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Mundiario 23 Apr, 2026 13:53

La revolución de Hegseth en el Pentágono: religión, purgas y un nuevo modelo de Ejército en EE UU

La llegada de Pete Hegseth al Departamento de Defensa de EE UU ha desencadenado uno de los procesos de cambio más controvertidos en la historia reciente del Pentágono. Más allá de las habituales rotaciones de mando, lo que se observa es una combinación de purgas, redefinición doctrinal y una reinterpretación del papel del Ejército bajo parámetros ideológicos explícitos.

La reciente destitución del secretario de la Marina John Phelan no es un hecho aislado, sino parte de un patrón más amplio.

Desde su polémico nombramiento impulsado por el presidente Donald Trump, Hegseth ha promovido una visión del Ejército centrada en la recuperación de lo que denomina “espíritu guerrero”. Esta idea parte de un diagnóstico: las fuerzas armadas, según su planteamiento, se habrían debilitado por políticas de diversidad, inclusión, restricciones operativas y la “compasión por otros”. En respuesta, ha impulsado cambios que afectan tanto a la estructura de mando como a las normas de actuación en combate.

Uno de los elementos más visibles ha sido la sustitución o salida forzada de altos mandos, incluidos generales y almirantes. Estas decisiones han coincidido con tensiones internas sobre nombramientos, estrategia militar y gestión del personal. La dinámica ha generado fricciones dentro del propio aparato de defensa y con figuras clave como Dan Driscoll, reflejando una lucha por el control del rumbo institucional.

El 2 de abril de 2026, Hegseth forzó la renuncia del Jefe del Estado Mayor del Ejército, el General Randy George. George era considerado un aliado cercano y asesor clave de Driscoll; su despido se interpreta como un ataque indirecto a la autoridad de este último.

Ambos veteranos han chocado repetidamente por las listas de ascensos. Hegseth ha intentado bloquear promociones de oficiales que considera “problemáticos” o que no se alinean ideológicamente, mientras que Driscoll se ha negado a eliminar nombres de estas listas, defendiendo la meritocracia del servicio.

Una doctrina militar sin “restricciones” y con dimensión religiosa

En el plano operativo, la transformación no es menor. Hegseth ha cuestionado abiertamente las reglas de enfrentamiento tradicionales y ha respaldado acciones consideradas controvertidas por la cadena de mando. Su postura se alinea con una visión más agresiva del uso de la fuerza, donde las limitaciones legales o éticas se perciben como simples obstáculos.

Decisiones como eliminar la obligatoriedad de ciertas vacunas o permitir el uso de armas personales dentro de instalaciones militares se presentan como medidas para “devolver la libertad” a los soldados. Sin embargo, también apuntan a una redefinición del equilibrio entre disciplina institucional y autonomía individual dentro de las fuerzas armadas.

Este enfoque se complementa con cambios en la formación militar, donde se busca recuperar métodos más duros, incluyendo la flexibilización de normas contra el acoso en entrenamientos. El objetivo declarado es reforzar la resistencia y cohesión de las tropas, aunque el debate sobre sus implicaciones sigue abierto.

Uno de los rasgos más distintivos del proyecto de Hegseth es la incorporación explícita de elementos religiosos en el ámbito militar. No se trata solo de retórica: se han institucionalizado servicios religiosos dentro del Pentágono y se ha promovido una narrativa que vincula la acción militar con una misión espiritual.

En este contexto, figuras como Brooks Potteiger han adquirido relevancia como asesores espirituales, mientras que la influencia del pastor Douglas Wilson y su entorno ideológico se hace visible. Ambos están asociados a la Communion of Reformed Evangelical Churches, una corriente vinculada al llamado reconstruccionismo cristiano.

Esta corriente plantea que la vida pública debe regirse por principios bíblicos, lo que introduce un elemento de tensión con la tradición secular del Estado estadounidense. En el discurso de Hegseth, la guerra no solo es un conflicto geopolítico, sino también una confrontación moral y espiritual.

When asked about the sudden departure of Navy Secretary John Phelan, House Minority Leader Hakeem Jeffries tells CBS News’ @NikolenDC, “We've lost so many talented, patriotic, skilled, high-ranking officials within our military.”

He adds, “because of Pete Hegseth’s desire to… pic.twitter.com/UU6TSRIfL5

— CBS News (@CBSNews) April 23, 2026

Contraste con la tradición cristiana

El uso de lenguaje religioso en contextos militares no es nuevo en la historia de Estados Unidos, pero la intensidad y dirección actual marcan una diferencia. Mientras que el cristianismo tradicional —en sus múltiples corrientes— ha desarrollado doctrinas sobre la “guerra justa” que buscan limitar la violencia, la retórica de Hegseth se aproxima a una justificación más absoluta del uso de la fuerza.

Hegseth es miembro activo de la congregación Pilgrim Hill Reformed Fellowship, en Tennessee. Su vinculación ha generado controversia porque ha expresado públicamente su orgullo por pertenecer a la CREC, específicamente por su labor como red de iglesias que promueve el dominionismo, doctrina que aboga por que los cristianos ejerzan el “dominio” sobre el mundo y las instituciones estatales.

Este contraste se hace evidente cuando se comparan sus declaraciones y ataques con posiciones de otras autoridades religiosas que cuestionan la legitimidad moral de determinadas acciones militares. La divergencia no es solo teológica, sino también política: refleja dos formas distintas de entender la relación entre fe, poder y violencia.

Como secretario, Hegseth ha utilizado lenguaje religioso vinculado a las Cruzadas para justificar las intervenciones militares, como la Operación Furia Épica en Irán en 2026, abiertamente describiendo los conflictos como parte de un plan divino.

La transformación del Pentágono también debe leerse en clave política. Para Hegseth y su entorno, el Ejército es un campo central en la llamada “guerra cultural”. La reconfiguración interna responde tanto a objetivos estratégicos como a la voluntad de alinear la institución con una determinada visión ideológica.

En este sentido, la retórica sobre enemigos internos y externos conecta con discursos más amplios dentro de la administración. La militarización de esa narrativa refuerza la idea de un conflicto que trasciende lo estrictamente militar. @mundiario

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