Vox ha encontrado en las redes sociales un terreno donde competir con ventaja y convertir cada publicación en una herramienta de confrontación política. La formación de Santiago Abascal ha respondido a la reciente apuesta del PP por los vídeos manipulados con inteligencia artificial con una producción propia que mezcla rostros conocidos, música cinematográfica y un mensaje electoral directo. Al mismo tiempo, sus perfiles mantienen una línea discursiva especialmente dura contra la inmigración, con consignas como “¡Todos fuera!”.
La pugna digital entre ambos partidos refleja un cambio en la comunicación política española: las redes ya no son únicamente un escaparate para difundir propuestas, sino un espacio donde se construyen relatos, se movilizan emociones y se busca condicionar la conversación pública. En ese escenario, la capacidad de captar atención puede resultar tan importante como el contenido del mensaje, especialmente cuando las publicaciones incorporan imágenes impactantes o recursos audiovisuales diseñados para hacerse virales.
El vídeo difundido por Vox reúne a figuras como Pedro Sánchez, su hermano, su esposa, José Luis Ábalos, José Luis Rodríguez Zapatero, Arnaldo Otegi, Carles Puigdemont, Nicolás Maduro y el exfiscal general Álvaro García Ortiz. Mediante un efecto visual en el que los personajes se desprenden de sus rostros como si fueran máscaras, la pieza construye una secuencia que desemboca en un lema inequívocamente electoral: “Sánchez es el problema. Abascal, la solución”.
La publicación llegó después de que el PP difundiera un vídeo elaborado con inteligencia artificial en el que se suplantaban la imagen y la voz de varios dirigentes. La respuesta de Vox muestra hasta qué punto las estrategias de comunicación de los partidos pueden retroalimentarse: una iniciativa que ocupa el debate público se convierte rápidamente en una oportunidad para que el adversario replique el formato y trate de superarlo en alcance.
La ventaja de Vox en las redes sociales
Las cifras ayudan a explicar la importancia que la formación concede a estos canales. Según los datos recogidos en la información original, Vox cuenta con aproximadamente 1,1 millones de seguidores en TikTok, otros 1,1 millones en Facebook, 671.000 en X, 665.000 suscriptores en YouTube y 1,2 millones de seguidores en Instagram. Su presencia acumulada le proporciona una audiencia considerable sin depender exclusivamente de los medios de comunicación tradicionales.
El vídeo de los rostros políticos alcanzó cuatro millones de visualizaciones, más de 100.000 me gusta y 25.000 compartidos. Estas cifras reflejan su capacidad de circulación, aunque no permiten determinar por sí solas cuántas personas modificaron su opinión o respaldaron el mensaje. La diferencia es importante: la viralidad mide la difusión de un contenido, pero no equivale necesariamente a persuasión política.
Vox lleva años desarrollando una estrategia centrada en la comunicación directa con sus simpatizantes. Su actividad en Twitter comenzó en 2013 y su cuenta de Instagram se creó en 2016. Desde entonces, la formación ha aprovechado las plataformas digitales para difundir sus mensajes, consolidar una identidad reconocible y mantener una relación constante con su electorado.
De la movilización digital al discurso contra la inmigración
La evolución de sus publicaciones también revela un cambio en las prioridades del mensaje. En sus primeros años, la bandera española, la unidad nacional y el rechazo al independentismo catalán ocupaban un lugar destacado. Con el tiempo, la inmigración ha ganado protagonismo en sus contenidos, hasta convertirse en uno de los ejes más visibles de su comunicación.
Algunos de los vídeos destacados en el perfil del partido recurren a expresiones como “Ni una niña violada más. No los queremos aquí” y “¡Todos fuera!”. Estas consignas vinculan la inmigración con amenazas a la seguridad y plantean la expulsión como respuesta política. Su formulación busca generar una reacción inmediata y presenta un asunto complejo a través de mensajes breves, emocionales y fáciles de reproducir.
El efecto de este tipo de comunicación va más allá de la disputa entre partidos. Cuando se asocia de forma generalizada a la población inmigrante con la delincuencia o la inseguridad, se corre el riesgo de alimentar prejuicios y trasladar la confrontación política a la convivencia cotidiana. El formato de las redes, donde los mensajes circulan con rapidez y a menudo se consumen sin contexto, puede intensificar ese efecto.
La inteligencia artificial abre otro frente de confrontación
La utilización de imágenes sintéticas añade un problema a esta dinámica. La inteligencia artificial permite producir vídeos cada vez más realistas y utilizar rostros, voces o escenas para construir representaciones que no se corresponden necesariamente con hechos reales. Aunque estas herramientas pueden tener usos legítimos en la comunicación política, su aplicación exige transparencia para que el público pueda distinguir entre una recreación y un registro auténtico.
En el caso de Vox, el vídeo no incluía una identificación visible de su origen artificial en X ni en TikTok, mientras que sí aparecía esa indicación en Instagram, según la información publicada. Esta diferencia resulta relevante porque la advertencia sobre el uso de IA ayuda a contextualizar el contenido y reduce el riesgo de que las imágenes se interpreten como escenas reales.
La controversia no se limita a la pieza audiovisual. El 18 de octubre, Santiago Abascal publicó en X una imagen de dos personas mayores semidesnudas que se había difundido a partir de una cuenta israelí y que, según el equipo de verificación del diario francés Libération, había sido modificada o generada mediante inteligencia artificial. Abascal acompañó la imagen con un mensaje que vinculaba a la izquierda islamista con la llegada de personas que calificaba de “salvajes” y cuestionaba su relación con el pago de las pensiones.
La publicación fue vista por unos 650.000 usuarios. Aunque el vídeo posteriormente difundido por Vox fue eliminado, el mensaje de Abascal seguía disponible, de acuerdo con la información original. El episodio ilustra cómo una imagen engañosa puede alcanzar una audiencia considerable incluso cuando su autenticidad queda en entredicho.
Los partidos compiten por controlar su propio relato
La estrategia de Vox tiene un precedente en su uso de WhatsApp durante la campaña andaluza de 2018, cuando facilitó un número de teléfono para enviar mensajes a quienes se registraban y animarlos a compartirlos con sus contactos. Aquella fórmula permitió ampliar la difusión mediante redes personales y contribuyó a que otros partidos adoptaran mecanismos similares.
Según recuerda El País, el consultor político Antonio Gutiérrez-Rubí ha señalado en distintas ocasiones la importancia de la confianza interpersonal frente a las instituciones. Esa transformación ayuda a comprender por qué las formaciones políticas intentan construir canales propios, en los que pueden seleccionar los temas, decidir el tono y distribuir sus mensajes sin depender de la intermediación periodística.
La idea ya aparecía en las declaraciones de Manuel Mariscal, entonces responsable de comunicación de Vox, quien defendía que el partido debía convertirse en su propio canal de comunicación. La estrategia guarda similitudes con la de dirigentes internacionales como Donald Trump, Jair Bolsonaro y Matteo Salvini, que también han utilizado las plataformas digitales para reforzar su vínculo directo con los seguidores y cuestionar a los medios tradicionales.
El desafío para el debate público es que la competencia por la atención puede premiar los contenidos más extremos, emocionales o polémicos frente a los que requieren explicaciones más amplias. La combinación de inteligencia artificial, mensajes contra la inmigración y una audiencia digital consolidada permite a Vox amplificar su discurso y disputar la agenda política. La cuestión de fondo es si esa carrera por las visualizaciones terminará desplazando el debate sobre las propuestas hacia una confrontación cada vez más basada en imágenes manipuladas y consignas que simplifican la realidad. @mundiario