Guanajuato.- Antes de que las primeras lluvias intensas pongan a prueba la infraestructura pluvial, el Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guanajuato (SIMAPAG) arrancó una jornada preventiva de limpieza profunda en 620 rejillas y bocas de tormenta distribuidas en distintos puntos de la ciudad.
Las acciones buscan reducir riesgos de encharcamientos y asegurar el correcto flujo del agua, especialmente en zonas donde la acumulación de desechos suele provocar taponamientos. Colonias y vialidades como Tepetapa, Embajadoras, San Javier, Marfil, Yerbabuena y la avenida Santa Fe forman parte de esta primera etapa, cuyos trabajos se realizan en horarios nocturnos para no afectar la movilidad.
Vecinos y comerciantes de estas zonas reconocen la importancia de estas labores, pero coinciden en que el problema de fondo sigue siendo la basura. “Cada año es lo mismo: limpian y a los pocos días ya hay bolsas, botellas y hasta escombro en las coladeras”, comentó comerciante en Embajadoras. “No sirve de mucho si la gente sigue tirando basura en la calle”.
Antes de que las primeras lluvias intensas pongan a prueba la infraestructura pluvial, el Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guanajuato (SIMAPAG) arrancó una jornada preventiva de limpieza profunda en 620 rejillas y bocas de tormenta. Foto: Cortesía de SIMAPAG.
En Tepetapa, don Ernesto Ramírez, vecino de la zona, señaló que durante las lluvias pasadas el agua alcanzó a entrar a algunas viviendas.
Luego vemos cómo sacan montones de basura de las alcantarillas. Eso no llega solo, lo tiramos nosotros mismos”, dijo, haciendo un llamado a la conciencia colectiva.
Por su parte, el SIMAPAG informó que esta estrategia continuará en una segunda etapa durante agosto, con el objetivo de intervenir las 817 rejillas que conforman la red pluvial de la capital. Además, tras las lluvias recientes ya se realizaron trabajos emergentes en Paseo de la Presa y la calle Subterránea.
Tan solo en 2025, el organismo retiró 202 toneladas de residuos de la red de drenaje, entre arena, plásticos, vidrio y otros materiales. Cifras que, más allá del esfuerzo institucional, evidencian la urgencia de cambiar hábitos.
Nos toca a todos. Si queremos evitar inundaciones, lo primero es no usar la calle como basurero”, resumió María González, comerciante en Marfil.
Contaminación en México
Según datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) la situación de la contaminación en México ha evolucionado de ser un problema focalizado en zonas industriales a convertirse en una crisis sistémica de salud pública y ambiental que afecta el tejido mismo de la sociedad.
A través de las últimas décadas, el crecimiento demográfico descontrolado y un modelo de consumo lineal han posicionado a México en lugares críticos dentro del ranking mundial; según datos de la Organización para las Naciones Unidas y el Banco Mundial, el país se ubica frecuentemente entre los 15 mayores emisores de gases de efecto invernadero a nivel global, mientras que en América Latina, ciudades como la Ciudad de México y Monterrey suelen disputar los primeros puestos en mala calidad del aire.
En cuanto a la contaminación del suelo y mares, se estima que México vierte al año más de 0.12 millones de toneladas de residuos plásticos en el océano, ocupando una posición alarmante en la generación de plásticos de un solo uso en la región. Esta acumulación de desechos no solo obstruye las infraestructuras urbanas, provocando inundaciones que destruyen el patrimonio ciudadano, sino que también degrada los ecosistemas de forma irreversible.
La flora y fauna del país enfrentan una pérdida de biodiversidad sin precedentes; el 50 % de las especies marinas han ingerido microplásticos en algún punto de su ciclo de vida, mientras que la degradación del suelo por lixiviados y basura química reduce la capacidad agrícola y contamina los mantos acuíferos de los que depende la población.
En términos de salud humana, el impacto es directo y devastador: la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la contaminación ambiental es responsable de aproximadamente 14,700 muertes prematuras al año en México debido a enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer de pulmón.
A nivel mundial, sitios como el río Santiago en Jalisco o la zona de Tula en Hidalgo han sido catalogados por relatores de la ONU como “zonas de sacrificio” ambiental debido a sus niveles extremos de toxicidad. La evolución de esta problemática demuestra que no se trata de un fenómeno aislado, sino de un desafío que requiere un cambio de paradigma en el comportamiento civil, pues la persistencia de tirar basura en la vía pública, que tan solo en 2025 derivó en el retiro de 202 toneladas de residuos en Guanajuato capital, es el síntoma de una crisis educativa que compromete la viabilidad de las ciudades ante el cambio climático.
LF