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Mundiario 26 Oct, 2026 05:40 (3 min de lectura)
Riesgo / Alerta

Paisaje después de las batallas

Paisaje después de las batallas
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• La ciudadanía occidental ha auspiciado la decadencia de sus líderes tradicionales.
• Surgen figuras con complejo cesarista y poca empatía social en el occidente global.

Ahora que Lula acaba de marcar el disputado gol de la victoria en Brasil, que Trump se la va a jugar en las midterms, que a Netanyahu le llega el agua al cuello ante su inminente desafío electoral, que las fronteras de la UE se han ido haciendo permeables en Groenlandia, en Ucrania, en España, en Italia, y objetos del deseo para Putin en Polonia, tal vez en los países Bálticos, probablemente en la Escandinavia y vaya usted a saber dónde, recurre uno de nuevo al párrafo de La decadencia de occidente en el que, Oswald Spengler, adelantó un diagnóstico en 1918 (por cierto, con prólogo en español de Ortega) con ínfulas de profecía que lleva lo que va del siglo XXI progresando adecuadamente: “alrededor del año 2000, la civilización occidental entraría en el período de emergencia previa a la muerte cuya respuesta conduciría a 200 años de cesarismo (omnipotencia extra-constitucional de la rama ejecutiva del gobierno) antes del colapso final de la civilización occidental”

Lejos de mí la intención de ponérselos de corbata al personal, oiga, pero por todos los caminos que podemos tomar los pobres mortales que, por ahora, aún permanecemos vivos, mira uno a cualquier lugar considerado el occidente del globo terráqueo y, ya ven ustedes, han ido desapareciendo los JFK, los Obama, los Olof Palme, los Brandt, los Suárez, los Felipes, hijos políticos de aquellos padres de la cosa: Monnet, Schuman, Adenauer, Marshall, gente como aquella horrorizada ante una Europa fratricida en la que no había quedado piedra sobre piedra, y han ido emergiendo, como del rayo, líderes de poca monta, de excesiva ambición, de nula empatía con sus ciudadanos y ese complejo de césares absolutistas que gobiernan gracias al pueblo, pero de espaldas al pueblo.

Ahora, claro, nos rasgamos las vestiduras cuando arde París, Roma, Madrid, Barcelona, Ceuta, A Coruña, los municipios que hagan falta y lo que te rondaré morena, en plena decadencia de una paradójica civilización en la que, los pueblos, por ejemplo el español, va a votar dentro de 34 días por sus preferidos para que aprueben leyes en su próximo parlamento, pero, luego no tienen el mínimo recato en pasar de la Ley, de la policía encargada de velar para que se cumpla, de la Justicia señalada con lawfare según sentencie en contra de las respectivas hinchadas ideológicas.

Si los cargos públicos ejecutivos y legislativos son incapaces de predicar con el ejemplo, en sus declaraciones de viva voz, a través de las redes sociales o esa herramienta desalmada, inhumana de la IA, ¿cómo pueden sorprendernos los chalecos amarillos, los adolescentes encapuchados, los infiltrados ejércitos de guerras híbridas, los rebeldes, con causas o sin ellas, que se hacen visibles en la punta de ese iceberg sumergido de la decadencia de occidente?

Nosotros hemos dejado hacer esto, ladies and gentlemen, de manera que ya saben: ¡ajo y agua…! @mundiario

 

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