En Galicia, la conectividad aérea nunca ha sido una cuestión meramente logística. Es, sobre todo, una cuestión estratégica. Por eso, el nuevo pulso entre Ryanair y el gestor aeroportuario Aena, que ha derivado en un recorte de 1,2 millones de asientos en aeropuertos regionales para este verano —y de tres millones desde 2024— tiene una lectura que va mucho más allá del negocio aeronáutico. Afecta a la competitividad territorial, al turismo y a la cohesión económica de comunidades periféricas como la gallega.
El movimiento de la aerolínea irlandesa se ha traducido en decisiones muy visibles: desaparición de rutas en aeropuertos como Vigo y una reducción drástica de la oferta en Santiago, donde el ajuste alcanza el 79%. La estrategia de la compañía, expresada por su consejero delegado, Eddie Wilson, apunta directamente a la subida de tasas aeroportuarias como causa principal. Ryanair reclama al Gobierno que bloquee la propuesta tarifaria de Aena para el quinquenio 2027-2031, advirtiendo de que la pérdida de competitividad frente a otros países ya está provocando desvíos de inversión.
Pero en el trasfondo de este enfrentamiento hay algo más profundo que un simple desacuerdo comercial. Se trata de un choque entre dos visiones del sistema aeroportuario: la de una red pública que busca equilibrio financiero y sostenibilidad a largo plazo, y la de aerolíneas que operan bajo márgenes ajustados y que priorizan destinos donde el coste operativo es menor. En esa tensión estructural se sitúan aeropuertos regionales como los gallegos, históricamente dependientes de incentivos y acuerdos con compañías de bajo coste.
La desaparición de Ryanair en Vigo y el ajuste del 79% en Santiago evidencian la fragilidad del tráfico aéreo regional
Dependencia
El caso de Vigo es especialmente revelador. La salida de Ryanair del aeropuerto de Peinador no es solo una cuestión de números. Es un síntoma de una debilidad estructural: la dificultad de consolidar rutas en aeropuertos medianos sin una política clara y sostenida. Cada retirada de una aerolínea genera un efecto dominó que afecta al turismo, al tejido empresarial y a la percepción de accesibilidad del territorio.
Santiago, por su parte, sigue siendo el principal aeropuerto gallego, pero el fuerte recorte de asientos evidencia hasta qué punto la dependencia de un único operador puede convertirse en un factor de riesgo. El modelo de crecimiento basado en el bajo coste permitió democratizar el acceso al transporte aéreo y multiplicar el flujo turístico, especialmente vinculado al Camino de Santiago. Sin embargo, también ha generado una vulnerabilidad: cuando la aerolínea dominante modifica su estrategia, el impacto es inmediato.
Aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro. / Mundiario
Alvedro gana rutas y aumenta su operativa por el cierre temporal de Santiago durante las obras en Lavacolla
Todo ello coincide ahora con que el aeropuerto de Alvedro, en A Coruña, crece con el cierre de Santiago: Alvedro ha ganado rutas y plazas de parking por las obras de asfaltado en Lavacolla. El aeropuerto coruñés amplía así su operativa de seis a once rutas, sumando conexiones con Mallorca, Sevilla, Málaga, Londres y París del 23 de abril al 27 de mayo.
Marruecos e Italia
La compañía irlandesa sostiene que su repliegue en aeropuertos regionales españoles se explica por una pérdida de competitividad frente a otros países. Marruecos, donde prevé crecer un 11%, e Italia, con un aumento del 9%, aparecen como ejemplos de mercados donde las condiciones tarifarias resultan más favorables. Desde la lógica empresarial, el argumento es coherente: el capital y la capacidad operativa se dirigen hacia los entornos más rentables.
Sin embargo, la cuestión central no es si Ryanair actúa conforme a sus intereses —algo esperable en cualquier empresa— sino si el modelo aeroportuario español puede permitirse una competencia basada exclusivamente en tarifas. Reducir tasas puede atraer tráfico a corto plazo, pero también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad económica de la red y sobre el reparto de costes entre territorios.
Aena, como gestor público, defiende que las tasas españolas siguen siendo competitivas en el contexto europeo y que los ingresos permiten sostener una red aeroportuaria extensa, que incluye infraestructuras deficitarias pero socialmente necesarias. Desde esta perspectiva, ceder a las presiones de una sola aerolínea podría generar un precedente difícil de gestionar y comprometer la estabilidad del sistema.
En Galicia, el debate adquiere una dimensión adicional. La comunidad ha apostado durante años por una estrategia de promoción aérea que combina subvenciones, acuerdos comerciales y campañas turísticas. El resultado ha sido un crecimiento notable del tráfico, pero también una dependencia creciente de operadores concretos. La actual reducción de plazas pone sobre la mesa la necesidad de repensar ese modelo.
Aeropuerto de Alvedro en A Corun?a. / RR SS
Una oportunidad
No se trata únicamente de atraer aerolíneas, sino de definir una política de conectividad coherente con la realidad territorial. Galicia no compite en igualdad de condiciones con regiones metropolitanas o con destinos turísticos masivos. Su fortaleza radica en un turismo cultural, paisajístico y sostenible, que exige estabilidad y previsibilidad en las conexiones aéreas.
El riesgo de fondo es que la conectividad regional se convierta en un terreno de negociación permanente, condicionado por decisiones empresariales tomadas a miles de kilómetros. Cada ajuste de capacidad, cada retirada de ruta, recuerda la fragilidad de un sistema que depende en gran medida de variables externas.
Por eso, el conflicto actual debería interpretarse como una oportunidad para abrir un debate más amplio. No solo sobre tasas aeroportuarias, sino sobre el papel que deben jugar los aeropuertos regionales en el desarrollo económico y sobre quién debe asumir el coste de mantenerlos operativos y competitivos.
Aeropuerto de Peinador en Vigo. / Turismo Rías Baixas
Santiago y Vigo
El futuro de Vigo y Santiago, en este contexto, no dependerá exclusivamente de la decisión de una aerolínea o de la política tarifaria de Aena. Dependerá, sobre todo, de la capacidad institucional para diseñar un modelo de conectividad estable, diversificado y alineado con los intereses estratégicos de Galicia. Ahí está ejemplo de Oporto.
En última instancia, la conectividad aérea no es un lujo: es una infraestructura esencial para territorios que, como Galicia, necesitan estar conectados para seguir siendo competitivos. @mundiario