A las ocho en punto, las guitarras comenzaron a reclamar su territorio. Ante una Arena VFG que todavía dejaba ver algunos espacios vacíos, Extreme apareció en el escenario para saldar una deuda con el público mexicano: presentarse por primera vez en el país y, particularmente, en Guadalajara.
La banda estadounidense llegó con una descarga de su legado musical, dispuesta a demostrar que el rock no necesita un recinto completamente lleno para encender la noche. Bastaron los primeros acordes, la potencia de la voz de Gary Cherone y la destreza de Nuno Bettencourt en la guitarra para convocar a quienes llegaron temprano con la intención de descubrirlos en vivo.
El tiempo de Extreme sobre el escenario fue breve, pero suficiente para dejar un buen sabor de boca. Su repertorio incluyó canciones emblemáticas como “More Than Words”, uno de los temas que llevaron al grupo a conquistar audiencias más allá del circuito del hard rock, además de una muestra de la energía que ha sostenido su trayectoria.
Concierto | Source : Foto: Gabriela Acosta
Concierto | Source : Foto: Gabriela AcostaCherone, al frente de la agrupación, y Bettencourt, convertido en uno de los grandes protagonistas de la noche gracias a sus ejecuciones en la guitarra, recordaron que el virtuosismo sigue siendo parte esencial de la identidad de Extreme.
La banda cerró su participación con un homenaje a Ozzy Osbourne, un gesto que convirtió el final de su presentación en un tributo a una de las figuras fundamentales de la historia del rock y el heavy metal.
Concierto | Source : Foto: Gabriela AcostaEl paso de Extreme por Guadalajara tuvo, así, un significado especial: más allá de la duración de su set, el público pudo presenciar el debut mexicano de una agrupación que durante décadas había permanecido pendiente en la lista de conciertos por vivir de muchos seguidores.
Def Leppard: el regreso de los himnos
Pasadas las 21:39 horas, la Arena VFG volvió a concentrar las miradas. Def Leppard apareció en escena con todo el brillo, la producción y el glamour que han convertido a la agrupación británica en una de las grandes referencias del rock de estadios a nivel mundial.
Concierto | Source : Foto: Gabriela AcostaEl cambio de energía fue inmediato. Si Extreme había ofrecido una dosis concentrada de virtuosismo, Def Leppard tomó el escenario para desplegar la maquinaria de una banda acostumbrada a convertir sus conciertos en celebraciones colectivas.
Joe Elliott, al frente de la agrupación, saludó al público tapatío con entusiasmo y reconoció que había pasado tiempo desde su última visita.
“¿Cómo están? ¡Qué gusto estar aquí! Ha pasado tiempo. ¿Están listos para esto?”, expresó el vocalista, quien invitó a los asistentes a hacer ruido durante una noche especial: el último concierto de esa etapa de la gira en México.
Concierto | Source : Foto: Gabriela Acosta“Este es nuestro último concierto en México en esta gira, así que nos encantaría que hicieran mucho ruido esta noche, para que tengamos algo que llevarnos a casa”, dijo Elliott.
La petición fue también una invitación a dejarse llevar por el repertorio de una banda que ha construido buena parte de su historia sobre canciones capaces de sobrevivir al paso de las décadas.
“¿Qué van a escuchar esta noche? Algunas viejas y algunas nuevas, como ya han escuchado”, adelantó el cantante antes de agradecer la referencia musical a Depeche Mode que había sonado previamente.
Concierto | Source : Foto: Gabriela AcostaEntonces llegó el momento de viajar en el tiempo.
“¿A dónde vamos a ir ahora? Volvamos a 1981, al álbum High ’n’ Dry. ¿Están listos aquí arriba? ¿Están listos allá arriba?”, lanzó Elliott, dispuesto a conectar el presente con los primeros años de una trayectoria que marcó a generaciones de seguidores.
La noche avanzó entre coros, guitarras y una audiencia dispuesta a reconocerse en las canciones. El duelo de guitarras no tardó en llegar, mientras la batería sostenía el pulso de una presentación en la que la experiencia de los músicos se convirtió en uno de los principales atractivos.
La música también encontró espacio para los guiños a otras leyendas. Después de la referencia a Depeche Mode con Personal Jesus, el concierto incorporó ese espíritu de complicidad entre bandas y generaciones que caracteriza a las grandes noches de rock: un lenguaje compartido en el que los riffs y los coros suelen decir más que cualquier discurso.
Concierto | Source : Foto: Gabriela Acosta
Concierto | Source : Foto: Gabriela Acosta
Concierto | Source : Foto: Gabriela Acosta
Concierto | Source : Foto: Gabriela AcostaA las 22:56 horas llegó el encore, la última oportunidad para prolongar una velada que había reunido dos formas de entender el género: la energía técnica y directa de Extreme y el espectáculo de grandes himnos de Def Leppard.
Una noche para guardar en la memoria
La Arena VFG no necesitó mostrar una ocupación total para convertirse en escenario de una noche memorable. La asistencia dejó espacios visibles, pero quienes acudieron encontraron razones suficientes para celebrar: el debut mexicano de Extreme, la oportunidad de escuchar a Def Leppard y la posibilidad de compartir canciones que han acompañado distintas etapas de sus vidas.
El valor de la noche estuvo también en el contraste. Extreme representó la emoción de descubrir en directo a una banda largamente esperada; Def Leppard, la certeza de volver a encontrarse con un repertorio que conserva su poder para reunir voces frente al escenario.
Concierto | Source : Foto: Gabriela Acosta
Concierto | Source : Foto: Gabriela AcostaAl despedirse, Joe Elliott agradeció a Guadalajara y dejó abierta la puerta a un próximo encuentro.
“Muchas gracias, Guadalajara. Nos vemos próximamente”, fue el mensaje final para un público que convirtió el miércoles en una celebración del rock.
Porque, al final, el ritual no se mide solamente por el número de personas que ocupan una arena. También se construye con una canción esperada durante años, una guitarra que reclama atención, una multitud que reconoce los primeros acordes y una despedida que deja ganas de volver.
En la Arena VFG, Extreme y Def Leppard compartieron esa noche: dos capítulos distintos de la historia del rock, unidos por el volumen, la memoria y el placer de escucharlos en vivo.