El Deportivo cumplió con los deberes mínimos en su estreno copero, firmando una lectura tan simple como incontestable: solventar la primera eliminatoria frente al Auriense con un cómodo 0-3 en el estadio de O Couto. Sin embargo, sobre el maltrecho césped flotaron más sensaciones de trámite cumplido que destellos de brillantez futbolística, desplazando de inmediato todos los focos hacia la exigencia del próximo duelo liguero del lunes frente a Osasuna.
Las eliminatorias a partido único en feudos de categoría inferior siempre encierran trampas invisibles para los visitantes, donde la tiránica obligación de vencer rara vez se alinea con una puesta en escena brillante. Antonio Hidalgo dispuso una alineación plagada de rostros secundarios, una profunda rotación que, durante un primer acto espeso, se tradujo en una alarmante falta de ritmo y en una desconcertante apatía colectiva.
El frío invierno ourensano pareció congelar las ideas y el primer disparo entre los tres palos no hizo acto de presencia hasta sobrepasada la media hora de juego, evidenciando las dudas ofensivas que lastran al equipo en este tramo del curso. Pese a todo, justo antes de enfila el túnel de vestuarios para el descanso, el marcador se rompió con aroma a reivindicación: Kevin Sánchez peleó un balón dividido hasta apurar la línea de fondo y regalar el esférico a Jonathan Asp Jensen, quien empujó a la red con todo a favor.
Tras la reanudación, el Dépor encontró una marcha más de dinamismo gracias a la electricidad de Adama Traoré y, sobre todo, a la clarividencia de Noé Carrillo desde el banquillo. El canterano tardó un suspiro en conectar con Ximo Navarro por el carril diestro y trazar un centro quirúrgico al punto de penalti, donde apareció de nuevo el indomable Asp Jensen para firmar el segundo de su cuenta particular y encarrilar la eliminatoria.
Con el billete prácticamente en el bolsillo, el cuerpo técnico aprovechó para saciar el hambre de los jóvenes dando minutos a Martín Ochoa y Rubén López, mientras el propio danés rozaba un triplete que se esfumó por centímetros. Un triunfo de oficio para calmar aguas, aunque el verdadero examen de madurez aguarda a la vuelta de la esquina.
Un epílogo de gran factura técnica y la mirada puesta en la Liga
El tramo final del enfrentamiento discurrió con un Auriense visiblemente desgastado por el esfuerzo físico y un conjunto deportivista que optó por contemporizar ventajas sin ensañarse con el rival. Pese al tono gris general del bloque, la eliminatoria de Copa dejó destellos individuales muy valiosos para la profundidad de plantilla que maneja Antonio Hidalgo de cara al exigente calendario invernal en el campeonato doméstico.
El broche de oro al encuentro lo puso Luismi Cruz con una acción individual de máxima categoría. El habilidoso atacante, que reclama con argumentos sobre el césped recuperar su sitio de honra en el once titular, rubricó un auténtico golazo que supuso el definitivo cero a tres en el marcador, cerrando por todo lo alto el expediente copero gallego.
El Deportivo ya conoce la realidad de su momento: la necesidad de recuperar la eficacia perdida en el torneo de la regularidad y reencontrarse con las sensaciones positivas que permitan superar la sequía de resultados acumulada en las últimas seis jornadas ligueras.
La competición del K.O. cumple así su función balsámica, permitiendo rotar efectivos, dar confianza a los secundarios y certificar el pase sin lamentar percances físicos de gravedad en un terreno de juego siempre exigente.
El vestuario blanquiazul aparca temporalmente el torneo copero para enfocar todos los sentidos tácticos en la preparación del próximo compromiso liguero frente a Osasuna, donde la exigencia competitiva exigirá la mejor versión del bloque herculino. @mundiario