El mercado laboral español ha alcanzado una cifra que durante años parecía difícil de recuperar tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. En el tercer trimestre de 2026, España registró 12,19 millones de hombres ocupados, por encima del máximo de 12,18 millones contabilizado en el mismo periodo de 2007. El dato confirma la recuperación del empleo masculino tras una de las crisis económicas más profundas de la historia reciente, aunque también invita a mirar más allá del récord: el mercado de trabajo ha cambiado desde entonces y las desigualdades entre hombres y mujeres continúan presentes.
La cifra publicada por la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE) representa un hito para la ocupación masculina. Antes de la crisis financiera, la construcción impulsaba buena parte de la contratación de hombres y alimentaba el crecimiento económico. Sin embargo, el desplome del sector a partir de 2008 transformó aquel escenario.
La pérdida de puestos de trabajo fue especialmente intensa entre los hombres. La ocupación masculina pasó de los 12,18 millones registrados en el tercer trimestre de 2007 a 9,17 millones en el primer trimestre de 2014. La recuperación ha sido progresiva y ha necesitado más de doce años desde aquel mínimo para superar de nuevo el nivel previo a la crisis.
El recorrido demuestra hasta qué punto una crisis económica puede dejar huella durante años en el empleo. Recuperar una cifra agregada no significa borrar automáticamente las consecuencias sociales de la recesión ni garantizar que los nuevos puestos tengan las mismas características que los desaparecidos.
La construcción ya no tiene el mismo peso
El estallido de la burbuja inmobiliaria explica buena parte de la caída de la ocupación masculina. La construcción pasó de contar con 2,7 millones de trabajadores en 2007 a apenas 940.000 en 2014. El ajuste fue especialmente duro en una actividad tradicionalmente dominada por los hombres.
En 2008, los varones representaban el 92,8% del empleo del sector. En 2025, la proporción seguía siendo elevada, con un 90,1%. No obstante, la construcción ha reducido su peso en el conjunto del mercado laboral: si entonces concentraba cerca del 20% de los trabajadores, actualmente representa alrededor del 16%.
La recuperación del empleo masculino, por tanto, no supone una vuelta exacta al modelo económico anterior a la crisis. La estructura productiva ha evolucionado y la ocupación se distribuye entre actividades con características, salarios y condiciones laborales diferentes.
Las mujeres alcanzaron antes su máximo de ocupación
El recorrido del empleo femenino presenta diferencias importantes. Las mujeres registraron su anterior máximo de ocupación en el segundo trimestre de 2008, con 8,7 millones de trabajadoras. La cifra cayó hasta los 7,8 millones en 2013, pero en 2018 ya había superado el nivel anterior a la crisis.
Desde entonces, la ocupación femenina ha mantenido una trayectoria ascendente hasta alcanzar los 10,66 millones en el tercer trimestre de 2026. Esto significa que el máximo histórico masculino llega después de que las mujeres hubieran recuperado y superado su propio récord.
También se ha reducido la distancia entre ambos sexos en el mercado laboral. En 2002, los hombres representaban el 62% de la fuerza de trabajo y las mujeres, el 38%. En el tercer trimestre de 2026, las proporciones se situaban en el 53,3% y el 46,7%, respectivamente.
La convergencia ha sido considerable, aunque el avance se ha ralentizado durante los últimos años. La mayor presencia femenina en el empleo no se ha traducido todavía en una igualdad plena en salarios, estabilidad contractual y distribución de las jornadas.
La brecha salarial continúa condicionando la igualdad
Las diferencias entre hombres y mujeres siguen siendo visibles en las retribuciones. Según las cifras de la EPA correspondientes a 2024, los hombres percibían un salario bruto mensual medio de 2.593 euros, frente a los 2.163 euros de las mujeres.
Aunque la distancia se ha reducido desde principios de siglo, cuando el salario femenino equivalía al 78,6% del masculino, todavía persiste una brecha significativa. En 2024, el promedio de las mujeres representaba el 83,4% del de los hombres.
Un informe de CC OO atribuye una parte importante de esta diferencia a la mayor presencia femenina en el trabajo a tiempo parcial. El 73% de las personas ocupadas con jornadas parciales son mujeres, frente al 27% de hombres. La desigual distribución de las responsabilidades de cuidados contribuye a explicar esta diferencia.
La estabilidad contractual también presenta contrastes. El 85% de los hombres ocupados tiene contrato indefinido ordinario, frente al 81,1% de las mujeres. Además, ellas presentan mayores porcentajes de contratación temporal y fija discontinua, según los datos recogidos en la información de partida.
Un mercado laboral con oportunidades y desigualdades
La distribución por sectores ayuda a entender parte de estas diferencias. Los hombres mantienen una presencia predominante en la minería, el transporte, la construcción y determinadas actividades industriales. Las mujeres, por su parte, tienen más peso en el empleo doméstico, la sanidad, los servicios sociales y la educación.
Estas diferencias también tienen consecuencias para la seguridad laboral. En 2025 fallecieron durante su jornada de trabajo 546 hombres y 38 mujeres. La concentración masculina en actividades con mayores riesgos laborales ayuda a explicar parte de esta distancia.
El desempleo ofrece otra perspectiva. En el promedio anual de 2025, la tasa de paro femenina se situó en el 11,89%, frente al 9,26% de la masculina. Aunque ambos indicadores han evolucionado desde los peores momentos de la Gran Recesión, las mujeres siguen soportando una mayor tasa de desempleo.
El récord de 12,19 millones de hombres ocupados constituye una señal de la recuperación del mercado laboral español, pero no basta por sí solo para medir su calidad. La estabilidad, los salarios, la seguridad y las oportunidades profesionales también determinan el alcance real de esa mejora.
España ha recuperado el nivel de ocupación masculina anterior a la crisis inmobiliaria. El siguiente desafío consiste en consolidar ese avance sin dejar atrás las cuestiones estructurales que todavía separan las condiciones laborales de hombres y mujeres. @mundiario