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