La salida anticipada de Christine Lagarde de la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) convierte su sucesión en una carrera contrarreloj por uno de los puestos más influyentes de Europa. Su marcha, anunciada para el 7 de febrero, obliga a las principales capitales de la eurozona a negociar quién dirigirá la política monetaria en un momento en el que los equilibrios económicos y diplomáticos resultan determinantes. España quiere aprovechar la oportunidad para situar a Pablo Hernández de Cos al frente de la institución, pero la candidatura neerlandesa de Klaas Knot amenaza con convertir la elección en una disputa de alcance continental.
El relevo no se limita a encontrar un nombre para sustituir a Lagarde. La presidencia del BCE influye en las decisiones sobre los tipos de interés, las condiciones de financiación y la respuesta de la institución ante las presiones inflacionistas. Por eso, la elección del próximo presidente será también una prueba de la capacidad de los gobiernos europeos para alcanzar acuerdos sin romper el delicado equilibrio entre los intereses nacionales.
Una sucesión que obliga a acelerar las negociaciones
El calendario añade presión a una renovación que ya se perfilaba como una de las principales disputas institucionales de la eurozona. A la salida de Lagarde se suman otros dos movimientos relevantes: Isabel Schnabel dejará su puesto el 3 de enero y Philip Lane abandonará el suyo el 1 de junio. La coincidencia de estos cambios abre la puerta a una remodelación de buena parte del comité ejecutivo, responsable de dirigir la institución.
La posibilidad de negociar los nombramientos como un paquete gana así fuerza. Alemania ya ha mostrado su disposición a abordar conjuntamente las vacantes, una fórmula que permitiría intercambiar apoyos y repartir posiciones entre los principales países. El resultado dependerá tanto de los perfiles profesionales como de la capacidad de cada Gobierno para construir alianzas.
La decisión también tiene una dimensión política. La salida anticipada de Lagarde permitirá a Emmanuel Macron participar en las conversaciones antes de las elecciones presidenciales francesas previstas para la próxima primavera. El calendario puede resultar determinante para París, que tendrá margen para defender sus intereses en una negociación que afecta a uno de los centros de poder económico más importantes de la Unión Europea.
Pablo Hernández de Cos y Klaas Knot, frente a frente
España cuenta con un candidato con experiencia en la política monetaria internacional. Pablo Hernández de Cos, antiguo gobernador del Banco de España y actual director gerente del Banco de Pagos Internacionales de Basilea, aspira a ocupar la presidencia del BCE. Su candidatura dispone, además, de un respaldo poco habitual en la política española: tanto el Gobierno como el Partido Popular han expresado su apoyo.
Frente a él se sitúa Klaas Knot, expresidente del banco central neerlandés. Ambos parten como aspirantes destacados, aunque la elección no dependerá exclusivamente de sus credenciales económicas. En un proceso de estas características, el respaldo de las capitales, las alianzas entre países y el reparto del resto de los puestos pueden inclinar la balanza.
La candidatura española representa una oportunidad para recuperar protagonismo en la dirección del BCE después de la salida de Luis de Guindos, cuyo puesto fue ocupado por el croata Boris Vujčić. Sin embargo, tener un candidato competitivo no garantiza la victoria: España tendrá que convencer a otros gobiernos de que su propuesta encaja en el equilibrio general de la institución.
El reparto de puestos puede cambiar el resultado
La composición actual del comité ejecutivo complica las negociaciones. Alemania perderá a Schnabel, Francia a Lagarde y España ya no cuenta con De Guindos. Italia mantiene representación a través de Piero Cipollone, mientras que Países Bajos tiene a Frank Elderson.
Esta distribución puede alimentar las aspiraciones de los grandes países para recuperar o conservar influencia. Si Hernández de Cos obtiene la presidencia, los demás nombramientos podrían convertirse en la moneda de cambio para satisfacer las expectativas de Berlín, París y otras capitales. También cabe la posibilidad de que aparezca un candidato alternativo capaz de desbloquear una negociación estancada.
El puesto de economista jefe que dejará Philip Lane añade otra pieza a la partida. Las aspiraciones de Alemania y Francia para cubrir esa vacante, junto con los posibles acuerdos sobre los demás cargos, podrían determinar quién termina dirigiendo el banco. La presidencia, por tanto, no se decidirá necesariamente mediante una comparación aislada entre Hernández de Cos y Knot, sino dentro de un acuerdo institucional más amplio.
Halcones y palomas: qué puede cambiar en la política monetaria
Más allá de la pugna entre países, el perfil del próximo presidente tendrá consecuencias para las expectativas económicas. En el lenguaje de los bancos centrales, los llamados halcones priorizan una lucha contundente contra la inflación, incluso cuando exige mantener los tipos de interés elevados. Las palomas, en cambio, conceden mayor peso al impacto del endurecimiento monetario sobre el crecimiento, el empleo y el acceso al crédito.
Hernández de Cos y Knot presentan perfiles que no encajan de manera absoluta en ninguno de los dos extremos. Sin embargo, la trayectoria del candidato neerlandés durante la crisis del euro y los años posteriores ha reforzado su asociación con posiciones más duras, próximas a la tradición del Bundesbank alemán.
Esta diferencia importa para hogares, empresas y gobiernos. Las decisiones del BCE repercuten en las hipotecas variables, el coste de los préstamos, la financiación empresarial y las condiciones en las que los Estados emiten deuda. Aunque el presidente no decide por sí solo los tipos de interés, su influencia sobre el debate y la orientación de la institución es considerable.
Una decisión que va más allá de sustituir a Lagarde
El relevo abre una ventana de oportunidad para España, pero también evidencia los límites de su capacidad de influencia dentro de Europa. La candidatura de Hernández de Cos deberá superar una negociación en la que los méritos técnicos convivirán con los intereses nacionales y las compensaciones entre gobiernos.
Para la eurozona, el desafío consiste en renovar su cúpula sin debilitar la credibilidad del banco central ni convertir el proceso en una disputa que retrase decisiones relevantes. El próximo presidente heredará una institución sometida a expectativas contrapuestas: contener la inflación, evitar un deterioro excesivo de la actividad económica y preservar la confianza en el euro.
La salida anticipada de Lagarde ha adelantado, por tanto, algo más que un cambio de liderazgo. Ha activado una negociación en la que se decidirá quién tendrá mayor capacidad para influir en la política monetaria europea durante los próximos años. Y, mientras España intenta transformar su candidatura en una victoria diplomática, el resultado dependerá de un equilibrio que ninguna capital puede controlar por sí sola. @mundiario