Se sintió primero en los pedidos que dejaron de llegar, en los contenedores que tardaron más en moverse, en los números que comenzaron a ceder. En cuestión de meses, el flujo de ropa y calzado chino hacia México perdió fuerza y dejó ver un cambio más en la forma en que el país decide competir.
Política industrial aprietaEn el primer bimestre de 2026, las importaciones de calzado desde China cayeron 62% , al pasar de 151.6 millones de dólares a 57.8 millones . Sobre el calzado, el descenso resulta más evidente, ya que todas las fracciones arancelarias de producto terminado registraron caídas que van de 33% a 74% . Solo una excepción rompe la tendencia: las partes de calzado, como plantillas, taloneras o cortes superiores, crecieron 104% , lo que muestra un cambio en la forma de producir más que en la demanda final. En textiles y sus manufacturas, donde entran telas, materiales tejidos, prendas de vestir, la baja alcanzó 26% , con compras que bajaron de 851 millones a 633 millones de dólares . Dentro de ese universo, uno de los retrocesos más marcados se dio en prendas de punto, con una contracción de 41%, de acuerdo con cifras de Banxico . Aunque en conjunto las compras de México a China siguen al alza , con un total de 21,109 millones de dólares en el primer bimestre, un crecimiento de 2%, hay sectores donde el país comienza a cerrar espacios a productos que durante años entraron con precios difíciles de igualar para la industria local. El cambio más ofensivo comenzó en agosto de 2025 , cuando el gobierno suspendió la importación temporal de textiles, calzado y otros productos bajo el programa IMMEX. Detectó un patrón que ya generaba ruido en la industria: mercancías que debían salir del país terminaban en el mercado interno y distorsionaban los precios. Desde ese momento, la caída se volvió constante. Mes tras mes, las cifras comenzaron a ajustarse. A inicios de 2026, el descenso tomó más fuerza. Los números prendieron las alertas, ya que las compras de textiles chinos tocaron un máximo de 5,445 millones de dólares y el calzado de 897 millones en 2024. El segundo paso del plan llegó con una investigación más larga , en la cual la Secretaría de Economía concluyó que el calzado chino entraba a precios injustamente bajos. La respuesta de México fue fijar cuotas compensatorias de entre 0.54 y 22.50 dólares por par para productos con precios menores a 22.58 dólares . La medida tendrá una vigencia de cinco años. A esto se sumó un aumento de aranceles para países sin tratado comercial, vigente desde el 1 de enero. En sectores como textiles y calzado, las tarifas se mueven entre 25% y 35% en estos productos . China concentra buena parte de esas operaciones, por lo que el impacto resultó inmediato.
Industria mexicana respondeEn León, uno de los principales centros de producción de calzado, la señal se tradujo en pedidos concretos. Grupo Coppel anunció la compra de más de 42 millones de pares de zapatos hechos en México para este año. La cifra representa cerca de 20% de la producción nacional formal y supera en un millón de pares lo adquirido en 2025. Detrás de ese volumen hay más de 100,000 familias que dependen de la industria del calzado en Guanajuato. El dato no solo refleja actividad económica, también muestra el peso social de una cadena productiva que durante años compitió contra importaciones baratas. El respaldo no se limita a las compras del sector privado; a la par, el gobierno impulsó un paquete más amplio. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, presentó una estrategia de financiamiento para fortalecer a la industria del textil y del calzado. El plan incluye una bolsa de 120,000 millones de pesos para financiar maquinaria y procesos productivos. Los créditos tendrán una tasa cercana a 14.5% . El objetivo apunta a unas 50,000 empresas , en su mayoría pequeñas y medianas. La estrategia también contempla un ecosistema financiero con menores costos y un catálogo Hecho en México para dar visibilidad a la producción nacional. En la industria textil , Ebrard pone el foco en Puebla y Tlaxcala como los polos que deben concentrar el desarrollo. “Nos dio instrucciones de la Presidenta de cambiar la estructura arancelaria en materia de la industria textil, confección y vestido. Porque, de pronto, si ustedes ven las cifras, estábamos importando de manera galopante productos a precios irrisorios que no dejan un solo empleo en nuestro país”, reconoce Ebrard. Las tensiones comerciales, los ajustes en cadenas de suministro y la competencia por industrias estratégicas empujan a los países a intervenir más. México comenzó a probar ese camino: reduce importaciones en sectores sensibles, impone aranceles y fortalece su industria , mientras navega presiones externas que buscan limitar ciertos vínculos. El flujo de mercancías cambió de dirección y, con él, también la forma en que el país decide competir en el comercio global. “¿Qué es lo que ustedes pueden observar en todo el mundo? Los países que tienen más éxito y las empresas que tienen más éxito son las que forman parte de una política industrial agresiva. El país que no tenga una política industrial agresiva no le va bien”, asegura Ebrard .
Presión de Estados UnidosDetrás de estas medidas no solo hay una estrategia industrial. También hay presión. En medio de la revisión del T-MEC , la relación con China se volvió un punto sensible en la mesa de negociación con Estados Unidos. Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México de la Facultad de Economía de la UNAM, señala que existe un empuje desde Washington para limitar la presencia de inversión china en el país, en especial en sectores estratégicos. De acuerdo con el especialista, la propia Secretaría de Economía es la que ha pedido cautela desde 2025 y esa postura podría extenderse durante 2026. El argumento responde al momento, porque plena negociación con Estados Unidos, el anuncio de nuevas inversiones chinas puede entorpecer el diálogo. Agrega que México busca sustituir importaciones , pero varias de las empresas que levantan la mano para producir en el país y cubrir esa demanda provienen de la propia China. Y lo hacen en sectores que hoy se intentan proteger, como automotriz, autopartes, electrónica, textiles y calzado.
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