El mundo está cambiando a una velocidad que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar. La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida y está transformando la manera en que trabajamos, producimos y nos relacionamos. Lo que viene todavía es incierto, pero algo es claro: las nuevas generaciones necesitarán prepararse para un entorno muy distinto.
¿Qué papel juega nuestra frontera en este nuevo escenario? De eso platiqué el domingo pasado con estudiantes de la Universidad Vizcaya de las Américas. Siempre me enriquece conversar con los jóvenes. La intención es poner sobre la mesa que Ciudad Juárez está llena de oportunidades, aunque también enfrenta retos complejos. Estas generaciones tienen que subirse al tren: hay mucho por hacer y no podemos esperar que alguien más resuelva todos los problemas. Muchas veces, quienes sacan adelante a una ciudad son sus propios habitantes.
Empezamos hablando del contexto global y de las tensiones geopolíticas recientes. En una ciudad como la nuestra, lo que ocurre en otras partes del mundo puede tener un impacto directo en lo que se manufactura aquí. Nuestra economía está conectada con cadenas de producción internacionales; entender esa realidad también ayuda a reconocer las oportunidades y los riesgos que tenemos enfrente.
Después revisamos la estructura poblacional de Juárez. Alrededor del 70 por ciento de la población está entre los 15 y los 65 años: contamos con una amplia población en edad productiva, una condición que vuelve atractiva a la ciudad. También hablamos del crecimiento acelerado que vivimos entre 1990 y 2000, cuando pasamos de casi 800 mil habitantes a 1.2 millones. Crecimos mucho y no con el orden y la planeación necesarios.
La conversación llegó al mercado laboral. Según las cifras que revisamos, entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, la tasa de desempleo pasó de 1.7 a 2.7 por ciento; el autoempleo subió de 12.7 a 13.8 por ciento, mientras que la participación económica bajó de 63.6 a 62.1 por ciento. Son señales que invitan a mirar con atención qué está pasando: quiénes están encontrando trabajo, quiénes quedan fuera y qué empleos se están creando.
También hablamos de nuestra dependencia de la industria maquiladora de exportación, que concentra cerca del 60 por ciento del empleo formal de la ciudad. La manufactura ha perdido plazas, mientras los servicios y el comercio han ganado algunas. Es una señal positiva que otros sectores crezcan, aunque difícilmente podrán absorber por sí solos todo el empleo perdido en la manufactura. Pero qué tipo de trabajos estamos generando, cuánto pagan y qué talento necesitan las empresas.
Chihuahua sigue rompiendo récords de exportación. Sin embargo, ese crecimiento no siempre se refleja en más empleos o en un desarrollo que se sienta en la vida diaria de Juárez. Juárez tiene una economía conectada con el mundo, una fuerza laboral joven y una larga experiencia exportadora. Sin embargo, ese potencial no siempre se traduce en empleos de calidad, mejores salarios o más oportunidades para quienes terminan sus estudios. Esa distancia entre lo que la ciudad produce y lo que sus habitantes reciben fue una de las preguntas centrales de mi conversación con los estudiantes: ¿cómo hacemos para que el crecimiento económico también se convierta en bienestar y futuro para la gente de Juárez?
Al final, el intercambio se volvió una conversación sobre su futuro. Frente a estudiantes de Administración y Comercio Internacional, surgieron preguntas importantes: ¿qué oportunidades tendrán al terminar sus estudios?, ¿qué necesitamos para construir una ciudad menos desigual?, ¿cómo hacemos que emprender y abrir una empresa sea más sencillo?
Mi respuesta es que Juárez tiene que convertirse también en una ciudad que genere empresas, talento y nuevas oportunidades. Para eso hace falta el trabajo conjunto de la sociedad, el gobierno, las universidades y el sector privado. No basta con preguntarnos qué nos hace falta: también tenemos que decidir qué podemos hacer cada quien para cambiarlo.
Cerramos hablando de una crisis que va más allá de la economía: una crisis de confianza y de colaboración. A veces parece que nos ayudamos menos, que la política se aleja de las necesidades de la gente y que el sector empresarial enfrenta tanta incertidumbre que no sabe cuál es el siguiente paso. Precisamente por eso necesitamos más diálogo y nuevas ideas.
Salí de la Universidad Vizcaya agradecido por la invitación y por las preguntas de los estudiantes. Conversar con ellos permite mirar Juárez desde otra perspectiva. La ciudad tiene problemas reales, pero también tiene gente joven, preparada y con ideas. Mostrarles las oportunidades es importante; hacer equipo para que puedan aprovecharlas lo es todavía más.