MORELIA, Mich., 24 de abril de 2026.- Tras analizar 30 tampones de 24 marcas distintas, un estudio reveló la presencia de 16 metales pesados, incluidos plomo, arsénico y cadmio, los cuales al introducirse vaginalmente, alcanzan concentraciones en la sangre y pueden provocar efectos en la salud.
La investigación, realizada por la Universidad de Columbia, partió de la revisión de 15 estudios previos que ya habían identificado diversos compuestos químicos en estos productos, como dioxinas, fragancias y parabenos en estos productos de higiene. Sin embargo, a pesar de su frecuente uso y sus riesgos para la salud, hasta el momento no se había analizado a fondo la presencia de metales pesados.
Según el estudio, metales como plomo, cobre, zinc y cadmio pueden bioacumularse en el algodón utilizado para fabricar tampones, debido a la contaminación del suelo por pesticidas, fertilizantes, aguas residuales o deposición atmosférica. A esto se suma que durante el proceso industrial podrían añadirse metales con distintos fines, como el blanqueamiento o la pigmentación.
El estudio analizó 60 muestras correspondientes a 30 tampones distintos, que abarcan 24 combinaciones de marcas, líneas de producto y niveles de absorción, en los cuales encontró concentraciones medibles de los 16 metales evaluados. Entre ellos destacan metales tóxicos como plomo (Pb), cadmio (Cd) y arsénico (As).
Uno de los hallazgos fue la presencia de plomo en el 100 por ciento de las muestras. Ante ello, los investigadores advierten que no existe un nivel seguro de exposición a este metal, el cual puede permanecer durante décadas en el organismo y está relacionado con daños neurológicos, cardiovasculares, renales, inmunológicos y reproductivos, además de afectar funciones cognitivas como la memoria y el aprendizaje.
“Preocupantemente, encontramos Pb en todos los tampones analizados. No existe un nivel de exposición seguro al Pb; cualquier proporción de Pb que pueda filtrarse de un tampón y llegar a la circulación sistémica podría contribuir a resultados negativos para la salud”, sostienen Jenni Shearston, Kristen Upson y Milo Gordon.
Otro de los metales encontrados en los tampones es el arsénico, un carcinógeno reconocido, asociado a enfermedades cardiovasculares, daños en la piel, así como afecciones respiratorias y neurológicas. Asimismo, fue detectado cadmio, el cual impacta principalmente al sistema renal y se vincula con padecimientos cardiovasculares.
El riesgo crece al tomar en cuenta que el epitelio vaginal, en contacto directo con los tampones y los metales, permite una absorción química altamente eficiente hacia la circulación sistémica, superior a la vía oral, lo que facilita el ingreso de estos metales al organismo.
Los autores subrayan que este es el único estudio que existe que evalúa la presencia de metales en tampones, pese a su uso extendido a nivel mundial. Por ello, hacen un llamado a establecer regulaciones que obliguen a los fabricantes a realizar pruebas específicas, con el fin de garantizar la seguridad de las usuarias.
“Hasta donde sabemos, nuestro estudio es el primero en evaluar las concentraciones de metales en tampones, a pesar del potencial de absorción vaginal sustancial de metales y el uso generalizado y frecuente de tampones entre las mujeres menstruantes”, concluyó.
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