Benjamín Netanyahu afronta uno de los momentos más delicados de su trayectoria política. Los sondeos a pie de urna de las elecciones israelíes del 27 de octubre apuntan a un debilitamiento de su bloque, aunque la oposición encabezada por Gadi Eisenkot tampoco reuniría por sí sola los 61 escaños necesarios para gobernar.
En este escenario, la pregunta trasciende el resultado electoral: ¿puede Netanyahu recuperar su imagen política después de años marcados por la guerra, la polarización y el cuestionamiento de su liderazgo?
El desgaste de un liderazgo marcado por la guerra
Los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza transformaron profundamente el debate político israelí. Las críticas a la gestión de la seguridad, las consecuencias humanitarias del conflicto y las divisiones internas han situado al primer ministro bajo una presión sostenida. Para sus detractores, su permanencia en el poder representa la continuidad de una etapa de confrontación; para sus partidarios, su experiencia en seguridad y política exterior continúa siendo un argumento a favor de su liderazgo.
Los primeros sondeos sitúan al bloque de Netanyahu alrededor de los 50 escaños, mientras las fuerzas opositoras alcanzarían entre 50 y 53. La ausencia de una mayoría clara demuestra que el desgaste político no se traduce automáticamente en un rechazo electoral suficiente para desplazarlo del Gobierno.
¿Qué necesitaría Netanyahu para mejorar su imagen?
La recuperación de su credibilidad dependería de algo más que una campaña de comunicación. Una mayor transparencia sobre las decisiones de seguridad, la rendición de cuentas por los errores institucionales y una estrategia capaz de reducir las tensiones internas podrían contribuir a recuperar la confianza de sectores críticos.
También resultaría determinante su capacidad para ofrecer respuestas a las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos. La seguridad sigue siendo una prioridad, pero el coste de vida, la estabilidad económica y el funcionamiento de las instituciones forman parte de las expectativas de una sociedad que necesita perspectivas más allá del conflicto.
No obstante, reconstruir su imagen presenta dificultades. Netanyahu es una figura que despierta adhesiones y rechazos intensos, por lo que las medidas que fortalecen su respaldo entre los votantes conservadores pueden resultar insuficientes para convencer a los sectores moderados o contrarios a su gestión.
El Parlamento puede definir su futuro
El eventual papel decisivo de Ra’am y la Lista Conjunta, que podrían sumar entre 17 y 18 escaños según las proyecciones, añade complejidad al escenario. Si la oposición no logra articular una mayoría alternativa, Netanyahu podría conservar margen para negociar, incluso con una coalición debilitada.
Sin embargo, mantenerse en el poder no equivale necesariamente a recuperar la confianza pública. La formación de un Gobierno y la mejora de su reputación son desafíos distintos: el primero depende de acuerdos parlamentarios; el segundo exige resultados, responsabilidad política y capacidad de diálogo.
Netanyahu todavía podría reconstruir parte de su imagen, pero su futuro dependerá menos de cómo presente su liderazgo y más de cómo responda a las demandas de una sociedad profundamente dividida. Los resultados definitivos y las negociaciones posteriores determinarán si dispone de una nueva oportunidad para hacerlo o si Israel abre una etapa política diferente. @mundiario