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El Diario 24 Oct, 2026 18:28 (10 min de lectura)
Observatorio Neutral

Devolver a Dios lo que es de Dios

Por Felipe Ramos / Presbítero En Estilo de Vida México, Chihuahua
Devolver a Dios lo que es de Dios
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Análisis del evangelio de San Mateo (Mt 19-23) en el tiempo ordinario.
• Contextualización de las parábolas y la confrontación con autoridades religiosas.
• Reflexión sobre Mt 225-21 y la frase "devuelvan al César lo que es del César".

Durante estos domingos del tiempo ordinario, hemos escuchado, en la Liturgia de la Palabra, pasajes del evangelio según san Mateo que han sido tomados de la última gran sección narrativa del mismo (cfr. Mt 19-23). Esta parte del evangelio comprende: el viaje de Jesús a Jerusalén, la capital y centro del poder político y religioso del pueblo judío; la entrada mesiánica y triunfal de Jesús en Jerusalén; las enseñanzas que Jesús predica en el templo, así como también las últimas con los sacerdotes, ancianos, escribas y fariseos (todos aquellos que detentaban el poder religioso y político). Después de esta sección narrativa, se nos presentarán, en un discurso que implican los capítulos 24 y 25 del evangelio, las enseñanzas más importantes de Jesús respecto al final de los tiempos.

Desde hace tres semanas, hemos escuchado algunas parábolas de Jesús predicadas en el contexto de confrontación con las autoridades religiosas del pueblo, que rechazan a Jesús y no lo reconocen como mesías, por ello, las parábolas tanto de los dos hijos a los que el padre envía a trabajar a la viña (de los cuales el primero no lo hace, aunque ha dicho que sí, y el segundo, aunque ha dicho que no, termina arrepintiéndose y cumpliendo la voluntad del padre), como la de los viñadores asesinos que no solo matan a los criados del dueño de la viña, sino también al hijo y heredero, están pronunciadas en un contexto de rechazo y resistencia a Cristo y su predicación como enviado del Padre, al mismo tiempo que señalan, sobre todo la segunda parábola, el destino que le espera a Jesús como el Hijo: ser rechazado y asesinado en la cruz. Finalmente, en el domingo XVIII del tiempo ordinario se nos ofrecía la parábola del vestido de fiesta para la boda que, de igual forma, sugería la necesidad tanto de aceptar a Jesucristo como el enviado de Dios (entrar en la boda) como el de dar frutos a través del amor a los demás (portar el traje de fiesta). Así pues, en ese sentido, las parábolas de los tres domingos anteriores han representado un fuerte llamado a la conversión del corazón y de la vida para todos nosotros.

Aunque estamos ya en el domingo XXX del tiempo ordinario, quisiera no obstante comentar brevemente el evangelio del domingo pasado, el XIX del tiempo ordinario, que correspondía con el pasaje de Mt 22, 15-21. El texto nos presenta una pregunta que le realizan a Jesús los discípulos de los fariseos y los del partido de Herodes, se trata de una pregunta mal intencionada, porque la finalidad es o que Jesús quede mal con el pueblo, o tener algún elemento con qué acusarlo ante las autoridades romanas, la pregunta consiste en si es lícito pagarle el tributo debido al César o no. Como bien lo sabemos en los tiempos de Jesús el pueblo judío pertenecía o formaba parte del imperio romano, y por ello había, entre otras cosas, que pagar el tributo a Roma por el derecho a existir, cosa que para los judíos era sumamente deleznable, por tratarse del pueblo elegido por Dios. Jesús pide que le muestren una moneda del tributo, y pregunta de quién es la efigie que aparece en dicha moneda, y ante la respuesta de que la efigie de la moneda corresponde al rostro del César, Jesús responde con la famosa frase: “devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Se trata esta de una frase muy utilizada por todos para hacer referencia, por una parte, la separación entre la Iglesia como institución y los asuntos de la vida política, social y económica; por otro lado, la frase plantea la no mezcla de la fe o creencias religiosas con los demás ámbitos de la vida humana. Menos veces, se ha entendido la frase de Jesús como una indicación de que las obligaciones religiosas y civiles son igual de importantes y que, por lo tanto, los creyentes debemos cumplir con nuestras responsabilidades sociales tanto como con las que implican nuestra vida de fe.

Sea de cualquier forma, la frase de Jesús de devolver al César lo suyo y a Dios lo propio, se ha interpretado casi siempre, las más de las veces, como una burda separación entre todo lo que concierne a la vida de la fe, de los demás aspectos o dimensiones de la existencia humana, sobre todo los que tienen que ver con la esfera política. Sin embargo, la enseñanza de Jesús implica algo más profundo. En primer lugar, el Señor habla de “devolver” no de “dar”, aunque algunas traducciones de la Biblia utilizan esta forma, el verbo en griego que se usa aquí, significa más bien “devolver”. En ese sentido lo que Jesús está indicando es que hay que regresar tanto al César como a Dios lo que es suyo, lo que se les debe, ya que solamente lo que nos es prestado, lo que debemos a otro, lo que de suyo corresponde al otro, es lo que “devolvemos”.

La pregunta que forzosamente hemos de hacernos aquí es: ¿qué cosas le corresponden a Dios? Insisto, no podemos entender la frase de Jesús, y responder estas preguntas entendiendo que hay una separación neta y tácita del orden de la fe y de la vida política y social humana. Es verdad y en lo personal sostengo, que es importante y necesaria la separación entre el poder político y religioso, que la Iglesia como institución, no puede ni es conveniente que se entremezcle activamente con todo lo que tiene que ver con la vida política, aunque no por ello quiere decir que, la Iglesia no pueda señalar todo aquello que se vive a nivel político y social que sea contrario al evangelio. La Iglesia, tiene el derecho y el deber de expresarse en todas las cuestiones del orden social desde los valores y principios del evangelio, ello corresponde a la dimensión profética de la Iglesia, por la cual, debe señalar todo lo que es bueno y noble y promoverlo, así como también denunciar todo lo que es contrario a Cristo, sin que, por ello, la Iglesia como institución forme alianza o se entrelace con algún partido político, sistema de gobierno, o se comprometa con alguna ideología de cualquier índole.

Desde la visión cristiana, la respuesta a la pregunta: ¿Qué se le debe devolver a Dios? Consiste en que hay que devolverle a Dios absolutamente todo, ya que todo le pertenece a él, incluyendo el hombre y todas y cada una de las dimensiones de su existencia. Lo que Jesús está señalando es que todas las cosas de la vida, incluyendo las cuestiones políticas, sociales y económicas, se le deben devolver a Dios, es decir, Dios ha de estar presente en todo, lo que significa en concreto, para nosotros los cristianos que, la fe, nuestra fe que se centra en Jesucristo y su evangelio, ha de vivirse y realizarse en todos los aspectos de la vida, es decir, los principios y valores que Jesús nos enseña en los evangelios: el amor, el perdón, la justicia, la paz, la misericordia, etc., han de estar presentes siempre en nuestra manera de vivir y realizar nuestra existencia humana, incluyendo los mundos de la política y la economía, que hoy más que nunca, me parece que requieren que los cristianos seamos en verdad cristianos.

La vivencia de la fe no puede quedar cercada al sector privado y oculto de la vida personal; tampoco puede suscribirse a las manifestaciones esporádicas de la misma, en las Iglesias los domingos, o en los demás momentos de manifestación pública de la fe.

El Dios de Jesucristo y la fe cristiana tienen mucho valor cosas qué aportar a la sociedad y al mundo. Desafortunadamente la conducta inapropiada y contraria al evangelio de nosotros los cristianos, ha llevado a una valoración negativa de la fe, calificándose al cristianismo como una religión de aspectos opresores y contrarios a la libertad humana y al goce de la vida, es verdad que en nombre de Dios (no solo en el cristianismo, sino también en las demás expresiones religiosas) se ha oprimido, esclavizado y asesinado, es verdad que detrás de muchos desordenes políticos y sociales hay personas que se dicen de fe.

Este domingo XXX del tiempo ordinario, el pasaje del evangelio corresponde, de hecho, al doble mandamiento del amor, como el más importante y el primero de todos los mandamientos: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. A propósito de este pasaje, el Papa Benedicto XVI, en su primera carta encíclica “Dios es amor”, dedica toda la primera parte del documento a reflexionar en el significado del amor, concluyendo que amor es más que un sentimiento, implica la decisión ética firme de hacer el bien, promoviendo la vida y la existencia del otro, buscando así la felicidad suya y encontrando la propia en el acto de entrega o donación de la propia vida al otro. El Papa proseguía analizando la relación existente entre el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, señalando que el amor se vuelve mandamiento cuando, este, al recibirlo del Dios que nos ama primero y nos une consigo mismo, nos va transformando la mente y el corazón de tal manera que comenzamos a parecernos a Dios quien solamente es amor.

Devolverle a Dios lo que le es propio no es otra cosa que consagrarle todas las cosas del mundo, de nuestra vida personal, social y religiosa (la religión también se le tiene que devolver a Dios), viviendo según sus mandatos de amor, justicia, paz y perdón, dejando que Dios sea quien inspire y mueva nuestros pensamientos, palabras y acciones, es decir, dejar que Dios reine y por ello comience a instaurarse su reinado, que no es comida ni bebida, sino paz, amor, gozo y justicia. Devolverle a Dios lo que es suyo es dejar que comience el Reino de Dios ya desde el aquí y el ahora de nuestra historia humana, aunque sabemos que la plena instauración del reinado de Dios es una realidad que estamos aguardando cuando el Señor Jesús vuelva.
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