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Mundiario 30 Oct, 2026 13:14 (4 min de lectura)
Observatorio Neutral

Más de 100.000 especies están en el mercado: el comercio de vida silvestre alcanza cifras inesperadas

Más de 100.000 especies están en el mercado: el comercio de vida silvestre alcanza cifras inesperadas
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Estudio en Science Advances identifica más de 107.000 especies comercializadas globalmente.
• Las plantas dominan el mercado, seguidas por aves e invertebrados.
• Se comercian anualmente 37 millones de caballitos de mar.

La presión comercial sobre la biodiversidad tiene una dimensión que hasta ahora había pasado inadvertida. No se trata únicamente de redes clandestinas que capturan elefantes, rinocerontes o tigres. Detrás de ese imaginario existe una economía internacional mucho más extensa, que incluye desde plantas ornamentales hasta pequeños invertebrados y especies marinas. Un estudio publicado en Science Advances ha identificado 107.356 especies sometidas al comercio mundial, más del doble de las estimaciones que se manejaban anteriormente.

El dato obliga a replantear cómo se entiende la protección de la naturaleza. El problema no reside exclusivamente en los delitos contra especies emblemáticas, sino también en un sistema comercial que puede ejercer una presión constante sobre miles de poblaciones animales y vegetales.

Uno de los aspectos más reveladores de la investigación es que la mayor parte de las especies comercializadas no son animales, sino plantas. Las orquídeas representan una proporción especialmente elevada dentro de este mercado, pese a que su cultivo está ampliamente extendido y existen alternativas comerciales a la extracción de ejemplares silvestres.

En el reino animal también hay sorpresas. Mariposas, arañas y otros invertebrados forman parte de un negocio internacional que conecta territorios con una elevada biodiversidad con consumidores de países desarrollados. Las aves constituyen otro grupo especialmente afectado: aproximadamente el 65% de las especies conocidas aparece en los circuitos comerciales, ya sea por su carne, sus plumas o su utilización como animales de compañía.

Los peces tampoco escapan a esta dinámica. La comercialización de 37 millones de caballitos de mar cada año demuestra la intensidad de una explotación que resulta especialmente preocupante cuando afecta a poblaciones sometidas a restricciones comerciales.

El problema no es solamente el tráfico ilegal

La investigación introduce una distinción fundamental: comercio de vida silvestre y tráfico ilegal no son conceptos equivalentes. De hecho, las operaciones clandestinas representan una parte reducida del volumen total, mientras que una proporción importante de las transacciones se desarrolla dentro de circuitos legales.

Esto no significa que el comercio autorizado sea necesariamente inocuo. Una actividad puede cumplir los requisitos administrativos y, aun así, resultar perjudicial si las capturas superan la capacidad de recuperación de las poblaciones naturales. La legalidad, por tanto, no debería confundirse automáticamente con sostenibilidad.

El estudio también evidencia las limitaciones de los sistemas internacionales de vigilancia. Los investigadores han combinado registros de distintas organizaciones y bases de datos, entre ellas CITES y el sistema estadounidense LEMIS. Sin embargo, la ausencia de información homogénea en numerosas regiones impide conocer con precisión el alcance completo del fenómeno.

Esta falta de transparencia dificulta establecer controles eficaces y detectar a tiempo cuándo una especie empieza a sufrir una presión incompatible con su supervivencia.

La biodiversidad necesita controles antes de llegar al límite

Las consecuencias de una explotación descontrolada pueden ser irreversibles. Una revisión científica publicada en 2023 relacionó el comercio internacional con la desaparición de cerca de 300 especies y con situaciones próximas a la extinción en otras tantas.

Por eso, la respuesta no puede limitarse a perseguir a quienes operan al margen de la ley. También resulta imprescindible revisar las cuotas de extracción, mejorar la trazabilidad de los productos y supervisar periódicamente las poblaciones de las que depende el mercado.

El comercio sostenible puede proporcionar ingresos a comunidades locales y generar incentivos para conservar determinados ecosistemas. Pero ese argumento solo tiene sentido cuando existen garantías científicas de que la actividad no compromete la continuidad de las especies.

La advertencia de fondo es clara: no podemos proteger aquello que ni siquiera sabemos que estamos explotando. Con más de 100.000 especies implicadas, conocer el alcance del negocio constituye ya una condición indispensable para evitar que la demanda internacional termine convirtiéndose en una amenaza permanente para la biodiversidad. @mundiario

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