Sublime no será una jornada más en el calendario del turismo gallego. La primera edición, resultó ser un pequeño laboratorio a pie de acantilado donde Galicia se miró al espejo para comprobar que ya tiene casi todo lo que busca el viajero de alto valor —autenticidad, territorio, talento—, pero todavía duda a la hora de creérselo y contarlo al mundo con una sola voz.
Faro Silleiro, ese “lugar singular que se siente más que se visita”, fue el escenario perfecto para hablar de un lujo que se mide en mar, silencio y frontera simbólica con el fin del mundo. Desde el arranque, los anfitriones —Miguel, Lucrecia, Pati y David— reivindicaron la valentía de una primera edición, el apoyo de Xunta de Galicia, Xacobeo 2027 y los patrocinadores, y la ambición de convertir Sublime en foro de referencia para quienes creen que el lujo verdadero se mide en autenticidad, emoción y huella.
La directora de Promoción de la Agencia de Turismo de Galicia, Carmen Pita, puso el marco institucional: Galicia como destino rural y marinero, moderno pero fiel a sus costumbres, con el Camino de Santiago como carta de presentación universal y la sostenibilidad como eje de la estrategia. La marca “Galicia Calidade”, recordó, no pretende inventarse un país aspiracional, sino reflejar lo que Galicia ya es. La internacionalización —China incluida— no se plantea como un salto al vacío, sino como el siguiente paso lógico de un destino que, sin decirlo demasiado alto, hace tiempo que juega en otra liga.
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El Camino, bolso de entrada al lujo gallego
La primera mesa redonda puso palabras a una realidad que el sector conoce bien: el Camino de Santiago sigue siendo la puerta de entrada, pero el viaje ya no se queda en la Compostela. Sabela Gippini (GaliWonders/Noré) y Roberto Fraga (Pilgrim/Senda) describieron la mutación del Camino, de experiencia sobre todo religiosa a viaje experiencial para un peregrino con nivel adquisitivo y cultural medio?alto, que alarga su estancia o directamente viene a “vivir Galicia”, más allá de las etapas.
El símil que empleó Roberto fue claro: el Camino es como ese primer bolso de marca que abre la puerta a todo un universo de lujo. Galicia ha sabido utilizar esa flecha amarilla como eje vertebrador para atraer al viajero, y ahora empieza a llegar también el perfil inverso: quien viene a descubrir Galicia y, casi por coherencia, se regala una etapa. El discurso institucional, en la voz de Carmen Pita, fue en la misma dirección: el reto ya no es sumar peregrinos sin más, sino crecer en calidad, desestacionalizar donde se pueda y repartir mejor los flujos por un territorio que tiene mucho más que ofrecer que sus puntos más fotografiados.
Carmen Pita, Roberto Fraga y Sabela Gippini en Sublime, Faro Silleiro. / Borja Dicha.
Inversión, burocracia y el pecado de no creérselo
La segunda mesa bajó al barro de la inversión, la regulación y las oportunidades concretas. Guti Martín (Galicia Destino Sostible) dibujó cinco pilares de futuro bastante claros: alojamientos singulares, reconversión de patrimonio, gastronomía, wellness y salud, y grandes experiencias de naturaleza. No lo hizo desde la autocomplacencia, sino comparando con quien ya ha recorrido ese camino: Alentejo convirtiendo la baja densidad en producto de lujo, Toscana elevando el paisaje productivo a icono mundial, Escocia transformando lluvia y niebla en aspiración.
En Galicia, esos ingredientes existen, pero el relato aún está en obra. Raquel Pereira (Grand Azulmarino) recordó que también el turismo emisor tiene una responsabilidad enorme: decidir con qué proveedores se trabaja, qué experiencias se priorizan y qué tipo de turismo se promueve cuando se empaqueta “Galicia” para el exterior. No es lo mismo vender un destino a granel que seleccionar con bisturí qué vivencias permiten al viajero formar parte del país que visita.
Cesáreo Pardal (Clúster de Turismo de Galicia) puso el dedo en la llaga que todo el mundo reconoce en privado: burocracia, localismos y falta de unidad. Proyectos que se eternizan en trámites, aeropuertos enfrentados mientras el viajero entra por Oporto, decisiones municipales que no siempre entienden el impacto real sobre el sector privado. Galicia presume —con razón— de autenticidad, pero a veces se sabotea a sí misma en la gestión. El diagnóstico es incómodo, pero imprescindible: no basta con tener producto; hay que tener también reglas del juego y visión compartida.
Talento, relato y el espejo del País Vasco
En las ponencias centrales se habló menos de piedra y más de personas. Carlos Díez de la Lastra, CEO de Les Roches Global, fue rotundo: el turismo de lujo crece por encima del turismo general, pero vive una guerra abierta por el talento. El mármol y los dorados se copian; la relación persona a persona, no. La tecnología, insistió, será un comodity al alcance de todos. La ventaja competitiva real de un destino estará en la calidad humana y formativa de sus equipos, y en su capacidad para anticipar lo que el cliente espera incluso antes de que lo pida.
carlos Díez de Lastra, Les Roches Global, en Sublime. / B.D.
Ana Alonso, al frente de Spain is Excellence, trajo otro tipo de espejo incómodo. España ha vivido décadas alimentando tópicos —del sol a la sangría— mientras infra?promocionaba su propia oferta de turismo de excelencia. Su propuesta suena sencilla y, precisamente por eso, exige valentía: dejar de intentar ser todo para todos, asumir quiénes somos, para quién estamos hechos, y concentrar energía y recursos en esos mercados donde el encaje con el producto de alta gama es natural.
El País Vasco apareció como ejemplo cercano y, para muchos, inspirador. Joanes Mathiuet explicó cómo Basque Luxury ha articulado una plataforma que une alojamientos, gastronomía, arte, joyería y experiencias bajo una marca reconocible que se vende con la misma coherencia en un evento en Nueva York que en una recepción en Bilbao. Joanes Andueza, desde el hotel boutique Arantza, aportó una imagen que resume bien el nuevo lujo: un cliente que ha dormido en los mejores hoteles del mundo, pero se emociona de verdad en una ruta nocturna con un antiguo contrabandista que le cuenta historias que no están en Google.
Joanes Mathieut y Joanes Andureza en Sublime, Faro Silleiro. / Borja Dicha.
Naturaleza atlántica, coherencia y la alianza con Portugal
La cuarta mesa puso nombre a intuiciones que muchas empresas ya trabajan: el valor de la naturaleza atlántica, la privacidad y el silencio como parte del lujo. Isabel López (Saó Viajes) relató cómo muchos viajeros de alto nivel llegan a Galicia casi “a ciegas”, sin saber que existe esta costa, esta lengua, estos parques naturales. Y precisamente por eso se marchan con la sensación de haber descubierto un secreto, algo cada vez más escaso en un mundo saturado de destinos clónicos.
Ana Belén Fernández (MEUH) habló de “coherencia narrativa”: que lo que prometemos en la web, en el primer correo o en una feria internacional encaje con la voz que coge el teléfono, con la habitación que espera al huésped y con el paisaje que encuentra al abrir la ventana. Sin esa coherencia, no hay lujo que se sostenga. Álex Barcia (Backroads) lo dijo sin rodeos: hoy en Galicia hay más turismo vivencial que lujo clásico, y el desafío es profesionalizar, formar talento y saber también qué no ofrecer para proteger lo que hace único al territorio.
Álex Barcia, Ana Belén Fernández e Isabel López en Sublime, Faro Silleiro. / Borja Dicha.
En el tramo final de la mañana, Julia Veiga (Camino Companions) redefinió el lujo en el Camino: no como ostentación, sino como suma de excelencia, sostenibilidad, coherencia y emoción a lo largo de todo el viaje. Y Paulo Vaz (Conselho de Aministracão Exponor-Fiporto) recordó algo que a veces el mapa administrativo disfraza: Galicia y el norte de Portugal se parecen más a un único gran destino que a dos competidores. Historia, vino, gastronomía y paisaje empujan hacia la cooperación; la cuestión es si las instituciones serán capaces de acompañar la alianza que la iniciativa privada ya está construyendo a pie de ruta.
Sublime cerró su jornada de mañana con una conclusión que sobrevoló cada intervención, explícita o no: Galicia ya tiene el lujo, en forma de autenticidad, territorio, cultura y talento. Lo que se juega ahora no es descubrirlo, sino atreverse a ordenarlo, a creérselo y a defenderlo con la misma exigencia con la que nos miran los viajeros que vienen de fuera. El laboratorio de Faro Silleiro ha demostrado que las ideas están; falta comprobar si seremos capaces de convertir este turismo sublime en política sostenida, en estrategia compartida y en futuro real para quienes viven de —y en— este territorio. @mundiario