“Después de todo, la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida”: Mario Benedetti
Inicio este editorial con una frase que encierra un profundo sentido humano. Se acerca el Día de Muertos y vale la pena recordar querido lector que, lejos de concebir el final de nuestra existencia como un acto de simple extinción, la reflexión de Benedetti nos invita a resignificar la muerte. La partida de un ser querido no borra su historia; por el contrario, nos recuerda que su vida dejó huella y que valió la pena compartir el camino, amar, sentir y construir recuerdos a su lado.
En México, el Día de Muertos es una de las tradiciones más representativas de nuestra cultura y más allá del luto que suele asociarse con la muerte, esta fecha también es una celebración de la vida y un reencuentro simbólico con quienes ya partieron. En distintos rincones del país, las familias mexicanas, incluidas las juarenses, preparan ofrendas y altares adornados con veladoras, platillos tradicionales, fotografías y flores de cempasúchil. Cada elemento tiene un significado y tiene la finalidad de mantener vivo el recuerdo de quienes, aunque ya no están físicamente, siguen formando parte de nuestra historia familiar.
En Ciudad Juárez, esta tradición adquiere un significado muy particular. Año con año, la ciudad se prepara para conmemorar el Día de Muertos con actividades que reúnen a familias, instituciones educativas y ciudadanos en torno a una misma expresión cultural: honrar a quienes se han ido y transmitir a las nuevas generaciones el valor de nuestras tradiciones.
Los panteones se preparan con anticipación para recibir a miles de familias durante los días 1 y 2 de noviembre. A la par, uno de los encuentros más representativos de estas fechas es Altares & Tumbas, organizado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). En su edición XLIV, que se llevará a cabo los días 1 y 2 de noviembre, este festival se ha consolidado como un espacio de convivencia y expresión cultural abierto a la comunidad.
Parte importante de esta celebración son los Altares Tradicionales, monumentales obras dedicadas a personajes históricos y elaboradas con aserrín teñido y flores; las Tumbas de Panteón, que recrean sepulcros históricos con solemnidad y respeto; las Tumbas Chuscas, que recurren al humor negro y a la sátira, tan característicos de la cultura mexicana, así como las calaveritas literarias; y el concurso de la Catrina Garbancera, inspirado en la obra del grabador mexicano José Guadalupe Posada.
Sin embargo, el valor de todo esto va más allá de su atractivo visual o de la convocatoria que generan. Desde las actividades escolares que enseñan a niñas y niños la importancia de recordar, hasta las ofrendas que cada familia juarense prepara en casa, estas manifestaciones y expresiones, contribuyen a preservar nuestra identidad y a transmitir una tradición que encuentra su mayor significado en los vínculos que mantenemos con quienes nos precedieron.
Quienes mueren únicamente dejan de estar presentes en cuerpo; mientras habiten en la memoria y el corazón de quienes los amaron, su vida habrá valido la pena. Valoremos profundamente las enseñanzas que en vida nos dejaron y recordemos con gratitud la oportunidad que Dios nos dio de caminar al lado de quienes hoy descansan en paz.
Un abrazo hasta el cielo a quienes se nos adelantaron. Y un abrazo respetuoso a quienes experimentamos desde aquí el dolor de una pérdida.