No es la primera vez que una andanada arrecia en contra de Marcelo Ebrard. Eso, por lo tanto, será una constante, sobre todo por el potencial político que tiene y, a su vez, la enorme estructura que ha ido construyendo a lo largo y ancho del país. Todo eso, además de la carrera que ha cimentado, le ha valido para ganarse el respeto y el reconocimiento por su trayectoria. De ese modo, es muy común que se fragüen este tipo de estrategias perniciosas que, como fin, tratan de dañar la intachable imagen de un servidor público como el secretario de Economía. Esto es una pequeña sinopsis. Es más, creemos que nos quedamos cortos en un personaje que ha forjado su semblanza en más de 40 años de quehaceres sociopolíticos en distintas trincheras. Relatar hasta el más mínimo detalle nos llevaría mucho tiempo de alguien que, efectivamente, está calificado para llevar a cabo cualquier encomienda.
Esto que está sucediendo, que no es otra cosa más que guerra sucia, muestra la saña con que algunos personajes buscan desacreditar. El patrón, desde mi perspectiva, es un exceso por la forma en que se le está señalando. Él mismo, desde la conferencia mañanera, explicó a profundidad la estadía de su hijo en Londres sin incluir servicios más que el propio hospedaje. Todo eso, lo tenemos muy claro, no es aprovecharse del ejercicio público ni hablar de exclusividades. Siendo así, no hay elementos para que la Secretaría Anticorrupción encuentre alguna justificación para sancionarlo. En lo personal, de hecho, esta campaña tiene todas las características de una guerra sucia, eso sí, justamente en una etapa crucial como las negociaciones con el Departamento de Comercio de los Estados Unidos. Siendo así, no aguardaron nada y, con la metralla abierta, trataron de hacer tropezar a Marcelo Ebrard.
Es muy fácil distinguir una estrategia perniciosa como la que pusieron en marcha, sobre todo en vísperas de un clima de organización del T-MEC. Eso, si me lo preguntan a mí, tiene que ver con las negociaciones que se están concretando con las contrapartes. Como sabemos, hay un proceso de evolución en las primeras rondas que se han dado entre distintos países. En realidad, son cuestiones técnicas para encontrar coincidencias y áreas de oportunidad. De hecho, hemos esperado mucho tiempo para que esta coyuntura llegue a su cauce. Inclusive, la previa de todo ello constituyó un enorme desafío cuando la amenaza de desaparecer el tratado estuvo latente. Precisamente allí, donde Marcelo encontró el espacio idóneo para inhibir el impacto, las cosas comenzaron a recomponerse, mayormente para evitar el pago de aranceles que amagó el vecino país con imponernos por algunos productos que cruzan la frontera. Aquella, desde luego, fue decisiva para librarnos de un esquema punitivo de impuestos y, a su vez, se armonizaron para anteponer el interés colectivo, básicamente cuando nos referimos al desarrollo que jalan las cumbres internacionales.
Todo eso, en su inmensa mayoría, ha dependido de la capacidad que le ha sabido imprimir Marcelo Ebrard. Sé que corren muchas versiones que andan asegurando que habrá cambios estratégicos con el gabinete. Es verdad: otros pueden negociar un acuerdo tripartito entre Estados Unidos y Canadá, pero no tan articulado y eficaz. Siendo francos, la experiencia y la madurez de Marcelo Ebrard han marcado la diferencia. Él, asimismo, se distingue por esa capacidad de no abandonar esos compromisos irrestrictos de un tema que a todos nos compete, máxime porque todo esto desencadena desarrollo e inversiones y, lo más sustancial, generación de fuentes de empleo que propician el mejoramiento de la calidad de vida.
Podemos decir que Marcelo Ebrard, como tal, tiene el control total de las negociaciones que vendrán en puerta. De hecho, se ajustó perfectamente para colocarse en un contexto idóneo en este momento que la marcha de los trabajos ha iniciado, mayormente ahora que nos enteramos de que se constituyó el equipo que estará al frente de las negociaciones. Claudia Sheinbaum, en ese sentido, sabe a la perfección que la mejor apuesta que tiene es Ebrard. En él, desde hace mucho tiempo, gira la encomienda de fortalecimiento de los canales de comunicación con el Departamento de Comercio de los Estados Unidos. Las mismas circunstancias, en el pasado sexenio, lo pusieron a prueba y salió avante cuando muchos calculaban erróneamente una hecatombe. No es ningún improvisado: su experiencia ha confirmado a lo largo de los años que está para asumir retos de cualquier naturaleza. Siendo así, no veo ninguna forma de mermar su trabajo, pero sobre todo sus aspiraciones legítimas a futuro.
Y Marcelo, impávido ante las circunstancias, saldrá adelante ante esta campaña sucia que hay en su contra. Lo ha hecho en muchas ocasiones, específicamente con las infamias que han sembrado en su contra, como la propia persecución política del asunto de la Casa Blanca. Los verdugos, en esa ocasión, fueron Miguel Ángel Osorio Chong y Miguel Ángel Mancera, que actuaron bajo la consigna de manchar su nombre. Ese esfuerzo fue en vano: Ebrard salió con la frente en alto porque es una persona que se guía por principios. Ya vimos que siempre sale a flote ese carácter y esa capacidad para sobreponerse a la adversidad y el fuego amigo. No será la primera vez ni mucho menos la última.
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