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Mundiario 31 Oct, 2026 19:44 (6 min de lectura)
Riesgo / Alerta

La IA sustituye trabajadores, pero ¿quién responde cuando se equivoca?

La IA sustituye trabajadores, pero ¿quién responde cuando se equivoca?
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Las empresas aceleran despidos para apostar por la IA, pero pierden talento clave.
• Errores de automatización generan costes ocultos y deterioro en la experiencia del cliente.
• Gartner prevé que el 50% de las compañías volverán a contratar tras reducir plantilla por IA.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una herramienta complementaria para convertirse en una nueva forma de reorganizar las empresas. Puestos que hace apenas tres años eran considerados imprescindibles hoy se reducen, se fusionan o directamente desaparecen bajo la promesa de que un algoritmo puede realizar el mismo trabajo en menos tiempo y a menor coste.

Atención al cliente, programación, diseño, marketing, administración y creación de contenidos figuran entre las actividades más expuestas. La paradoja es que muchas organizaciones están eliminando profesionales experimentados antes de comprobar si la tecnología puede sustituir realmente su conocimiento, criterio y capacidad de resolver problemas.

Despedir primero y comprobar después: el riesgo de automatizar sin estrategia

Los casos de grandes compañías tecnológicas reflejan hasta qué punto ha avanzado esta tendencia. Salesforce ha reducido considerablemente su plantilla de atención al cliente, mientras Amazon ha anunciado importantes recortes corporativos en un contexto de reorganización y mayor adopción de inteligencia artificial. Sin embargo, no todos estos despidos pueden atribuirse exclusivamente a la automatización: también influyen los costes, la reestructuración empresarial y las condiciones económicas. El problema aparece cuando la expectativa de lo que la IA podrá hacer mañana se utiliza para justificar la eliminación de puestos que todavía cumplen funciones esenciales.

La experiencia de Klarna ofrece una advertencia especialmente significativa. La empresa financiera apostó por automatizar gran parte de su atención al cliente, pero posteriormente retomó la contratación de personal tras reconocer las limitaciones de una estrategia excesivamente dependiente de los sistemas automatizados. La consultora Gartner prevé que, para 2027, la mitad de las compañías que reduzcan plantilla atribuyendo la decisión a la IA volverán a contratar trabajadores para funciones similares. No significa que la automatización haya fracasado, sino que reducir gastos de personal no equivale necesariamente a mejorar la calidad ni la eficiencia del negocio.

Cuando la eficiencia tecnológica termina perjudicando al cliente

El principal error de determinadas estrategias empresariales consiste en confundir velocidad con calidad. Una inteligencia artificial puede responder cientos de consultas, generar informes o producir contenido en cuestión de segundos, pero también puede inventar información, interpretar mal instrucciones, cometer errores de programación o reproducir decisiones equivocadas a gran escala. Cuando desaparecen los profesionales encargados de supervisar estos procesos, los fallos dejan de ser simples incidencias técnicas y pueden convertirse en pérdidas económicas, reclamaciones, problemas reputacionales y deterioro de la experiencia del cliente. Lo que parecía un ahorro termina generando nuevos costes que no siempre aparecen en los presupuestos iniciales.

Además, las empresas corren el riesgo de perder algo que ningún sistema puede recuperar inmediatamente: el conocimiento acumulado por sus trabajadores. Un empleado con años de experiencia no solo ejecuta tareas; comprende el comportamiento de los clientes, identifica problemas antes de que se agraven, interpreta situaciones excepcionales y sostiene relaciones internas fundamentales para el funcionamiento de la organización. Cuando una compañía despide a estos profesionales sin conservar ni transferir ese conocimiento, también debilita su capacidad para gestionar imprevistos. Una empresa puede automatizar procesos, pero no debería automatizar su responsabilidad sobre los resultados.

El mercado laboral cambia: menos oportunidades para quienes empiezan

El impacto comienza a sentirse especialmente entre los profesionales jóvenes. Un estudio de la Universidad de Stanford, actualizado en agosto de 2026, revela que el empleo de trabajadores de entre 22 y 25 años en ocupaciones muy expuestas a la inteligencia artificial se sitúa un 19 % por debajo de la trayectoria que habría seguido si hubiera evolucionado al ritmo de empleos menos expuestos. Los investigadores no encontraron pruebas de una destrucción generalizada de puestos en toda la economía, pero sí observaron una reducción relativa de las contrataciones de jóvenes. El fenómeno plantea una contradicción preocupante: las empresas buscan profesionales con experiencia, mientras eliminan parte de los puestos que tradicionalmente permitían adquirirla.

La transformación también modifica los procesos de selección. Cada vez más organizaciones buscan candidatos capaces de trabajar con herramientas de inteligencia artificial, supervisar sus resultados y asumir responsabilidades que anteriormente estaban distribuidas entre varios empleados. Esto puede aumentar la productividad, pero también intensificar las exigencias laborales. Si una empresa espera que una sola persona haga el trabajo de tres gracias a la tecnología, sin revisar sus condiciones ni reconocer las nuevas responsabilidades, la automatización puede convertirse en una forma de sobrecarga. A largo plazo, el riesgo es construir organizaciones con menos oportunidades de aprendizaje, mayor dependencia tecnológica y una brecha creciente entre trabajadores altamente cualificados y quienes intentan acceder al mercado.

¿Qué ocurrirá si las empresas continúan sustituyendo talento por algoritmos?

Si esta tendencia se intensifica, el mercado laboral podría experimentar una transformación profunda durante los próximos años. Las tareas repetitivas seguirán siendo candidatas a la automatización, mientras aumentará el valor de competencias como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la creatividad, la comunicación y la supervisión tecnológica. También podrían surgir nuevas profesiones, pero su aparición no garantiza que las personas desplazadas puedan acceder a ellas sin formación ni apoyo. Existe además una consecuencia económica que merece atención: si los beneficios de productividad se concentran en un número reducido de empresas y los salarios pierden peso, el crecimiento tecnológico podría convivir con una demanda de consumo más débil y mayores desigualdades sociales.

La inteligencia artificial no debería convertirse en una excusa para considerar prescindible a cualquier trabajador cuyo trabajo pueda automatizarse parcialmente. La verdadera innovación consiste en utilizar la tecnología para mejorar los resultados, ampliar capacidades y generar oportunidades, no simplemente en reducir nóminas. Las empresas que mantengan profesionales capaces de cuestionar decisiones, corregir errores y aportar criterio estarán mejor preparadas para aprovechar sus ventajas. El futuro del empleo no depende únicamente de lo que las máquinas sean capaces de hacer, sino de las decisiones que adoptemos sobre el lugar que queremos reservar a las personas. Porque una organización puede funcionar con menos empleados, pero eso no significa necesariamente que funcione mejor. @mundiario