Las elecciones legislativas de Israel han dejado un resultado tan paradójico como decisivo para el futuro político del país: Benjamín Netanyahu conserva el primer puesto con su partido, el Likud, pero la coalición que le ha permitido gobernar podría quedarse sin los apoyos necesarios para continuar en el poder. Los sondeos a pie de urna difundidos tras el cierre de los colegios sitúan a sus adversarios por delante en el reparto global de escaños, aunque tampoco les conceden una mayoría suficiente para gobernar en solitario. El desenlace dependerá ahora de las negociaciones entre las distintas formaciones y, especialmente, de la posición de los partidos árabes.
Las primeras proyecciones atribuyen al Likud entre 24 y 25 diputados, por debajo de los 32 que obtuvo en 2022. El bloque que apoya a Netanyahu se quedaría en torno a los 50 o 51 escaños, frente a los 61 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta en una Knéset de 120 miembros. En cambio, las fuerzas judías que buscan apartar al primer ministro sumarían entre 52 y 53 diputados. Ninguno de los dos espacios tiene, por tanto, garantizada la formación de un Ejecutivo.
La participación ha sido otro de los grandes datos de la jornada. El 77,7% del electorado acudió a las urnas, la cifra más elevada desde 1999, según los datos publicados por medios israelíes y RTVE. La movilización también fue especialmente intensa entre la población árabe de Israel, cuyos partidos podrían alcanzar una representación parlamentaria histórica.
El castigo a los socios de Netanyahu puede costarle el Gobierno
Aunque el Likud ha resistido mejor de lo que anticipaban algunas encuestas previas, los resultados proyectados reflejan un retroceso importante de sus socios. El partido ultraortodoxo Shas pasaría de 11 escaños a entre seis y ocho, mientras que Poder Judío, la formación del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, obtendría entre seis y siete. Judaísmo Unido de la Torá también se movería en una horquilla de seis o siete diputados.
La pérdida de apoyos es especialmente relevante porque Netanyahu necesita mantener unidas a esas formaciones para construir una mayoría. El resultado sugiere que el desgaste no afecta únicamente al primer ministro, sino también al sector ultraortodoxo y a la extrema derecha religiosa que ha sostenido su Gobierno.
El Likud continúa siendo el partido individual más votado, pero esa victoria parcial no garantiza la continuidad del Ejecutivo. En el sistema parlamentario israelí, la clave no es solo quedar en primera posición, sino conseguir el respaldo de al menos 61 diputados para investir un Gobierno. Y esa es, precisamente, la barrera que Netanyahu no consigue superar con las cifras actuales.
Gadi Eisenkot se prepara para intentar formar Gobierno
El principal beneficiado por el retroceso de la coalición gubernamental es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército israelí y líder de Yashar!, una formación que aspira a encabezar una alternativa a Netanyahu. Su partido conseguiría, según las proyecciones, entre 21 y 23 escaños, una cifra que lo sitúa como una de las principales fuerzas de la nueva Cámara, aunque por detrás del Likud.
Eisenkot ha interpretado los sondeos como una señal de rechazo al Gobierno actual y ha anunciado que tratará de negociar una nueva mayoría lo antes posible si el recuento confirma las estimaciones. Su objetivo es reunir a fuerzas ideológicamente diversas, desde la derecha laica hasta la izquierda, unidas por su oposición a Netanyahu.
La tarea, sin embargo, no será sencilla. Ese bloque reúne partidos con diferencias importantes en cuestiones de seguridad, economía, religión y política exterior. El deseo de sustituir al primer ministro puede servir como punto de partida, pero no garantiza que todas las formaciones estén dispuestas a compartir un programa de Gobierno.
Los partidos árabes tienen la llave de la mayoría
La gran sorpresa de las elecciones puede ser el avance de las listas árabes. Las proyecciones sitúan a la Lista Conjunta y a Ra’am en torno a los 17 o 18 escaños en conjunto, una representación muy superior a la que tenían en el Parlamento saliente. Su resultado se explica, en parte, por la elevada participación de los ciudadanos árabes de Israel.
Ese crecimiento convierte a ambas formaciones en piezas centrales de cualquier intento de formar una mayoría alternativa. Si el bloque de Eisenkot quiere alcanzar los 61 diputados, necesitará negociar con ellas, ya sea para conseguir su apoyo directo o para explorar fórmulas que permitan la investidura.
El obstáculo es político. Netanyahu ha descartado pactar con los partidos árabes, mientras que en el campo opositor también existen reservas sobre el alcance de una posible colaboración. No todos los partidos judíos que se oponen al primer ministro comparten la misma disposición a depender de esas formaciones.
Ra’am ha expresado su esperanza de que las cuentas permitan reunir una mayoría de 61 diputados. Desde la Lista Conjunta, sus dirigentes han reivindicado el resultado como una señal de que la representación de la minoría palestina con ciudadanía israelí no puede quedar al margen de las negociaciones políticas.
¿Qué pasará ahora y cuándo se conocerán los resultados definitivos?
La primera cautela es importante: las cifras disponibles son sondeos a pie de urna, no resultados oficiales definitivos. Aunque ofrecen una orientación sobre la distribución de los escaños, el recuento puede introducir cambios, sobre todo cuando la diferencia entre los bloques es tan estrecha. El escrutinio oficial continuará durante las próximas horas y se espera que avance de forma significativa antes de conocerse el resultado final.
El proceso para formar Gobierno seguirá varios pasos:
-El recuento oficial: permitirá comprobar cuántos escaños obtiene cada partido y si las proyecciones se mantienen. Un cambio de uno o dos diputados podría alterar las opciones de negociación.
-Las consultas presidenciales: una vez se conozca la composición de la nueva Knéset, el presidente israelí, Isaac Herzog, consultará a las formaciones políticas y encargará la formación del Ejecutivo al candidato con más posibilidades de reunir una mayoría. No tiene por qué ser el líder del partido más votado.
-Las negociaciones: el candidato designado dispondrá de 28 días para cerrar un acuerdo, con una posible prórroga de 14 días. Si no lo consigue, Herzog podrá encargar la tarea a otra persona.
-Una posible repetición electoral: si ningún candidato logra reunir los apoyos necesarios, Israel podría verse abocado a nuevas elecciones. Mientras tanto, Netanyahu continuaría al frente de un Gobierno en funciones.
Por eso, la noche electoral no supone todavía el final de la etapa de Netanyahu. El primer ministro puede intentar reconstruir una mayoría mediante pactos, aunque el retroceso de sus aliados complica esa posibilidad. Eisenkot, por su parte, tendrá que demostrar que su bloque puede transformar la ventaja de los sondeos en una alianza parlamentaria estable.
Una elección marcada por el 7 de octubre y el futuro de Israel
Los comicios se han celebrado bajo el peso de las consecuencias de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y de la posterior guerra en Gaza. Entre las cuestiones que han condicionado la campaña figuran la responsabilidad política por los fallos de seguridad, la creación de una comisión de investigación, la exención del servicio militar para los ultraortodoxos, el coste de la vivienda y el impacto económico de los conflictos.
La composición del próximo Gobierno tendrá consecuencias para la política de seguridad israelí, las relaciones con los palestinos y la estrategia del país en Oriente Próximo. Sin embargo, el posible relevo de Netanyahu no implica automáticamente un cambio inmediato en todos esos ámbitos: dependerá del programa que logren acordar los partidos que participen en la futura coalición.
El resultado deja, por ahora, una conclusión clara: Netanyahu puede haber ganado la batalla entre partidos, pero corre el riesgo de perder la capacidad de gobernar. La oposición tiene una oportunidad real de apartarlo del poder, aunque necesita negociar con formaciones que mantienen diferencias profundas. La respuesta llegará en los próximos días, cuando el escrutinio confirme las cifras y comience la carrera por reunir los 61 escaños que decidirán quién dirige Israel. @mundiario