A su estilo, la presidenta Claudia Sheinbaum avanza en la toma de control. Nadie duda de su poder, pero no son pocos, ni discretos, quienes pretenden resistirse a su programa para ir ajustando la maquinaria rumbo al segundo cuarto de su sexenio.
En 18 meses, Sheinbaum ha movido fichas para hacerse de espacios indispensables a fin de ejecutar operaciones estratégicas: la Fiscalía General de la República, la Unidad de Inteligencia Financiera, el Sistema de Administración Tributaria, el Congreso y Morena.
Desde agosto, la reconfiguración del control en esos espacios es clara. El primero en ser removido fue Pablo Gómez, que puede poner en su biografía que hizo una reforma electoral que fue ruidosamente derrotada no por la oposición, sino por los aliados de Morena.
Más importante que el encargo a Gómez, fue el cargo que dejó vacante. La UIF pudo ser recuperada a fin de entregársela, por interpósita persona, a Omar García Harfuch. Es decir, se le dio al funcionario totalmente identificado con la presidenta.
La segunda jugada en el ajedrez fue quitar al otrora poderoso Alejandro Gertz Manero. Si hace un año alguien hubiera pronosticado su defenestración y semiexilio, cualquiera habría tenido la previsión de tomarse con calma un vaticinio que al final sí ocurrió.
Mientras en Londres la primavera es suave para el exfiscal, la FGR –otra vez– fue de alguna manera entregada a García Harfuch que la opera en una especie de tándem con esa también leal colaboradora de Sheinbaum que es Ernestina Godoy. Así cerró Claudia 2025.
En febrero se concretó un enroque más. Adán Augusto López dejó la coordinación de Morena en el Senado. Como en todo enroque, tendrá una funcionalidad, en este caso presumiblemente electoral, pero de que se le sacrificó, se le sacrificó. Hoy Nacho Mier es el consentido.
¿Habrá cambios en San Lázaro, en la coordinación de la bancada? Ricardo Monreal es más taimado (adjetivo no necesariamente negativo en un político) que Adán Augusto.
Porque el zacatecano ha mostrado una vez más que sabe cómo adaptarse a los nuevos tiempos: es decir, acatar sin dejar de ganar. Como en el caso del INE, donde ayudó a la captura morenista del árbitro electoral sin dejar de sumar para su milpita de “operar eficaz”.
Los movimientos más recientes son uno muy ruidoso y el otro muy discreto. Empecemos por éste. En mayo estrena nombramiento en el SAT Jennifer Castillo Madrid. Va de encargada de Grandes Contribuyentes.
Destaca de Castillo Madrid la cercanía con la secretaria de Energía, Luz Elena González, y el hecho de que llegará como cuña de Palacio al SAT, donde se requiere que alguien de este gobierno, que no venga del anterior, con lo que eso implica, ajuste las operaciones.
Finalmente, los cambios que están sacando chispas. Juan Ramón de la Fuente fue el primer cambio* a nivel secretario de Estado en el gabinete. Fue una baja demasiado cantada. Porque Roberto Velasco ya era de facto el titular. Pero lo de Citlalli Hernández es otra cosa.
La primera secretaria de las Mujeres dejó su cargo hace una semana para iniciar el “take over” de Sheinbaum en el partido. Hernández llegó a reparar el diálogo con aliados que se quejaron en privado y en público de la todavía presidenta de Morena, Luisa María Alcalde. Lo demás es historia.
Los cambios en cualquier organización suelen enfrentan resistencias. En el caso de Morena algunas sorprenden, otras dan pena ajena. Al final, lo que cuenta es que ocurran. Y en eso la presidenta Sheinbaum puede decir que, en movimientos para tener más control, ahí la lleva.
*La salida de Ramírez de la O en Hacienda estuvo pactada desde el principio, por eso no la reseño como la primera.