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Mundiario 30 Oct, 2026 04:55 (7 min de lectura)
Observatorio Neutral

El secreto del ascenso de Lagarde: cómo una abogada acabó dirigiendo el BCE

Por María P. Martínez En Mundo Francia
El secreto del ascenso de Lagarde: cómo una abogada acabó dirigiendo el BCE
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Christine Lagarde renuncia anticipadamente al frente del BCE.
• Su trayectoria destaca por ser abogada y no economista tradicional.
• Liderazgo basado en consenso y negociación durante crisis globales.

Christine Lagarde nunca encajó del todo en los moldes tradicionales del poder económico. No pertenecía a las élites académicas que históricamente han dominado las instituciones financieras europeas ni siguió el recorrido habitual de los grandes economistas. Sin embargo, durante casi dos décadas ha ocupado algunos de los puestos de mayor influencia sobre la economía internacional. Ahora, su decisión de abandonar anticipadamente la presidencia del Banco Central Europeo (BCE), prevista para el 7 de febrero, vuelve a poner el foco sobre una trayectoria marcada por la capacidad de negociación, las crisis y una forma poco convencional de ejercer el liderazgo.

A sus 70 años, la francesa deja atrás una carrera que la llevó desde los tribunales y los despachos de abogados hasta la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI) y, posteriormente, del BCE. Su historia también representa una excepción en un sector históricamente dominado por hombres, donde las redes de influencia y las credenciales académicas han funcionado durante décadas como puertas de entrada al poder.

Uno de los rasgos más reconocibles de Lagarde es su rechazo a las etiquetas. Mientras los responsables de política monetaria suelen clasificarse entre halcones, partidarios de combatir la inflación mediante subidas de tipos, y palomas, más preocupados por el impacto de esas decisiones sobre el crecimiento, ella ha construido una identidad propia. Su característico broche con forma de búho, símbolo de inteligencia y sabiduría asociado a Atenea, resume esa posición: escuchar, evaluar y decidir sin comprometerse de antemano con una corriente.

Su capacidad para gestionar los desacuerdos ha sido una de sus principales herramientas. Quienes han compartido reuniones con ella destacan su habilidad para escuchar diferentes posiciones, conducir las discusiones y construir consensos. Un liderazgo que no siempre necesita imponerse de manera visible, pero que consigue orientar las decisiones de un organismo en el que conviven intereses económicos y políticos muy distintos.

De abogada a protagonista de las finanzas internacionales

El recorrido profesional de Lagarde comenzó lejos de los bancos centrales. Tras formar parte del equipo nacional francés de natación sincronizada durante su adolescencia, estudió Derecho en la Universidad de París X (Nanterre) y se incorporó con 25 años al despacho estadounidense Baker-McKenzie, en Chicago.

Su ascenso fue rápido. En apenas seis años alcanzó la categoría de socia y, en 1999, se convirtió en la primera mujer en presidir la firma. Aquella experiencia en un entorno empresarial internacional le permitió desarrollar habilidades de negociación que posteriormente trasladaría a la política y a las instituciones económicas.

Entre 2005 y 2011 ocupó diferentes responsabilidades ministeriales en Francia. Durante su última etapa al frente de la cartera económica tuvo que afrontar las consecuencias de la quiebra de Lehman Brothers y los primeros episodios de la crisis del euro. Su paso por el Gobierno también estuvo marcado por el caso Tapie, que terminó con una condena por negligencia en 2016.

En 2011 llegó al Fondo Monetario Internacional para sustituir a Dominique Strauss-Kahn. Ocho años después, dio otro salto histórico al asumir la presidencia del Banco Central Europeo en sustitución de Mario Draghi. De esta manera, Lagarde se convirtió en una de las mujeres con mayor influencia sobre las decisiones económicas internacionales.

Una presidencia marcada por errores y crisis sucesivas

Su etapa en el BCE comenzó con un tropiezo que dejó huella. En marzo de 2020, cuando la pandemia de covid-19 paralizaba Europa, unas declaraciones suyas sobre la deuda de los países más vulnerables provocaron fuertes turbulencias en los mercados financieros.

La frase con la que aseguró que el organismo no estaba allí para reducir las diferencias entre las primas de riesgo generó inquietud, especialmente en Italia. Los inversores interpretaron sus palabras como una señal de que el banco central no garantizaría el respaldo necesario para contener la presión sobre la deuda pública. Horas después, Lagarde tuvo que matizar su mensaje.

Aquella experiencia modificó su relación con la comunicación pública. Desde entonces, sus intervenciones han estado mucho más medidas, consciente de que una declaración de la presidencia del BCE puede alterar las expectativas de los mercados y afectar a millones de ciudadanos.

La pandemia fue solo el comienzo de una sucesión de desafíos. Después llegaron las tensiones energéticas provocadas por Rusia, la invasión de Ucrania y una escalada inflacionista que obligó a revisar las previsiones económicas. El BCE tardó en iniciar las subidas de tipos de interés, al considerar inicialmente que el incremento de los precios sería transitorio. Cuando finalmente actuó, tuvo que aplicar un endurecimiento monetario especialmente acelerado.

La inflación llegó a superar el 10% y se mantuvo por encima del 5% hasta después del verano de 2023. Para los hogares, aquello se tradujo en pérdida de poder adquisitivo, hipotecas más caras y mayores dificultades para afrontar los gastos cotidianos. Para Lagarde, fue uno de los episodios más cuestionados de su mandato.

El legado de Lagarde y las incógnitas sobre su futuro

La presidenta del BCE tampoco se marcha en un escenario de tranquilidad internacional. Las tensiones comerciales impulsadas por Donald Trump, el encarecimiento del petróleo tras el ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán y la incertidumbre política y financiera de Francia han añadido presión a una institución que debe mantener el equilibrio entre controlar los precios y evitar un deterioro excesivo de la actividad económica.

Su salida anticipada, además, abre interrogantes sobre el próximo destino profesional de una figura que todavía parece tener asuntos pendientes en la esfera pública. Entre las posibilidades que han circulado figura la presidencia del Foro Económico Mundial, organizador de la reunión anual de Davos, aunque también se ha especulado con un eventual regreso a la política francesa.

Lagarde ha explicado que quiere recuperar la libertad para pronunciarse sobre cuestiones que van más allá de la política monetaria. La obligación de neutralidad que exige la independencia del BCE, sostiene, limita su capacidad para intervenir en debates que considera importantes.

A principios de 2027 también tiene previsto publicar sus memorias, un libro dirigido especialmente a las mujeres jóvenes que aspiran a desarrollar una carrera profesional sin proceder de familias privilegiadas.

Su legado, por tanto, no se limita a las decisiones sobre los tipos de interés o a la gestión de las crisis económicas. Lagarde ha demostrado que es posible alcanzar la cúspide de las finanzas internacionales sin seguir el itinerario tradicional de las élites europeas. Su mandato deja errores, decisiones discutidas y una institución obligada a adaptarse a un mundo cada vez más imprevisible. Pero también consolida una forma de liderazgo que ha preferido la negociación y la influencia discreta a las grandes declaraciones. @mundiario

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