La vivienda se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la economía de los trabajadores en España. Aunque los salarios han aumentado durante los últimos años, ese avance resulta insuficiente para seguir el ritmo del mercado inmobiliario. Un informe del gabinete económico de CC OO pone cifras a esta distancia: entre 2013 y 2026, el precio de la vivienda en propiedad se incrementó un 108%, mientras que el salario medio creció un 30% en términos nominales. La consecuencia es una pérdida de capacidad adquisitiva que va más allá de la dificultad para comprar una casa.
El problema tiene implicaciones para el conjunto de la economía. Cuando una parte cada vez mayor de los ingresos debe destinarse a pagar una hipoteca o un alquiler, queda menos dinero disponible para alimentación, transporte, ocio y otros bienes y servicios. Para los trabajadores, esto significa ajustar sus gastos y aplazar decisiones importantes; para las empresas, supone un riesgo de debilitamiento de la demanda.
El análisis de CC OO llega en un momento en el que los sindicatos reclaman incorporar el acceso a la vivienda a la negociación salarial. Las centrales también han respaldado una huelga general prevista para el 11 de noviembre, en la que la crisis residencial ocupa un lugar central. El debate ya no se limita, por tanto, a cuánto deben subir los sueldos, sino a qué capacidad real tienen para sostener el nivel de vida.
Madrid, Cataluña y Baleares: donde más se amplía la brecha
La evolución de los precios no ha sido uniforme en todo el país. Madrid encabeza las diferencias recogidas en el informe de CC OO: desde 2013, la vivienda en propiedad se ha encarecido un 142%, frente a un aumento salarial del 34%.
En Cataluña, el incremento inmobiliario alcanza el 118%, mientras que las retribuciones han avanzado un 32%. Baleares presenta una situación similar, con una subida del 136% en el precio de las casas y del 40% en los salarios.
En el extremo opuesto se encuentra Extremadura, donde el precio de la vivienda en propiedad ha aumentado un 53% y los sueldos, un 26%. Aunque la distancia entre ambos indicadores es menor, los datos muestran que el encarecimiento residencial supera al crecimiento salarial en todas estas comparaciones.
Estas diferencias territoriales reflejan que el acceso a la vivienda depende cada vez más del lugar de residencia. En los mercados más tensionados, un incremento salarial puede quedar rápidamente absorbido por el coste de comprar una casa. Esto también condiciona la movilidad laboral: aceptar un empleo en otra ciudad puede dejar de ser una oportunidad si el coste de instalarse allí supera las ventajas económicas del nuevo puesto.
El alquiler también reduce el margen de los hogares
La presión no termina en el mercado de compraventa. Según los datos citados por CC OO, el precio de los nuevos contratos de alquiler aumentó un 37% entre 2015 y 2024. La estimación procede de la estadística experimental del Instituto Nacional de Estadística (INE), elaborada a partir de información de la Agencia Tributaria.
El encarecimiento afecta especialmente a quienes no disponen de ahorros suficientes para comprar una vivienda y necesitan destinar una parte de sus ingresos al arrendamiento. En estos casos, la dificultad no consiste únicamente en reunir el dinero necesario para acceder a una casa, sino en mantener ese gasto mes tras mes sin comprometer otras necesidades.
El resultado puede traducirse en una menor capacidad de ahorro, más dificultades para afrontar imprevistos y una mayor dependencia de la ayuda familiar. Para los jóvenes y los trabajadores con ingresos modestos, la emancipación y la posibilidad de formar un hogar también quedan condicionadas por la evolución del mercado residencial.
Los locales comerciales encarecidos amenazan a las pequeñas empresas
CC OO advierte de que las consecuencias de la crisis inmobiliaria alcanzan también a los negocios. El informe señala que el coste de los locales comerciales puede reducir los márgenes empresariales y dificultar la supervivencia de los proyectos que empiezan su actividad.
Los datos fiscales de la Agencia Tributaria reflejan que la mediana de la renta pagada por metro cuadrado de local comercial aumentó un 5,8% en 2021, un 8,3% en 2022 y un 4,5% en 2023, último ejercicio disponible en la serie citada por el sindicato. El importe alcanzó así los 52 euros anuales por metro cuadrado.
Con esa referencia, un establecimiento de 100 metros cuadrados soportaría una renta anual de 5.200 euros, equivalente a unos 433 euros mensuales. Se trata de un cálculo orientativo basado en la mediana señalada por el informe, no de una tarifa aplicable a todos los locales: los importes reales dependen de la ubicación y de las características del inmueble.
La presión resulta especialmente delicada para los negocios que todavía no han consolidado sus ventas. Si los gastos fijos crecen antes de que la empresa alcance una facturación suficiente, el margen para invertir, contratar personal o resistir una caída de ingresos se reduce. CC OO relaciona esta situación con las dificultades que afrontan algunos establecimientos para mantenerse abiertos el tiempo necesario hasta alcanzar la rentabilidad.
Menos dinero para consumir y más dificultades para crear empleo
El sindicato también pone el foco en la distribución de los ingresos. Su argumento es que una parte de las rentas de los hogares trabajadores termina trasladándose a los propietarios inmobiliarios, lo que puede reducir el consumo. La razón es que quienes dependen de un salario suelen destinar una mayor proporción de sus ingresos a comprar bienes y servicios que quienes reciben rentas inmobiliarias.
Si las familias deben dedicar más dinero a la vivienda, disminuye su capacidad para gastar en otros sectores. Esa pérdida de demanda puede repercutir en comercios, empresas de servicios y actividades que dependen del consumo interno. De este modo, un problema inicialmente residencial puede terminar afectando a la facturación empresarial y a las decisiones de contratación.
CC OO ya había planteado esta relación en un informe publicado en el verano de 2025. En aquella estimación, el sindicato calculó que una reducción del 30% en el coste de la vivienda podría generar entre 21.000 y 26.000 millones de euros adicionales de demanda agregada y favorecer la creación de entre 330.000 y 411.000 empleos acumulados durante cinco años.
Estas cifras corresponden a una simulación económica y no a puestos de trabajo garantizados. Su alcance depende de los supuestos utilizados y de cómo se materialice la reducción de los costes residenciales. Aun así, ilustran la tesis central de CC OO: facilitar el acceso a la vivienda no solo aliviaría la economía doméstica, sino que podría liberar recursos para otras actividades productivas.
La distancia entre los precios de las casas y los salarios plantea, en definitiva, un desafío que trasciende el mercado inmobiliario. Si los ingresos laborales siguen perdiendo terreno frente al coste de la vivienda, la recuperación salarial tendrá un efecto limitado sobre el bienestar de los hogares. La cuestión de fondo es cuánto puede crecer la economía cuando una parte creciente de los ingresos se destina a pagar un lugar donde vivir. @mundiario