SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 24 de abril de 2026.-La reciente difusión de amenazas de tiroteo en planteles educativos de al menos siete entidades del país encendió protocolos de seguridad y generó preocupación entre autoridades, docentes y padres de familia, al evidenciar un fenómeno vinculado con la viralización de contenidos en redes sociales, particularmente entre jóvenes.
En San Luis Potosí, mensajes difundidos en plataformas digitales alertaron sobre posibles ataques en los CBTIS 121 y 131, lo que derivó en acciones preventivas, vigilancia interna y coordinación con autoridades, sin que se registraran incidentes armados.
Este escenario se repitió en distintos estados del país se han detectado situaciones similares, algunas incluso con mensajes escritos en instalaciones escolares, en un contexto marcado por hechos recientes de violencia que han tenido amplia difusión mediática, lo que incrementa la sensibilidad social ante este tipo de amenazas.
A ello se suma la presencia de un reto viral en TikTok, que ha sido identificado como posible detonante de estas publicaciones, en el que jóvenes replican mensajes intimidatorios como una forma de interacción digital, sin dimensionar las consecuencias que pueden generar tanto a nivel social como legal.
Ante este panorama, la psicóloga Elia Eréndira Sánchez García, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) y encargada del Centro de Servicios Integrales en Psicología y Psicoterapia, explicó que este tipo de conductas puede entenderse a partir del llamado “efecto réplica”.
“El efecto réplica, en psicología, tiene que ver con actos de imitación… es el querer ‘encajar’ en un patrón de conductas sociales para ser aceptados”, señaló, al explicar que este comportamiento responde a la necesidad de pertenencia que caracteriza al ser humano, pero que se intensifica durante etapas como la adolescencia.
La especialista detalló que, en este periodo, los jóvenes se encuentran en un proceso de construcción de identidad, lo que los vuelve más susceptibles a replicar conductas que observan en su entorno o en redes sociales, especialmente si buscan validación o reconocimiento dentro de sus grupos.
Advirtió que este fenómeno puede agravarse cuando los adolescentes se desarrollan en contextos adversos, como entornos familiares disfuncionales o ambientes con presencia de violencia, lo que incrementa la probabilidad de que adopten conductas antisociales.
En cuanto a los factores emocionales, Sánchez García explicó que detrás de estas conductas suele existir una fuerte necesidad de aceptación social, así como carencias emocionales que influyen en la toma de decisiones.
“Sin duda alguna hay una necesidad importante del individuo de ser ‘alguien’. Al participar en estos retos el individuo tiene una gran necesidad de aceptación social”, indicó, al señalar que estas acciones pueden generar una sensación momentánea de reconocimiento o superioridad ante los demás.
Agregó que, en muchos casos, los jóvenes que participan en este tipo de dinámicas presentan condiciones como baja autoestima, soledad, aburrimiento o aislamiento, lo que los hace más vulnerables a involucrarse en este tipo de conductas.
Asimismo, subrayó que es fundamental no minimizar estas situaciones, ya que aunque en muchos casos se originan como retos virales o “juegos”, pueden escalar a escenarios de riesgo real, además de tener implicaciones legales incluso para menores de edad.
En ese sentido, la especialista enfatizó la importancia de identificar señales de alerta tanto en el entorno familiar como escolar, para prevenir este tipo de conductas.
“Las primeras señales son cambios en su comportamiento e interacción, aislamiento, conductas irascibles, bajas notas escolares o falta de interés”, explicó, al detallar que también pueden presentarse alteraciones en hábitos de sueño y alimentación, así como cambios en sus relaciones sociales.
Indicó que la detección oportuna de estos signos permite intervenir antes de que la situación escale, a través del fortalecimiento de la comunicación en casa, la supervisión del uso de redes sociales y el acompañamiento emocional.
Finalmente, Sánchez García subrayó que la prevención de este fenómeno requiere un trabajo conjunto entre padres de familia, instituciones educativas y autoridades, con el objetivo de generar entornos seguros y atender de manera integral el desarrollo emocional de niñas, niños y adolescentes frente a la influencia de contenidos digitales.
Reproducción autorizada citando la fuente: Quadratín SLP
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