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Radar Inteligente
AM 23 Apr, 2026 06:00

La elección de la luz

Salvadora Álvarez Ledesma

Hay personas que tienen la facilidad de abrir mi alma, de esta manera, siento al aire entrar, como si abriera una ventana, y con su mensaje positivo, hacen que se amplíe mi horizonte. Así, regreso a casa saciada, con el corazón satisfecho, latiendo acompasado con esas palabras que se me quedaron dentro.

Todos necesitamos este tipo de personas, que no abundan, o por lo menos yo, he encontrado pocas; por eso las considero tan valiosas. Mas, puedo ufanarme de contar

con ellas.

Pero está la contraparte, aquellas que solo saben ofender, destruir, minimizar, burlar, degradar, aunque lo hagan a veces con una sonrisa de utilería.

Por supuesto, si de la primera impresión se tratara, no notaríamos nada extraño, pero al pasar de los días, de las horas que se vuelven años, aflora esa verdadera personalidad escondida y se muestra, primero a hurtadillas con pequeñas acciones, después con grandes actitudes.

Descubierta ya, una vez derrumbado el castillo de arena, es imposible volver a reconstruirlo, porque se rompieron los esquemas, los moldes que contenían aquello que yo pensaba, rasgándose de lado a lado lo que yo creía o sentía.

Y ya nada puede volver a ser igual. A veces me da pena haber perdido esas expectativas. Hubiera querido que ese pulpo de maldad hubiera permanecido oculto, usando su camuflaje entre las rocas, pero no fue posible; finalmente, las cosas acabaron por revelarse, porque nada puede ocultarse bajo el sol.

Finalmente, me pregunto: ¿qué culpa tengo yo de que tengas un corazón malo, de que hayas permitido que se te haya ensuciado y corrompido? Por supuesto, que esto no lo reconocerás nunca, porque tú te crees un ángel brillante, pero yo sé que tienes las alas negras.

Y no es que en este punto de mi vida necesite una cosa u otra, porque he aprendido a disfrutar de mi compañía, no me miro en esos espejos, ni me valoro por esos juicios. Mis proyectos son solo míos, mi construcción diaria, la tengo en mis manos y la realizo con

esmero. Sin embargo, no puedo dejar de reparar en ello, y opto por la elección del bien.

Me quedo con el lado positivo, ese que me tiende su mano para ayudarme a crecer o a

levantarme.

Repudio esa parte mezquina que también la hay, claro. Solo lo hago por mencionarlo, más la opción ya está tomada. Me quedo con las personas que suman, que multiplican mis sueños y que hacen de mi camino un espacio de luz. Porque al final, son ellas las que

hacen que valga la pena cada paso que doy.

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