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Mundiario 20 Apr, 2026 17:53

En Hungría la democracia se mostró mas resistente que quienes intentan doblegarla

Budapest es una de las ciudades más bellas de Europa capaz de evocar en el visitante el recuerdo de una grandeza histórica. Pero hasta el domingo 12, allí se podía constatar un  sentimiento extendido de tristeza en muchos ciudadanos que coincidían en que el país había perdido buena parte de los valores democráticos recuperados tras la caída del Muro.

Según ellos, durante dieciséis años el gobierno de Viktor Orbán, además de deteriorar el nivel de vida, acometió una demolición del Estado de derecho: domesticó el Parlamento, presionó al Poder Judicial hasta maniatarlo, colonizó instituciones, hostigó a medios críticos y situó a afines al frente de grandes empresas. Un modelo político que, según muchos analistas, guarda paralelismos con el deterioro de la democracia en España que se percibe en la separación de poderes, en acosar a los jueces, ocupar instituciones y empresas, eliminar controles democráticos al poder...

Con los resultados difundidos, presiento que aquellas personas habrán recuperado la esperanza. Tras años de “democracia iliberal”, los húngaros dieron la victoria a Péter Magyar, candidato de la derecha moderada que se presentó como alternativa al estilo de gobierno autocrático. Aun así, no tendrá fácil desmontar dieciséis años de un poder polarizador en lo interno y prorruso, protrumpista y prochino en política exterior. Los comicios dejan cuatro consecuencias claras.

Una: Europa recupera un socio fiable. La relación entre la UE y el gobierno de Orbán estuvo marcada por tensiones y vetos, y la llegada de Magyar, más alineado con los valores democráticos europeos, abre la puerta a una etapa de cooperación leal.

Dos: lo ocurrido en Hungría supone un revés para figuras como Donald Trump, Vladimir Putin o Xi Jinping, que pierden un aliado estratégico. Su apoyo y respaldo ya no garantiza una victoria electoral y los modelos de poder autocrático encuentran rechazo cuando la ciudadanía percibe riesgos para la calidad democrática.

Tres: el terremoto político húngaro impacta en las ultraderechas europeas, también en España. Orbán era una referencia para varios partidos que mantuvieron vínculos políticos e incluso recibieron su apoyo financiero. Su caída implica la pérdida de un aliado influyente y envía un aviso a quienes cuestionan derechos sociales o principios institucionales. Los ciudadanos castigan esas derivas.

Cuatro y quizá lo más importante. Incluso donde el poder parece consolidado, como en la Hungría de Orbán, la ciudadanía conserva la capacidad de corregir el rumbo. Lo ocurrido demuestra que la democracia puede ser erosionada, pero no anulada, es una energía ciudadana que recupera toda su fortaleza para quitar y dar el gobierno. Hungría acaba de mostrar que, tras años de deriva iliberal, la democracia sigue siendo más resistente que quienes intentan doblegarla. @mundiario

 

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